El verdadero hombre de las cavernas

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En De vuelta a las cavernas ya empecé a despejar dudas en cuanto a mis intenciones. En muchos de los artículos de este blog no voy a proponer regresar literalmente a las cavernas, pero sí replantearnos nuestro estilo de vida, alimentación y actividad física con tal de parecernos más al hombre de las cavernas, un individuo que gozaba de una salud y bienestar envidiables, sobre todo comparados con los que tenemos hoy en día.

Antes de seguir quiero matizar algo muy relacionado con dos de los conceptos clave para comprender la naturaleza humana, la coherencia natural y la perspectiva temporal. No es que debamos cambiar y copiar la vida de nuestros ancestros. Sólo han pasado 10.000 años desde la revolución agrícola, nuestro gran error -aunque no todo lo que ha traído ha sido negativo-, y ese periodo de tiempo tan corto no es suficiente ni mucho menos para provocar un cambio evolutivo importante. Sin embargo, nuestra vida ha cambiado más en los últimos 10.000 años que en los 2,5 millones de años anteriores, lo que se está traduciendo en enfermedad, problemas de salud, déficit de bienestar y tendencia a la infelicidad.

Hoy día, la distancia entre lo que hacemos y lo que realmente somos es tan grande… Porque la realidad es que, biológicamente hablando, somos casi calcados al hombre del Paleolítico. Entonces no se trata de cambiar nuestra naturaleza actual, la cual de natural tiene poco. Al contrario, se trata de ser fiel a nuestra naturaleza real, a ese sentido común natural, y de esa forma recuperar la salud y el bienestar.

Nuestra educación y el entorno que nos rodea no ayudan en nada a sentir y percibir esa realidad. Estamos intoxicados de información, vivimos en la confusión, dispersos y distraidos, y hemos perdido la conciencia de lo que realmente somos. Afortunadamente para los que queremos recuperar el bienestar cavernícola, hoy día contamos con el estudio de nuestros antropólogos, el cual nos brinda la posibilidad de conocer cómo eran nuestros antepasados, qué hacían, qué comían, cómo y cuánto se movían, etc. leer más »

Escucha tu cuerpo, por un bienestar cavernícola. Olvídate de objetivos y resultados, y disfruta de las consecuencias.

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Antropología, biología, historia y perspectiva temporal

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Como pudiste adivinar al leer Esperanza de vida y longevidad potencial, si quieres conocerte a ti mismo como ser humano, comprender cuál es tu situación actual y, desde ese punto de partida, decidir hacia donde quieres ir, primero necesitas saber de dónde vienes. Es la hora de conocer tu prehistoria.

Durante los próximos días echaremos la vista atrás. Ha llegado el momento de descubrir quienes somos, y nuestras ayudantes serán la antropología, la biología y la historia. Hoy todavía no toca hablar de ninguna de ellas, pero sí de un concepto importantísimo para comprender la historia de la humanidad: la perspectiva temporal.

Como ya he dicho varias veces, nos han enseñado a pensar de manera analítica, en pequeño. La mayoría de nosotros, según nuestra esperanza de vida actual, tenemos en mente que más o menos viviremos unos 80 años, lo que visto desde el momento presente parece muchísimo tiempo. Y es cierto, teniendo como referencia la vida de una sola persona, 80 años es mucho tiempo.

Sin embargo, en estas próximas semanas, cuando hable del hombre no estaré refiriéndome a una vida de 80 años, sino a una vida de casi 3 millones de años, la vida de la humanidad. Será necesario ganar perspectiva y pensar a lo grande. Te transformo esos millones en ceros, para que quede más claro: 3.000.000 de años ;-)

Para comprender algunas de las cosas que voy a explicar, sin dejar a un lado esa perspectiva temporal, deberemos tener en cuenta tres puntos de vista: leer más »

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El mejor sentido común: la coherencia natural

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La coherencia natural es una constante, nuestra guía. No dejo de insistir en ello. Desde hace relativamente poco tiempo, hace apenas unos siglos, el hombre se ha colocado por encima de todo, incluso de Dios o del Universo -en realidad da igual el nombre que le pongamos-. Sin embargo, a pesar de que a muchos ya les gustaría, afortunadamente todavía está muy lejos el día en que sea el hombre quien dictamine las normas. Esa no es su tarea. Esa labor ya tiene dueño: la naturaleza -por supuesto, sin olvidar que el hombre también forma parte de ella-.

No renegaré de los avances tecnológicos que la sociedad occidental, analítica, ha conseguido. Todo ocurre por un motivo, y si éste era el rumbo que una parte de la humanidad tenía que seguir, bienvenido sea. Hay cosas buenas y cosas no tan buenas. Aprovechemos las primeras y corrijamos las segundas, pero no sigamos tropezando con la misma piedra una y otra vez. A eso se le llama aprender.

Una de las cosas que parecemos estar aprendiendo es que el análisis nos hace perder cierta perspectiva y globalidad, características de otras culturas más orientales. En el ámbito de la salud, la medicina tradicional china o la Ayurveda hindú se han basado más en el diagnóstico y tratamiento global de los desequilibrios del ser humano, tomando como principio fundamental la observación de la naturaleza. Por fin, hoy día nuestra medicina, hasta ahora hermética, está teniendo en cuenta la utilidad y eficiencia de dichas prácticas y disciplinas -que curiosamente ya habían existido aquí, como las que practicaban los curanderos y alquimistas-. leer más »

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Esperanza de vida y longevidad potencial

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Hago un breve inciso en esta historia del Bienestar Cavernícola porque, precisamente justo antes de presentarte al verdadero hombre de las cavernas y hablar un poco sobre antropología, necesito que un par de conceptos queden claros. Estos son:

  1. Esperanza de vida: edad promedio de muerte de una población. Es decir, la media de todas las edades de muerte.
  2. Longevidad potencial: edad que puede alcanzar a vivir un individuo en condiciones naturales.

Es importante comprender la diferencia entre ambas referencias, ya que especialmente la primera, la esperanza de vida, puede llevar a confusión.

Por ejemplo, podríamos tomar una población que tuviera un alto índice de mortalidad infantil, lo que conllevaría que la mayoría de individuos no superasen los 5 años, a la vez que la mayoría de los individuos que alcanzaran la edad adulta llegasen a vivir hasta 60 años. No sería de extrañar que al calcular la esperanza de vida de dicha población el resultado pudiera rondar los 30 años, aunque lógicamente eso no significaría que los individuos de esa población se estén muriendo con 30 años. Es sólo una media.

En cambio, la longevidad potencial es la edad máxima que alcanzan la mayoría de individuos de una población dentro de unas condiciones naturales normales, es decir, exceptuando epidemias, conflictos bélicos, accidentes, etc.

Por ejemplo, hoy día la esperanza de vida en España ronda los 82 años, aunque la longevidad potencial de sus ciudadanos haya alcanzado los 90, en este caso principalmente debido a la baja mortalidad infantil.

No quería, pero algo me invita a hacerlo. Sólo lo diré, y lo explicaré otro día.

Lo que nos enseñaron en la escuela no era del todo cierto, o como mínimo faltaba algo de información.

Los antropólogos y paleontólogos han descubierto que los cavernícolas del Paleolítico no se morían con 30 años, aunque sí tenían una esperanza de vida de entre 30 y 35 años. La longevidad potencial de un hombre de las cavernas alcanzaba los 70 años. Otra cosa es que no todas las “crías” superasen los primeros años de vida, al igual que en el caso de contraer una enfermedad vírica, sufrir un accidente o ser cazado por un depredador, el final solía ser el mismo independientemente de la edad: la muerte.

Pero el dato clave es ése: los cavernícolas alcanzaban los 70 años. ¡Y comiendo carne! ;-)

Y uno más. Cuando llegó la agricultura, y con ella una dieta rica en cereales y una vida más sedentaria, la longevidad potencial disminuyó considerablemente.

Como mínimo curioso…

Ahí queda eso ;-)

Puedes escuchar esta entrada en mi Podcast utilizando el reproductor de iVoox:

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Recuperar la inocencia, también en el movimiento

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Da igual donde mires. Filósofos, psicólogos, líderes espirituales,… en cierto sentido todos acaban coincidiendo en la misma idea. Para llevar una vida plena, uno haría bien en desaprender, y una vez nos hemos desprendido de toda una serie de creencias y normas que nos limitan y privan de libertad, mantenernos vacíos y no aferrarnos a nada, fluyendo en el asombro y disfrutando de la incertidumbre del día a día.

Algo así como volver a ser niños. Es a esa temprana edad cuando todavía no hay creencias, no existen normas -aunque los adultos intenten imponerlas-, y por tanto tampoco hay muchas limitaciones. Un niño vive inocente y asombrado, sólo piensa y siente el presente, y la mayor parte del tiempo sólo hace una cosa: jugar. Por eso puede crear la realidad que quiera en cualquier momento. Por eso sonríe más de 400 veces al día, mientras el 30% de los adultos no sonríen más de 20 y el 14% no superan las 5 (The power of smiling, Ron Gutman TED 2011). Un niño es libre y, en consecuencia, feliz.

Sucede lo mismo con nuestro bienestar físico, y en especial con el movimiento. leer más »

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