Las células saben qué hora es sin necesidad de reloj

Es algo que ya sabemos desde hace tiempo, de ahí la recomendación ya cansina de sincronizar nuestra vida con el ritmo circadiano, tanto en el día a día como en ciclo anual –adecuándonos a las oscilaciones estacionales horarias de luz y oscuridad.

¿Y por qué insistir?

Porque es normal que si lo dice un don nadie, es decir, yo, no hagas mucho caso.

Ahora bien, deberíamos empezar a tomárnoslo más en serio si es Salvador Aznar quien lo dice, Doctor en Bioquímica e investigador principal responsable del Laboratorio de Células Madre y Cáncer del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, y reciente ganador del IX Premio Banco Sabadell a la investigación biomédica.

He aquí una breve entrevista a Aznar, quien explica de una forma clara y práctica qué ocurre cuando nuestras células –es decir, todo nuestro organismo, nosotros mismos– se ven expuestas a una incoherencia circadiana constante.

Algunas perlas:

  • Las células madre tienen una idea de qué hora es gracias a un reloj biológico muy preciso que se regula de forma natural a través de la luz y la oscuridad, el día y la noche.
  • Si cambiamos ese ritmo biológico, incrementamos el riesgo de generar mutaciones nocivas.
  • Todo organismo en el planeta tiene la necesidad de saber qué hora es de forma natural.
  • Las células, hoy día, viven en constante jet lag.
  • Alterar los biorritmos circadianos de las células madre incrementa muchísimo la posibilidad de desarrollar cáncer y otras enfermedades.

Os dejo el enlace a la entrevista. Insertar el vídeo me ha sido imposible. Como siempre, vale la pena invertir cinco minutitos en escuchar a sabios de verdad. Aunque 8tv y el enlace sean en catalán, la entrevista es en español.

http://www.8tv.cat/8aldia/videos/salvador-aznar-lorganisme-ha-de-saber-quina-hora-es/


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Curso de Método Natural en Octubre

(Modo anuncio)

Ya tenemos fecha para el próximo Curso de Iniciación al Método Natural. Será en Barcelona el sábado 4 de octubre de 9:00 a 16:30 –con parada de media hora, sobre las 12:30, para comer algo.

En qué consiste

Este curso de 7 horas te ofrece la posibilidad de conocer las bases del Método Natural de Ejercicio Físico, especialmente en lo que se refiere a la práctica de los ejercicios utilitarios indispensables.

En el primer bloque del curso –antes de la comida– desarrollaremos el trabajo de movilidad en suelo y las familias de caminata, equilibrio, gateo y salto. El segundo bloque, después de la comida, lo dedicaremos a la carrera, las cargas, algunos juegos grupales y las trepas, para finalizar con una aplicación práctica de plateau, en el que integraremos todas las familias de ejercicios utilitarios indispensables.

A partir de este curso puedes optar por desarrollar el método tú solo, como complemento de otras actividades físicas que practiques, así como apuntarte gratuitamente al Grupo de Método Natural de Barcelona o profundizar en algún aspecto contratando mis servicios de Entrenamiento Personal.

El curso se realiza en Barcelona, en diferentes parques, jardines y zonas lúdicas del frente marítimo. En el email de confirmación de inscripción informo sobre el punto de encuentro exacto.

Si quieres hacerte una idea de lo que hacemos en el curso, puedes echarle un vistazo a uno de los vídeos enlazados más abajo.

Precio

El Curso de Iniciación al Método Natural de Ejercicio Físico tiene un precio de 70 € a abonar vía transferencia bancaria con un mínimo de tres días de antelación al curso. Debes saber que el curso es requisito indispensable para poder formar parte del Grupo de Método Natural de Barcelona y asistir a sus sesiones de movimiento/entrenamiento.

Además, por cada acompañante que traigas al curso tendrás un descuento de 10 € en tu precio.

Más información

Con tal de ofrecer un curso de calidad, éste tiene un límite máximo de 10 asistentes. Te recomiendo no tardar mucho en inscribirte, porque ya hay algunas plazas reservadas y más personas esperando desde hace algún tiempo.

Para más consultas e inscripciones, contacta conmigo en: robert.sancheze(arroba)gmail.com

Un ejemplo de lo que hacemos (cortesía de Roberto Trepat)


 

Un ejemplo de Plateau (cortesía de Álex Casas)




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La vida es el resultado de tus mantras (inconscientes)

Uuuuhhh… ¿Mantras? Qué místico, ¿no?

Pues no. Puede que hasta hace un tiempo la palabra mantra sólo se relacionara con la religión, ya que los mantras no dejan de ser oraciones repetitivas. Pero hoy ya no. Nuestro cerebro está plagado de mantras, sentencias que nos repetimos todos los días sin que nos demos cuenta.

Yo, básicamente, he conocido la teoría gracias a dos neurólogos, Arturo Goicoechea y Paco Traver; recomiendo echar un vistazo a sus blogs y libros. Si no, hay vasta literatura sobre neuropsicología a consultar.

Por otro lado, la parte práctica de todo esto sólo se puede aprender de un modo: practicando. Y en realidad nunca acabas. La meditación mántrica es un viaje sólo de ida, sin retorno.

Ahí va un resumen…

¿Esos mantras determinan tu vida? Claro que sí. Uno tiene la ilusión del control, de la voluntad, de la libertad, pero las infinitas decisiones que tomamos inconscientemente, mucho antes de pensar que las tomamos, son el resultado automático de esos mantras tatuados en nuestro cerebro –o eso he leído repetitivamente, mántricamente.

Pensando acerca de la ley de conservación de energía a la que tanto recurro al hablar de movimiento natural, es lógico que el cerebro funcione así. ¿Te imaginas lo demandante que sería, energéticamente hablando, evaluar conscientemente la gran multitud de situaciones en las que nos encontramos cada día? Y más cuando hemos creado una cultura que refuerza la conducta insconsciente, el piloto automático, la vida zombi, a través de la educación de la obediencia y el maquinismo humano –como recuerda Sir Ken Robinson, sistema educativo fundamentado en un contexto preindustrial, desde hace más de doscientos años. Para saber más acerca de todos estos automatismos aconsejo leer la obra maestra Por qué las cebras no tienen úlcera, de Robert Sapolsky.

LA EDUCACIÓN MÁNTRICA

Los mantras más potentes, los que más peso ejercen en nuestras vidas, son los inculcados durante nuestra infancia, incluso desde antes de nuestro nacimiento, ya en la placenta de mamá –algo que tiene mucho que ver con el estilo de vida de nuestra madre, que programa la microbiota de nuestro segundo cerebro, el intestino, quien trabajará codo con codo con los mantras que se alojan en el primer cerebro.

Todas las verdades, creencias, juicios, dogmas y reacciones automáticas a todos ellos que recibimos de forma repetitiva mientras somos niños, cuando nuestro cerebro es una esponja y se desarrolla a una velocidad vertiginosa, formarán esos mantras.

Así, si mamá dice constantemente que Pepito es muy tímido, o un trasto, Pepito seguramente será toda la vida muy tímido, o un trasto –hasta el final de sus días. Si nos enseñan que los niños grandes no lloran, nosotros de grandes no lloramos, reprimiendo nuestras emociones –ya petaremos por algún sitio. Y si cada vez que nos inquietamos nos dan una galletita para que nos calmemos, cuando seamos adultos tenemos muchas papeletas de convertirnos en comedores compulsivos.

REPROGRAMACIÓN Y REFUERZO MÁNTRICO

Pero eso no es todo. Durante nuestra adolescencia, e incluso ya en la edad adulta, nuestro cerebro sigue siendo plástico, es decir, cambiante. No tan flexible como el de un niño, que viene casi vacío –porque no viene vacío del todo, que la genética también tiene algo que decir–, pero sí modificable.

La formación que recibimos, la información que consumimos, nuestras relaciones sociales, la publicidad, etc. siguen reforzando los mantras adquiridos o forjando algunos nuevos.

De hecho mamá nunca me inculcó que sin Internet no se puede vivir; sin embargo, hoy es algo que se repite incesante e inconscientemente en mi mente y que yo creo firmemente. Es más, a mí no me apetece nada gastarme el sueldo de un año en un maldito viaje de novios pero… ¿todo el mundo lo hace, no? ¿Magia?

NIVELES BÁSICOS DE INFLUENCIA MÁNTRICA

Todos esos mantras determinan, fundamentalmente, tres niveles del yo:

1. Lo que tú eres. Es decir, cómo te ves en el mundo. Son etiquetas y juicios que te repites una y otra vez, sin saber siquiera si esencialmente son “tuyas”, o si esa etiqueta te la puso alguna otra persona, por ejemplo papá, y tú simplemente la tomaste y te agarraste fuertemente a ella para reforzar su juicio, teóricamente el buen juicio, y así asegurarte su aprobación y cariño. Si papá repetía que eres un desastre, serlo es bueno, él manda, tú quieres que te quiera, obedeces; eres un desastre.

No vayamos a crucificar a los padres que, aunque generalmente son la primera fuente de influencia, no son la única. Si nos crió la abuela, nuestro hermano o una vecina, sus discursos también se formalizarán en mantras, así como, por supuesto, lo que nos repetía nuestra señorita en la guardería y en los primeros años de escuela. A más repetición mayor influencia.

2. Lo que los demás son. Es decir, cómo ves el mundo. Son todos los prejuicios que tienes de los demás, de cómo son, de lo que dicen, de cómo visten, de lo que hacen.

Un buen ejercicio para darse cuenta de esto es escucharse atentamente al caminar por un centro comercial. Tu mente es una ametralladora de juicios hacia todo aquel que se cruza contigo.

Una vez más, la pregunta es: ¿esas etiquetas que tanto usas, son tuyas? ¿O alguien te las enseñó a base de repeticiones exhaustivas, mantras?

3. Lo que haces. Esto es, cómo relacionas los puntos 1 y 2, lo que tú eres y lo que los demás són, tú y el mundo, tu conducta.

Todas esas etiquetas y juicios hacia ti y los demás sólo tienen una razón de ser: generar relaciones, respuestas. Ahora bien, no hay respuesta sin mantra sobre esa respuesta. Una vez más, de alguna forma metódica y repetitiva se deben haber impreso en el cerebro todos esos automatismos, tales como “Tengo razón y lo dejo claro dando cuatro voces y un puñetazo en la mesa”, “Aquel lleva rastas; qué asco”, o “¿Cómo voy a crear mi propio negocio si soy un mindungui?”.

Además, otras manías y costumbres, e incluso el camino a seguir por la vida, también se han grabado en tu mente de forma mántrica.

Eso lo sabes bien si eres un maniático de la limpieza –¿quién lo era, mamá o papá? También si observas tu forma de resolver un conflicto social, por ejemplo, no estar de acuerdo con tu pareja. Por no decir ese destino predestinado que no te atreves a poner en duda jamás: escuela-buenas notas-universidad-diploma-trabajo-coche-boda-casa-hijos-pensión.

Todo son mantras.

LAS BUENAS NOTICIAS MÁNTRICAS, DONDE QUERÍA LLEGAR

Que tu vida, hasta justo este momento, haya estado determinada por infinitos mantras, no quiere decir que tu vida esté predestinada a seguir obedeciendo a esos mantras.

Dicen, aquellos neurólogos, que el cerebro sigue siendo plástico, ¿verdad? O sea, puede cambiar, ¿no es así?

¿A qué esperamos?

Si el cerebro, y nuestra personalidad y conducta, se han forjado a base de mantras y cambian a base de mantras, ¿por qué no utilizarlos a nuestro favor?

Gran parte de nuestro bienestar, de tu bienestar, va a depender de una sola decisión, esta vez sí, consciente: ¿vas a seguir siendo esclavo de tus viejos mantras, o tienes lo que hace falta tener para crear mantras nuevos?

Tú mueves, chaval.


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¿Cuál es la diferencia entre entrenamiento cruzado y Crossfit?

Finales de los 80. Yo tenía 8 ó 9 años. Tengo un recuerdo muy especial de mi primer monitor de gimnasio. Se llamaba Jesús y nos montaba unos circuitos chulísimos, con mil ejercicios, analíticos o globales, cada día diferentes. Daba clase de cualquier cosa en el Sport Iris, un pequeño gimnasio de barrio, de los que ya no quedan. No tengo ni idea del nombre de lo que hacíamos con él. Tampoco creo que sea muy importante. Me acuerdo de él. Estaba al día, no paraba de hacer cursos, era curioso e intentaba adaptarse al grupo. Un tipo de esos que dejan huella; ya han pasado casi treinta años. Qué recuerdos…

¿Cuál es la diferencia entre entrenamiento cruzado y Crossfit?

Pues la misma que entre aerobic y Zumba o Batuka.

O la misma que entre pedalear en una bici estática y Spinning o Energy Cycling.

O la misma que entre hebertismo y Animal Flow o Movnat.

O la misma que entre el método Pilates y Stott Pilates o Peak Pilates.

O la misma que entre entrenamiento interválico de alta intensidad y Freeletics o Insanity.

Lo primero es una idea, un concepto, una filosofía.

Lo segundo es una marca que intenta apropiarse de la idea, la desarrolla, la estructura, la matiza –para hacerla propia–, le da forma de producto y te cobra cada vez que usas su nombre. Ya sabemos que cuando algo se convierte en producto prima más la pasta que la idea.

No seré yo quien juzgue de lícita, coherente, correcta o moral la mercantilización de todas esas ideas –y sus consecuencias. Todos somos mayorcitos para saber lo que queremos, lo que hacemos y lo que escogemos.

Yo mismo enseño, entre otras cosas, el hebertismo del que hablaba, el método natural de Georges Hébert. No es idea mía, para nada. Investigué, lo estudié, lo practico a diario, me lo curro todo lo que puedo y cobro por mi trabajo, por enseñar hasta donde puedo enseñar. Con lo que enseño, desde el primer día, que cada uno haga lo que le dé la gana. ¿Afiliaciones, camisetas, certificaciones, niveles, patrocinios? He dicho que cobro por mi trabajo, no por ponerle un nombre, registrarlo y vender una marca.

Mi experiencia

Yo no quiero que recuerden mi marca –ni mi “marca personal”; ¿qué narices es eso?

Llevo unos doce años en esto. He perdido la cuenta de las marcas con las que me he relacionado, los cursos que he hecho, los seminarios a los que he asistido, y para la mayoría no recuerdo con exactitud cómo se hacían llamar. Tampoco sé dónde están los diplomas y certificados; supongo que en el altillo.

Más allá de sus “marcas”, sí recuerdo y no olvidaré jamás los nombres de mis mentores, profes, formadores y amigos que han tenido algo que compartir y enseñarme. Quim Llucià, Quico Iborra, Xavi Ramírez, Genís Caparrós, Montse Ascensión, Francesca García, Jordi Sagrera-Ferrándiz, Arseni Sánchez, Rocío Cárceles, Xavi Díaz, Hernán Silván, Pedro Marco, Toni Bové, Xavi Sancho, Joseph Bartz, Ernest Ventura, y muchos más que estuvieron o que están por llegar.

Yo quiero que me recuerden como yo les recuerdo a ellos.

Quiero que me recuerden como persona, no como marca.


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