No somos peces

- Doctor, doctor… me duele la espalda. – Apúntese a la piscina y vaya a nadar cada día.

No, no es el principio del típico chiste de “Doctor, doctor…”. Es una realidad diaria. Desde hace un tiempo parece ser que se ha puesto de moda entre los profesionales de la medicina la recomendación automática de practicar la natación para todo aquel que padezca algún problema/molestia/dolor de espalda. Pero, ¿es realmente lo más recomendable?

Para comenzar siendo positivos, ya es toda una sorpresa que te recomienden ir directo a la piscina y no a la farmacia. Por fin nos estamos dando cuenta de que la mejor manera de mejorar nuestro estado físico y prevenir posibles problemas futuros es la práctica de ejercicio. Y nadar es ejercicio, por supuesto. Pero cabe decir que no debe ser la base de nuestro plan de entrenamiento si lo que buscamos es  nuestra recuperación de un dolor de espalda. Veamos los motivos.

El hombre es un animal terrestre. Insisto, vive en la Tierra, en seco. Las condiciones físicas y mecánicas en la superfície terrestre son muy distintas a las del agua. La principal: la fuerza de la gravedad, fuerza presente en su totalidad cuando estamos en tierra, y mucho menor cuando nos sumergimos. Aún más cuando tenemos aire en nuestro interior, lo que nos empuja a la superfície, en contra de la propia gravedad. Todo ello hace que nuestro organismo esté diseñado para trabajar de forma eficiente en compañía de la gravedad. No sólo cuando nos movemos. Al respirar, el aire entra de arriba hacia abajo, igual que al comer y todo el proceso de digestión y excreción. Incluso el corazón está diseñado para trabajar a favor de la gravedad.

Centrándonos en el movimiento. ¿Te has fijado en qué posición te desplazas por tierra? Con el cuerpo en vertical. ¿Y en el agua? Totalmente al contrario, en horizontal. Así que la biomecánica de nuestro desplazamiento entre un medio y el otro cambia radicalmente. Cuando caminas, tu eje de carga (la columna vertebral) está situado en la misma dirección que la fuerza de la gravedad. Así que, si tu postura es correcta, el cuerpo prácticamente no tendrá que hacer ningún esfuerzo para mantenerse equilibrado. Por el contrario, cuando nadas todo cae… la cabeza se hunde, con lo que la musculatura del cuello se ve forzada a intentar mantenerla a ras del agua. O las piernas, que se van hacia el fondo. ¿Y el tronco? La parte superior flota, gracias al aire de los pulmones. Pero, ¿y la parte baja? Ahí están nuestras lumbares para sufrir lo que haga falta.

No soy un pez… No estoy hecho para moverme de esa manera y en poco tiempo mi musculatura se agotará, me encontraré incómodo, empezaré a nadar con una técnica bastante mediocre y compensaré todo este desastre biomecánico con gestos y posturas raras, respirando a destiempo y acelerando mi corazón de forma descontrolada. No creo que todo este esfuerzo sea lo más adecuado para ningún tipo de dolor de espalda.

¿Y una vez ya no duele? Ha quedado claro que nadar ejercita muchísimo la espalda. Ahora bien, tampoco nos interesa trabajarla únicamente nadando. Tenemos que acostumbrar a nuestros músculos a realizar los gestos y las fuerzas necesarias para sobrellevar una vida terrestre.

Con todo, no quiero decir que no debas nadar. Es muy sano y otra manera más de practicar ejercicio. Incluso te animo a introducir un par de días de natación en tu vida “deportiva”. Pero muy importante:

- No debe ser la base de tu entrenamiento. El ejercicio físico que realices debe ser funcional, es decir, que se asemeje mecánicamente a los movimientos y las posturas de tu vida cotidiana.

- Tu técnica debe ser especialmente buena. Recuerda que no eres un pez, no te mueves como un pez y nunca sabrás hacerlo como él, del mismo modo que un pez nunca sabrá caminar como tú. Si no sabes nadar bien, la natación puede ser más contraproducente que beneficiosa.

- Si finalmente te decides por la piscina, deja el nado clásico a un lado. Mucho mejor las actividades como aquagym, aquatono, aguas profundas,… en las que los ejercicios se realizan en vertical, como fuera del agua, y con mucha menos carga articular.

¿Te duele la espalda? No te tires directamente a la piscina. Yoga, Pilates, Tai-chi, escuela de espalda, musculación, corrección postural,… lo que sea, pero ¡fuera del agua!

Por cierto,  prometo que un día escribiré sobre los beneficios de la natación, que los hay  ;-)

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