Predisposición y genética… excusas

“Mi madre es la culpable… ella también tiene varices”. “Coma lo que coma, me engordo”.

Cuántas veces habré escuchado frases como éstas. Parece ser que ahora todo lo que soy es por mi predisposición genética a serlo. Si me engordo, es porque mi abuelo era gordo. Si tengo celulitis, es porque todas las mujeres de mi familia la padecen. Una forma elegante de echar balones fuera.

Todos nacemos con un genoma determinado, distinto al de todos los demás individuos de nuestra especie, lo cual nos hace únicos. No habrá nadie genéticamente igual a mí en todo el planeta. No analizaré cada uno de los aspectos en los que influye ese origen genético. Simplemente quiero hacerte ver que no por tener ese genoma tu vida está predestinada a ser de una manera, hagas lo que hagas. Realmente, si fuera así, sería una lástima ¿no?.

A pesar de que estamos constantemente bombardeados con descubrimientos de un gen que me predispondrá a padecer cáncer de próstata, a engordar con facilidad, a quedarme calvo,… también hay muchos otros estudios recientes que demuestran que nuestra vida no está tan influenciada por nuestro origen genético como por todos los aspectos del entorno que nos rodea desde el mismo momento de nuestra concepción. Os aseguro que no está muy lejos el día en que la Biología anuncie que Darwin estaba equivocado, y que el superviviente no es el que nace más fuerte, sino el que se hace más fuerte.

La predisposición genética de nuestro cuerpo es una realidad, pero no es algo no modificable. O como mínimo podemos mantener esas predisposiciones a raya. Mi estilo de vida, mi alimentación, mi estado emocional, el medio ambiente,… todos los factores a los que estoy expuesto en el día a día tienen mucha más influencia en el comportamiento de mi organismo que mi herencia genética. Así que no vale poner excusas.

Para entenderlo, aunque sea algo duro, te propongo un ejercicio. Visualiza en tu cabeza cualquiera de las terribles fotos que habrás visto alguna vez en la que aparece la familia más pobre de cualquier poblado del desierto de Etiopía. ¿Qué aspecto tienen? Nada que envidiar, claro está. Pero… ¿ves algún obeso? ¿Varices? ¿Celulitis? No lo creo. Por desgracia no tendrán mucho que llevarse a la boca, y para conseguir algo de agua seguramente caminarán unos cuantos kilómetros cada día. Pero según la teoría de la predisposición, eso da igual ¿no? ¿O es que en Etiopía no tienen el gen de “me engordo aunque coma sólo lechuga”?

Otro ejemplo extremo, pero ahora desde un punto de vista más envidiable. Selva amazónica, indígenas con lanza y taparrabos. ¿Y el Kleenex? ¡No me lo puedo creer! No tienen alergias, rinitis, conjuntivitis,… a pesar de que seguro que varios de ellos tienen el gen de “no voy a tu casa porque tienes gato y tengo alergia al pelo de animal”. Debe ser que el pelo de mono no acumula ácaros…

Así que no te escudes en tu “tendencia a…”. Tienes muchísimas herramientas para conseguir ser lo que quieras (vuelve a leer Somos lo que hacemos). Es cierto que eres, de origen, de una forma predeterminada. Pero te aseguro que puedes hacer muchas cosas para prevenir o mejorar. ¿Tienes tendencia a engordar? ¿Celulitis? ¿Mala circulación? Es hora de cuidar tu alimentación y practicar algo de ejercicio. No caigas en las prisas, y no pretendas que algo que te ha costado años  de “no hacer nada” desaparezca en dos días. Sé constante y el cuerpo responderá.

Uno no nace; se hace.

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