Ordenadores en las aulas, ¡qué miedo!

Érase una vez un niño pegado a un portátil 24 horas al día…

Ya hace algunas semanas, apoltronado en mi sofá atento a lo que pasa en el mundo mediante el Telenotíces vespre de TV3, una noticia me hace saltar de un bote en medio del comedor. Miro a mi pareja, acostumbrada a estos arranques míos, y le suelto: “¡Cariño! ¡¡Voy a tener trabajo tooooda la vida!!”.

Acababan de anunciar una prueba piloto del Departament d’Educació de la Generalitat de Catalunya que consistía en facilitar un ordenador portátil para cada alumno de quinto de primaria (niños de nueve y diez años) durante todo este curso escolar en un colegio de Manresa (si no recuerdo mal).

Una de mis peores pesadillas. Un plano general de la clase mostraba a cada uno de los niños trabajando con su ordenador personal mientras la profesora impartía la lección con su pizarra táctil. De momento no da mucho miedo ¿no? Ahora, fijándote bien, podías ver alguna estampa que empezaba a ser preocupante. Un niño con los hombros totalmente encogidos, otro sentado como si estuviera en el sillón de su casa, un tercero con la nariz pegada a la pantalla,…

Más tarde, los niños salían al recreo. La situación empeoraba. La gran mayoría de ellos sentados. En las escaleras, en el suelo, en una fuente,… pero sentados. Pegados a su portátil. Casi ninguno jugaba, desde el punto de vista físico claro. Siempre nos queda el Solitario Spider. Ahora que escribo solitario. ¡No hablaban! Cada uno de ellos estaba tan absorto en su pantalla que ya ni debatían sobre el último capítulo de “Bola de Drac” (un guiño para los de mi generación).

Por un lado pienso en la postura. Probablemente algunos de esos niños ya tengan una mala higiene postural, y tampoco podemos pretender que el profesor añada a sus múltiples tareas el estar al tanto del correcto posicionamiento de cada uno de sus alumnos, aunque estoy convencido de que muchos lo hacen. Ahora bien, no podemos negar que el ordenador no es nuestro mejor amigo en cuanto a postura se refiere. Es más, siempre nos invita a sentarnos mal…

¿Y el sedentarismo? Sólo faltaba que de las siete u ocho horas que pasa el niño en la escuela sentado, el único momento del día escolar que tiene para moverse también lo aproveche, mejor dicho desaproveche, para seguir con el culo pegado al suelo toqueteando un ordenador.

A parte del problema sociocomunicativo. No es mi especialidad, pero no creo que enchufar un niño a una máquina, aislándolo del resto de los niños a su vez también aislados, sea lo más conveniente para la educación social y comunicativa de nuestro futuro.

Ya somos muchos los que, siendo adultos, nos quejamos de dolor de cabeza, picor de ojos, molestias en la espalda… después de toda una jornada de trabajo (y otros quehaceres) delante del PC. Y no podemos ponernos una venda en los ojos o un freno en nuestra evolución despreciando todas las prestaciones y ventajas que nos ofrecen las TIC (tecnologías de la información y la comunicación). Nuestro hijos (aunque aún no soy padre) deben conocerlas y utilizarlas, pero con moderación. Para eso supongo que existe la asignatura de Informática, y no está mal que de vez en cuando se recurra al ordenador para trabajar sobre cualquier otra asignatura. Incluso en Educación Física, enseñando al alumno a como debe sentarse delante del ordenador, ir cambiando de posición, descansar cada hora,…

Pero por favor, criterio. Si somos los primeros en padecer lo que es pasar ocho o diez horas con las manos en el teclado y lo venimos haciendo como muy pronto desde los veintipocos, ¿queremos que nuestros hijos lo hagan desde los diez? ¡Yo no quiero! Quiero que sepa escribir con un lápiz, quiero que se siente bien, quiero ahorrarle una muy probable miopía, quiero que juegue en el patio y sude y se canse y siga jugando, quiero que hable con sus amigos,…

Volviendo al “¡Cariño! ¡¡Voy a tener trabajo tooooda la vida!!”, espero que sea verdad. Pero espero que no sea porque esta prueba piloto haya salido bien. Apoyo las aulas móviles y el uso de las TIC en el colegio. Pero rechazo su invasión, y menos usándola como excusa de mejoras en la eficacia de la enseñanza o en la motivación.

¿Para cuándo una hora de educación física diaria en la escuela? Sin añadir más horas en el colegio, claro. ¿Para cuándo clases de 16-18 alumnos? Eso sí sería eficaz. ¿Para cuándo no exprimir tanto a un niño en lo intelectual y crearle hábitos más físicos? ¿Para cuándo más calidad que cantidad?

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