Circulación sanguínea, fuente de vida

¿Sabías que muchos de los dolores que puedes padecer están relacionados de algún modo con un desequilibrio circulatorio, sea por exceso o defecto de circulación sanguínea? Veamos como mantener el equilibrio.

Y es que, aunque la mayoría de veces este desequilibrio no sea el origen del dolor, éste suele acompañar a muchas de las molestias y dolencias que sobrellevamos a diario. Una correcta circulación sanguínea te garantizará el buen funcionamiento de todo del organismo, así como una recuperación rápida y eficiente ante cualquier lesión. Tratamientos caseros, ejercicio, alimentación, etc. Puedes hacer muchas cosas para cuidar tu circulación.

La función del sistema cardiovascular

Evitando profundizar en la función circulatoria, nos centraremos en un concepto: intercambio. Porque el sistema cardiovascular se encarga, básicamente, de aportar oxígeno, nutrientes y defensas a la célula y ayudar a que ésta se deshaga de residuos y toxinas metabólicos. Es decir, le da a la célula lo que necesita para vivir y se lleva lo que le sobra y lo que incluso podría provocarle la muerte.

Los problemas aparecen cuando este intercambio no marcha bien, no es fluido. Sin oxígeno la célula se ahoga; sin nutrientes la célula se debilita; sin defensas la célula es vulnerable. Y todo ello en un complejo sistema de regeneración celular, donde el nacimiento y la muerte de células es constante, como debe ser el aporte de sangre “buena” y el deshecho de sangre “mala”.

Por tanto, una correcta irrigación sanguínea es indispensable tanto para la vida celular como para su regeneración.

Qué pasa en una lesión

Te encuentres ante un golpe, una contractura, un dolor de cabeza, una torcedura de una articulación, una rotura de fibras, una mala digestión,… la anomalía/lesión suele ir acompañada de una disfunción circulatoria. Esta disfunción puede darse en forma de:

1. Exceso circulatorio (hiperemia): lo más común, presente en cualquier proceso inflamatorio, como puede ser un golpe, un esguince, algunos dolores de cabeza, aparición de varices etc. Dos factores caracterizarán una hiperemia: calor y color. La temperatura de la zona dañada aumentará, y el color de la piel tenderá al rojo/rosado. Se está acumulando sangre.

2. Déficit circulatorio (isquemia): no tan frecuente, aunque característico de algunas patologías como la claudicación intermitente, estados críticos como una isquemia cerebral o una isquemia miocárdica (angina de pecho), y algunas disfunciones más comunes como los síndromes de pies fríos y manos frías, determinados tipo de cefaleas y rigidez muscular.

Ya estemos ante un exceso o déficit circulatorio, el problema no es más que el defecto en el intercambio que antes veíamos. Desde un punto de vista circulatorio, el tratamiento debe basarse en el estímulo de una circulación adecuada.

Tratamiento de una disfunción circulatoria

Una vez detectada la forma de la disfunción (exceso o déficit), debes tratar de conseguir lo contrario a lo que esté sucediendo. A nivel manual/casero puedes actuar desde:

  • Aplicación externa de temperatura: usando calor (bolsa de agua caliente, esterilla eléctrica, crema caliente,…) o frío (hielo, toalla empapada en agua fría,…) en intervalos de 15-20 minutos. El uso está claro: si quiero aumentar la circulación aplicaré calor, y si quiero lograr que disminuya utilizaré el frío.
  • Masaje: puedo utilizar mis manos con dos técnicas muy sencillas. Para tratar un déficit circulatorio, no tengo más que frotar, friccionar la piel (con suavidad). Paso del frío al calor, del color pálido al rosado. Para luchar contra una hiperemia, intentaré provocar un efecto de vacío a nivel de la piel con el objetivo de drenar la sangre acumulada. No apretaremos nunca la zona dañada. Simplemente, con la palma de la mano realizaremos una acción de arrastre, siempre desde el punto más lejano al corazón, al más cercano, a favor del retorno venoso.
  • Movimiento: el cual es el principal estimulador de circulación, tanto por la demanda energética que comporta como por la fricción de los tejidos. Sencillo: si busco más circulación muevo; si no busco más circulación no muevo.

Recuerda que lo que pretendes es estimular la circulación y no fijarla en un sentido. Es decir, los tratamientos no pueden durar más de unos 20 minutos. Por ejemplo:

  • No te pongas hielo durante una hora en golpe. Si interrumpes la circulación, ¿cómo va a llegar la sangre “buena” para curarte? Aplicas el hielo, consigues vaciar. Quitas el hielo, vuelve la sangre cargada de oxígeno, defensas y nutrientes (medicamentos naturales). Vuelves a poner hielo. Y así sucesivamente. Estás bombeando sangre. Has creado un corazón local artificial.
  • No dejes la esterilla colocada toda la noche en tu espalda. Puedes provocar un estancamiento de la sangre, lo que te llevará a una inflamación. Periodos de 20 minutos por hora.

Prevención circulatoria

Ésta se la sabe todo el mundo, aunque cueste tanto llevarla a cabo. Dos frentes: ejercicio y alimentación. Son la base para tener un buen equilibrio circulatorio. El ejercicio estimulará la circulación sanguínea, haciendo trabajar a todo el organismo para que la sangre navegue a través de músculo, corazón, pulmón, riñón, arteria, vena, capilar,… Mientras que la alimentación se presenta como la encargada del mantenimiento de los vasos sanguíneos libres de obstrucciones (placas de ateroma, acumulaciones de colesterol).

No lo olvides. Buscamos la estimulación circulatoria, no la sobreestimulación. Simplemente el equilibrio. Estimula tu cuerpo y el hará el resto. Escucha tu cuerpo.

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