Al final de la ducha… ¡agua fría!

Tranquilo, no se trata de pasarse un minuto debajo de un chorro de agua helada. Pero acabar la ducha con un poco de agua fría puede ayudarnos en diferentes sentidos.

El momento de la ducha es una de las situaciones diarias (en principio…) en las que podemos aprovechar la posibilidad que tenemos de aplicarnos frío, y con ello provocar una serie de efectos que serán realmente beneficiosos para nuestro organismo. Y no se trata de ducharnos siempre con agua fría. Simplemente podemos sacar de la ducha un provecho extra cuando ésta llega a su fin, un valor añadido al mero objetivo higiénico. Veamos qué podemos hacer por nuestra salud durante el último minuto de ducha.

Primeramente, aclarar que en el momento que aplicamos el frío podemos disminuir la presión del chorro de agua así como ir pasando de agua caliente a fría progresivamente, no de golpe. Los efectos que vamos a provocar no provienen de la intensidad de la aplicación sino contraste de temperatura. Por tanto, el chorro debe ser muy suave. Incluso, si tenemos la posibilidad de regular la alcachofa de la ducha en distintas posiciones, conviene buscar aquella en la que el agua sale como pulverizada, como si de rocío se tratara. Con este tipo de aplicación, conseguiremos:

  1. Vasoconstricción: es decir, el constreñimiento de los vasos sanguíneos, sobre todo venosos, de las zonas por donde pasemos el agua fría. Con esto conseguimos drenar los líquidos (toxinas) que quedan acumulados a nivel de la capa subcutánea, así como de activar la circulación tanto sanguínea como linfática. Este efecto resulta especialmente interesante de provocar en piernas y cabeza. De cara a las piernas, recalcar la importancia de direccionar la aplicación del frío de pies a ingle. Por lo que se refiere a la cabeza, simplemente dejemos que caiga un poco de agua fría durante unos 10 segundos.
  2. Desinflamación: paralelamente a la vasoconstricción, provocamos un efecto antiinflamatorio, ya que hemos conseguido eliminar retenciones de líquidos residuales de lesiones o desequilibrios circulatorios localizados. En casos de bursitis, tendinitis,… es muy recomendable aplicar frío.
  3. Aumento de la tensión arterial: al activar la circulación, podemos conseguir subir unas décimas la tensión arterial. Esto nos ayudará sobre todo después de hacer ejercicio o por la mañana al levantarnos. Venimos de dos estadios de bajada de tensión, y la ducha fría regulará dicha hipotensión.
  4. Disminución de la temperatura corporal: recomendable después de realizar un ejercicio intenso, o en casos de fiebre alta.
  5. Cierre de los poros de la piel: efecto defensivo. Si acabamos la ducha con agua caliente, la piel queda dilatada y los poros abiertos, lo que facilita el hecho de que algún microbio o bacteria se cuele a través de la piel. Un poco de agua fría cerrará los poros como medida de defensa.
  6. Tersitud de la piel: por el efecto de constricción. La aplicación de agua fría con cierta regularidad ayuda a nuestra piel a mantenerse más tersa.
  7. Psicológico: porque el agua fría nos espabila, nos despierta. Así que estas aplicaciones de agua fría mejor realizarlas en cualquier momento excepto si nos duchamos antes de irnos a la cama. El agua fría podría desvelarnos.

Así que ya sabes, al final de la ducha agua fría. ¡Si consigues habituarte estarás matando varios pájaros de un tiro en tan sólo un minuto!

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