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¿Te consideras una persona activa? ¿O más bien sedentaria? ¿Has analizado la cantidad de comodidades “extra” que te rodean? Tal vez es momento de plantearse… ¿eliminarlas?
Ya me conoces. Me considero un guerrillero más en la lucha contra el sedentarismo, fuente de muchos de los problemas físicos -y emocionales- que tiene la población de los países desarrollados, como expliqué en Sedentarismo + estrés: epidemia del siglo XXI y en Vivimos más pero… ¿mejor?.
Hoy te propongo un nuevo ataque desde la retaguardia
Del mismo modo que asediaríamos una ciudad con tal de invadirla, podemos desabastecer de comodidades nuestra vida, y así evitar ni tan sólo la tentación de vivir sedentarios. En seguida te explico como.
Un poco de historia
Antes recordemos una de las leyes por las que se rige el ser humano: la supervivencia. Lógicamente, como cualquier ser vivo, la naturaleza y el deseo del hombre es vivir cuanto más tiempo mejor, incluso olvidando el cómo. Es el instinto de supervivencia, tanto la suya propia como las de sus descendientes -conservación de la especie-. ¿Y qué factor es básico para sobrevivir? Obvio: comer.
Más allá de estar ingiriendo muchísima más cantidad de alimento de la que realmente necesitamos para vivir y del rito social que representa hoy día el acto de comer, reflexionemos sobre cómo conseguimos la comida. Si echamos la vista atrás, allá por la prehistoria, conseguir comida -y a veces no conseguirla- implicaba un enorme desgaste físico. Ya fuera el hombre cazador o recolector, el esfuerzo físico que debía realizar cada día para conseguir algún fruto o animal que llevarse a la boca era notable.
A nivel de la implicación de actividad física para la consecución de alimentos, la aparición de las primeras civilizaciones hacia el 4.000 a.C. no provocó ningún cambio significativo. Tampoco cambió nada en este sentido durante la Edad Antigua, Media y Moderna de nuestra Historia. ¿Cuándo empezaron a cambiar las cosas? En la Edad Contemporánea (siglos XIX, XX y XXI). Inlcuso, afinando más, podríamos decir que a partir de los años 50 del siglo pasado.
Hasta ese momento, a pesar del asentamiento de las máquinas durante la Revolución Industrial, el hombre necesitaba moverse durante muchas horas al día para conseguir alimento. Ya no se trataba de salir a cazar como los cavernícolas, pero trabajar en la fábrica, en la obra o en el campo seguía requiriendo un gran esfuerzo físico. Durante la industralización de los países desarrollados, empezaron a surgir algunos de los inventos que nos han empujado hacia una vida sedentaria, como el refrigerador, el coche o la televisión, aunque muy pocos podían disfrutar de estos lujos -en aquel momento-.
Pero llegaron los años 50. Progresivamente, las máquinas que hasta entonces sólo podían verse en las fábricas y en la vida de los ricos tomaron las casas no sólo de la clase media, sino también de la baja. Recuerdo escuchar a mi madre decir alguna que otra vez “No tendríamos para comer, pero la tele nunca faltó”. La nevera, el congelador, la lavadora, el aspirador, el televisor y más tarde el coche se instalaron en la vida de muchas personas. Y con todas estas comodidades, también llegó el sedentarismo.
El hombre ya no estaba obligado a caminar, mover, coger, tirar, aguantar, arrastrar,… Su único propósito era sobrevivir, y además de manera eficiente, consumiendo el mínimo de energía posible por si la necesitaba para más tarde -extrapolando las tres leyes de Leopold Busquet: equilibrio, confort y economía-. En tan sólo 40 años, pasamos de estar obligados a movernos para conseguir comida a no necesitar la actividad física para nada. Un cambio bastante radical ¿verdad? Es así de cierto; ya no necesitamos movernos para sobrevivir
Cambio de objetivos
De todas maneras, algo bueno tenía que traer la evolución. Es verdad, durante 40.000 años el hombre sólo había pretendido sobrevivir. Pero eso también puede cambiar. De hecho, así ha ocurrido. El hombre ya no busca únicamente su supervivencia. Incluso, viendo lo que estamos haciendo, yo diría que no le importa mucho la conservación de su especie.
Pero en el fondo, considero que ha habido un cambio positivo. El objetivo ya no es sobrevivir, sino vivir. Y al igual que para sobrevivir sólo necesitábamos comida, para vivir necesitamos otro concepto clave: bienestar. Parecer ser que sin él, tampoco estamos contentos con vivir algo más. Queremos sentirnos bien para poder vivir. Ya no se trata de vivir más, sino de vivir mejor.
Entonces, ¿qué ha cambiado? Respecto a la actividad física, nada ha cambiado. Seguimos necesitando movernos para conseguir nuestros objetivos. Ya no lo necesitamos para comer, pero sí para sentirnos bien. El problema es doble. Por un lado el cambio de propósito ha sido exageradamente rápido y necesitamos tiempo para asimilarlo. Por otro, todavía no hemos hecho la lectura correcta de para qué sirve la tecnología, no hemos encontrado el equilibrio entre el uso de las máquinas y nuestra propia máquina, el cuerpo humano.
Renunciando
Ahora tenemos claro cuál es nuestro objetivo, el bienestar. Entonces sólo existe una única respuesta, una vida físicamente activa. Pero estamos rodeados de comodidades, de aparatejos que nos atacan físicamente.
Es más, el imperio sedentario sigue innovando, construyendo nuevas armas. La última, un robot-aspirador que se espera a que te marches de casa para dejarte el suelo como una patena. Nos intentan engañar. Dicen que es en pro de nuestro bienestar, pero no es cierto. Va en contra de éste. No queda otra salida…
El asedio. Aislaremos al sedentarismo. No le daremos de comer ni de beber, hasta que se quede sin provisiones. Renunciaremos a las comodidades pro-sedentarias, con criterio y buscando el equilibrio. Por ejemplo:
- Ir al trabajo a pie, en bicicleta, patines, o en modalidad mixta con el transporte público -puedo bajar unas paradas antes-.
- Utilizar siempre las escaleras. Ni ascensores, elevadores o escaleras mecánicas.
- Comprar a poquitos. No llenar la nevera, el congelador o la despensa. Compremos para 2-3 días. Cuando nos quedemos sin comida, estaremos obligados a ir a comprar de nuevo.
- Juguemos más, adultos y niños. ¿Dónde quedo el Twister? ¿Y la comba, el pilla-pilla, el pichi?
- Utilizar los electrodomésticos en la menor medida posible. La secadora, el aspirador, el lavaplatos,… ni tocarlos.
- Encuentra una actividad física extra que te guste -busca una motivación-.
- …/…
¿Has captado el mensaje? ¿Entiendes que todo aquello que aparentemente te venden como algo que hará tu vida más fácil y cómoda en realidad te la está complicando? Toda esta tecnología no sirve para hacerte vivir mejor. Al contrario, con el tiempo ¡te hará vivir peor! Ya lo sabes, muévete más y renuncia a ciertas “comodidades”. Escucha Tu Cuerpo






Acerca de
4 Comentarios
Rober, hoy he estrenado nuestra bici mamá-bebé!!! Primer día de asedio superado!
Caro!
Eso son buenas noticias
Una guerrillera más jajaja! Ánimo y constancia, que el resto (el bienestar) vendrá solo. Además, piensa que no sólo estás haciendo ejercicio en pro de tu salud, sino que estás educando a Mateo
Si está rodeado de actividad física desde pequeñito, ya es mucho que tendrá ganado.
Un abrazo muy fuerte!
Desde la tripa es un niño super activo!
así que espero que entre lo innato, y un ejemplo constante, tenga estímulos de sobra.
Ya hemos superado nuestro primer chaparrón ciclista (con mucho buen humor) y hemos experimentado lo que es pasar el día en el centro de la ciudad sin pagar parking. Y sin agujetas! igual no estoy tan oxidada como yo creía. No hay vuelta atrás
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