Salud a largo plazo: prevención y autonomía

Dicen que uno de los secretos de la felicidad es vivir el presente, disfrutar el ahora, sin estar permanentemente pendiente del siempre hipotético mañana. Desde un punto de vista científico no hay ni un solo suceso futuro que pueda asegurarse al 100%, ni tan sólo la muerte. No sabemos a ciencia cierta absolutamente nada del mañana.

De todas maneras, una de las características que diferencian al hombre del resto de animales es su enorme capacidad de previsión y estimación de futuro. Prácticamente a base de reglas de tres -la ciencia no es más que pura estadística-, podemos deducir que si ocurre X en unas condiciones Y provocaremos Z -con muchos matices-. Entonces, tal vez lo inteligente sea no centrarse emocionalmente en el futuro, concentrando nuestros sentimientos en lo que está sucediendo hoy -lo real, no futuro imaginario-. Pero sí podemos utilizar nuestra capacidad de previsión desde un punto de vista racional, con tal de prevenir ciertas causas de infelicidad el día de mañana.

Éste es el nuevo rumbo de la medicina: la prevención. Después de darse cuenta de lo costoso que es mantener viva -aunque enferma- a la población a base de parches quirúrgicos y farmacológicos, la medicina se ha dado cuenta de que necesita centrarse más en la prevención de la enfermedad que en su tratamiento. Estoy convencido de que en poco tiempo el médico dejará de ser aquel que simplemente diagnostica y trata, sino que se convertirá en un asesor de salud. Es decir, nos dirá qué tenemos que hacer para que la enfermedad no aparezca. Por fin se aplicará verdaderamente aquello de más vale prevenir que curar.

Lógicamente, este cambio no debe ser el único que necesitemos dar en favor de una buena salud futura. El cambio eficaz es el del propio individuo. Esto es, si el  médico nos dice que para prevenir la diabetes no debemos abusar de los azúcares, pues no abusemos. Si el médico aconseja ejercicio físico con tal de retrasar la aparición de la artrosis, pues hagamos ejercicio. Así que no basta únicamente con que la medicina cambie su rumbo, sino que el ciudadano también debe hacerlo

Pronto aparecerá la voz del pasota, en realidad individuo carente de autoestima. Es aquel que dice que la prevención le importa un pimiento, respaldándose en el típico “de algo tendré que morirme” o recordando que su abuelo fumó un paquete de tabaco diario toda su vida y murió a los 90.

No será difícil rebatir a este sector de la sociedad, apuntando lo siguiente. El cuidado de la salud tiene un doble objetivo:

  • Presente: felicidad y bienestar, simplemente. Cuanto más sano más posibilidades tienes de ser feliz y sentirte bien.
  • Futuro: autonomía -sumada al objetivo anterior-. Es decir, tener la capacidad de valerse por sí mismo.

Regresando a la prevención, ésta no es más que una garantía de minimización del riesgo de mantenerse vivo -algo sencillo para la medicina de hoy- pero carente de autonomía y felicidad.

Hablando claro. Una vez alcanzada cierta edad puede resultar realmente duro física y emocionalmente no ser naturalmente autónomo. Algo así como sobrevivir a base de 15 pastillas diarias, comer papillas y que un enfermero o familiar tenga que asearte por la mañana y por la noche, y así todos los días que te queden de vida -que cada vez serán más-.

Obviamente, parte de la medicina debe seguir tratando al enfermo, ya que la enfermedad seguirá existiendo como regulador natural selectivo, al igual que la muerte. Pero ya está más que demostrado que vivir enfermos es una situación económicamente y socialmente insostenible.

Por otro lado, el ciudadano debe ser más consciente de su salud, por sí mismo y por los demás. Los motivos del por sí mismo ya están claros. Y los del por los demás… en realidad son los mismos: felicidad, bienestar y autonomía. Si llega el día en que no somos ni felices ni autónomos, lo único que conseguiremos es que nuestro entorno -familiares, amigos,…- tampoco lo sea. Por mucho amor que se tenga -también necesario para sobrellevar cualquier enfermedad-, es muy difícil convivir con un enfermo, y más cuando el enfermo depende directamente del tiempo, energía y dedicación de terceras personas.

El futuro de nuestra salud y felicidad, tanto desde el individuo como desde la sociedad, pasa por una vida preventiva. No esperes a mañana, puedes empezar a prevenir hoy mismo. Escucha tu cuerpo.

 

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