Un voto de confianza para el médico

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Tranquilo, sigo siendo yo. Sí, el que suele ser bastante crítico con la manera en que se practica la medicina. Más de una vez, siendo consciente de lo osado que es generalizar, he sido bastante contundente en mi opinión con la aplicación de la medicina convencional en nuestro país, sobre todo solicitando un cambio de rumbo en sus intenciones -de momento más paliativas que preventivas-, en el diagnóstico -demasiado analítico, es decir, poco global- y en el trato con el paciente -una persona con más o menos sensibilidad, no un número-.

Hoy no critico al médico. Critico al paciente.

Afortunadamente para todos nosotros, para tratar un problema de salud podemos elegir entre diferentes alternativas, no sólo la medicina convencional -dependiendo del alcance de dicho problema-. Eres libre de acudir a un médico de la seguridad social, a uno de tu mútua privada, a un osteópata, a un naturópata, a un vidente, a un curandero o un santero. Puedes escoger, y eso es bueno.

Ahora bien, una vez has hecho la elección déjate de tonterías y por favor, confía. Si has dedicido visitar a tu médico, intenta explicarle al detalle lo que sientes, escucha lo que tenga que decirte, y lo más importante, hazle caso.

Cada vez escucho más afirmaciones del tipo “no sé para qué voy, siempre me va a decir lo mismo”, “ya sé lo que tengo” o “aunque me mande pastillas no me las pienso tomar”.

Yo me pregunto “¿para qué vas?”. Si vas a poner en duda todo lo que te diga el médico, si nada más llegar a casa vas a conectarte a Internet para corroborar todo lo que te ha dicho o incluso para encontrarle algún pero, si vas con predisposición de no hacerle ni caso, si no tienes ninguna intención de seguir los consejos y tratamiento que te recomiende,… ¿Para qué vas?

Es cierto que por fin estamos empezando, incluyendo los propios médicos, a darnos cuenta de que el médico no es Diós, pero te puedo asegurar que tampoco es Satanás. En principio, el médico está ahí para ayudarte. Como mínimo dale una oportunidad. Y en cuanto tengas la sensación de que no consigue hacerlo, que no puede, que no alcanza a comprender tu problema o que simplemente no quiere hacerlo porque ha perdido toda motivación -o por lo que sea-, deja de ir.

Deja de castigarte y deja de castigarle. Desde mi posición en el sector parasanitario, mucho menos relevante, también padezco las consecuencias de intentar ayudar a los demás cuando me solicitan consejo y no me hacen ni caso. La semana siguiente vuelven y más de lo mismo. Y la otra, y la otra, y la otra,… Es muy fácil caer en el desánimo.

Pienso en el médico y no me extraña que a veces trabaje con esa desgana. ¿Te imaginas ser consciente de que la persona que tienes delante no te está escuchando, no confía en ti? Entonces es muy normal caer en el mismo hábito pero a la inversa, provocando que el médico pueda llegar a pensar “¿Para qué aconsejarle si no seguirá mis recomendaciones?”, “¿Para qué darle un buen tratamiento si no lo seguirá?”, ¿Qué me está contando éste si no va a cambiar sus hábitos?”, etc. “Venga, recetita rápida y para casa”.

El compromiso de confianza entre médico y paciente es de suma importancia tanto en el diagnóstico como en el tratamiento de cualquier problema de salud. Tal vez tendrías que empezar a plantearte si confías plenamente en él. Si tú pones todo de tu parte, entonces podrás exigir que él también lo haga de la suya.

Mientras, si no confías, ¿para qué vas?

 


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“Olvídate de objetivos y resultados, y disfruta de las consecuencias” Robert Sánchez

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