Si es tu primera visita, quiero darte la bienvenida a mi madriguera. También puedes seguirme en Twitter o Facebook.
Es inevitable. Todos lo tenemos en mente. Más allá de los canones de belleza del momento, establecidos por las marcas y las agencias de publicidad, entre otras cosas, uno quiere sentirse bien estéticamente, necesita la aprobación de los demás, busca ser físicamente atractivo -en principio, dentro de las posibilidades de cada uno-.
Es inevitable porque es natural. Las fluctuaciones asimétricas, hoy famosas gracias a las constantes referencias de Eduard Punset, podrían ser la clave. Es la naturaleza la primera en determinar ciertos estándares de belleza. Según los científicos, cuanto más simétrica es una persona, cuantas menos fluctuaciones asimétricas tiene, más bella es. Aún dicen más: cuanto más simétrica es una persona, mejor sistema inmunológico tiene. A raíz de tal descubrimiento, se crea un vínculo entre belleza e inmunidad. Si un individuo quiere asegurar la conservación de su especie, lógicamente buscará un cónyuge que la garantice, y en este sentido gozar de unas buenas defensas será primordial de cara a la supervivencia. Así se concluye que, partiendo de que la enfermedad provoca dolor y que unas buenas defensas disminuyen el riesgo de enfermedad, la belleza podría definirse como la asuencia de dolor, expresada en dicha simetría.
Por supuesto, y afortunadamente para la mayoría de nosotros, hoy día hay muchos más factores que pueden hacer más o menos atractiva a una persona y que influyen en la elección de una pareja o de las personas que queremos tener alrededor. Sin embargo, pocos pueden negar que algo extrañamente intuitivo ocurrió la primera vez que vieron a la persona de la cual se enamoraron -amor a primera vista-, como tampoco que cualquiera de nosotros puede reconocer al instante a alguien “realmente guapo” cuando nos cruzamos con él por la calle.
Tenemos el instinto de reconocer la belleza, a la vez que queremos ser bellos. El aspecto físico nos importa. leer más







Acerca de