Disfruta de las consecuencias

“Disfruta de las consecuencias” es la segunda parte del nuevo pie de página que acompaña a todos mis artículos, una especie de lema, de eslógan. Completo dice así:

Olvídate de objetivos y resultados, y disfruta de las consecuencias

Nuestra cultura y educación son extremadamente resultadistas. Siempre nos han enseñado a marcar objetivos y trabajar por los resultados. Aquí el que no tiene objetivos es un pasota o un perdido de la vida, y el que no consigue resultados es un gandul, un fracasado o alguien que no determinó bien sus objetivos.

Sin embargo, no nos cansamos de leer una y otra vez en libros, artículos y estados del Facebook frases como “La felicidad no es la meta, es el camino”, o como dice el señor Punset “La felicidad se esconde en la antesala de la felicidad”. Y yo me pregunto: ¿quién lo aplica?

En el mundo del entrenamiento, el fitness, la salud y el bienestar nos pasa lo mismo. Marcamos objetivos lo más concretos posibles, como pesar 8 kilos menos, bajar nuestros niveles de colesterol 30mg, correr 10km en 40 minutos,… y en realidad nos importa tres pimientos cómo conseguirlo, aparte de no plantearnos seriamente de dónde salen esas metas o estándares de salud -¿del libro de algún famoso? ¿de un laboratorio farmacéutico? ¿de una marca deportiva?-. Lo que importa es el resultado, incluso por encima de la salud, y sin tener para nada en cuenta si aquello que estamos haciendo para alcanzarlo nos hace disfrutar y ser felices, o por el contrario nos hace sufrir, pasarlo mal, sacrificarnos, etc.

Pero hoy, más que reflexionar sobre lo sano o insano de nuestras prácticas o de lo felices que somos “durante el camino”, quiero proponer un cambio en nuestro lenguaje tanto externo como interno -esa vocecita que siempre te está hablando-. ¿Qué te parece cambiar resultado por consecuencia? Es más, no sólo eso, sino olvidar por completo los objetivos y resultados y confiar en nuestra naturaleza.

Dejando a un lado nuestra mente analítica y ganando perspectiva deberíamos comprender de una vez por todas que la vida no es un sistema lineal. Es decir, no siempre se cumple el 2+2=4 -ni mucho menos-. Al creer que sí ocurre de este modo, intentamos que nuestra vida sea una correlación de operaciones matemáticas lineales, y como éstas generalmente fallan, la frustración es doble, ya que no hemos conseguido nuestros objetivos y además nos castigamos por ello. El Universo, la vida y el hombre son sistemas no lineales.

Es momento de entender que sencillamente, si hacemos lo que debemos hacer desde un punto de vista natural, si somos coherentes con nuestra naturaleza, no necesitamos ni objetivos ni resultados y todo es como debería ser, equilibrado.

Nos estamos complicando la vida. Es más fácil reconectar, acoplarse de nuevo a la coherencia natural, fluir en las leyes de la naturaleza y no en las inventadas e impuestas por el hombre. Algo tan factible como movernos, comer, dormir, sentir y pensar lo que de manera natural debemos movernos, comer, dormir, sentir y pensar.

De ese modo, es sencillo comprender que el dolor, la enfermedad, el sobrepeso, la ansiedad y la fatiga son consecuencias de un estilo de vida artificial, innatural, insano. A la vez que puedo garantizarte, sin necesidad de números de por medio, que viviendo naturalmente uno consigue tener un peso saludable, unos niveles de colesterol adecuados, una resistencia cardiovascular aceptable, una fuerza muscular notable, una buena flexibilidad, un aspecto físico atractivo y simétrico, una salud emocional balanceada, un estado energético pleno, etc. y además, todo ello, divirtiéndote y disfrutando del día a día, prácticamente sin esfuerzo. ¡Blasfemia! ¿Una vida sin esfuerzo? Sí, eso es. Sin esfuerzo.

En la coherencia, equilibrio y confianza en nuestra naturaleza se esconde la salud y el bienestar, que ya no son ni objetivo ni resultado. Simplemente una consecuencia.

Puedes escuchar esta entrada en mi Podcast utilizando el reproductor de iVoox:

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