Salud y bienestar integral

Estamos obsesionados con dividir y analizar. Y eso nos ha hecho perder la perspectiva, la globalidad del hombre y el Universo, también en nuestra salud y bienestar.

El análisis nos ha llevado a defender conclusiones absurdas, a unos y a otros, cada uno barriendo para su casa, basando las respuestas a nuestros problemas de salud y bienestar en soluciones que influyen sobre un sólo factor, cuando en realidad el problema es multifactorial. Por ejemplo, hay quien dice que la dieta es lo más importante y que con unos simples retoques en nuestra alimentación todos nuestros problemas estarán resueltos.

Y esto mismo hace cada especialista respecto a su disciplina, y si no lo hace, es lo que dan a entender muchos artículos de revistas baratas. En el ejercicio cardiovascular está la clave. O no, era en la fuerza. O no, en Pilates, en la flexibilidad, en la escuela de espalda,… ¡Ah no! El secreto está en la primera cervical. Si está bien posicionada, todo funciona. ¿O era el sacro? No hombre no, lo importante es dormir bien. Con eso basta ;-)

La salud del ser humano depende de muchísimos factores, y estos mismos factores dependen entre sí los unos de los otros. La salud y el bienestar deben observarse y tratarse como un concepto holístico.

Es por eso que tengo dos noticias: una buena y una mala.

Empezaré por la mala -aparentemente-, advirtiéndote de que tienes muchísimo trabajo. En realidad creo que no eres tonto y ya sabías que tu vida necesita varios retoques. Tranquilo, empieza poco a poco por uno. Si haces cambios pequeños pero significativos, pronto disfrutarás de los beneficios.

¿Y la buena? Precisamente la buena noticia es la globalidad. Porque, no especialmente por este orden, por ejemplo, el descanso depende de lo que te ejercicites, lo que te ejercites de lo que comas, lo que comas de lo que sientas, lo que sientas de lo que descanses, etc. Con sólo romper el círculo vicioso por un punto, el resto de factores se verán afectados, influenciados positivamente, y cambiar radicalmente hacia una vida más sana será cuestión de mantener la atención en ese propósito y dejar fluir el resto de acontecimientos de manera natural.

Por eso el bienestar cavernícola está dividido, aunque integralmente unificado, en tres partes:

  1. De la caverna a la urbe: donde reflexiono sobre nuestro estilo de vida y mentalidad, y propongo alternativas más coherentes con nuestra naturaleza.
  2. Entrenamiento prehistórico: donde desarrollo un nuevo punto de vista de nuestro modelo de entrenamiento moderno, carente de esencia y globalidad.
  3. Caza y recolección: donde muestro mi interpretación y mis recomendaciones alrededor de la alimentación natural y ancestral.

Yo me he especializado en la salud física del individuo, por eso me centro en ella. Sin embargo, no olvido que la felicidad de éste también reside en otros factores, y ese concepto de globalidad todavía se hace más grande.

No es sólo lo que comes. No es sólo lo que te mueves. No es sólo tu postura. No es sólo tu equilibrio emocional. No es sólo tu descanso. No es sólo tu gestión del estrés.

¡Es todo! ;-)

Para completar la idea, te invito a leer algo que escribí hace algún tiempo para mi otro blog, una vida sencilla:

El ser humano, un ser global

Nos hemos convertido en expertos de la división. Ya lo dijo Julio César: “Divide y vencerás”. Lo dividimos todo.

Desde luego que el hábito -o la manía- de dividir nos ha hecho vencer en muchos campos, y especialmente en nuestro conocimiento. Hemos alcanzado tal punto de desarrollo que cualquier materia que queramos estudiar necesita dividirse en otras submaterias que también dividiremos, y así hasta el infinito con tal de llegar a la esencia del objeto de estudio. La división nos ha permitido especializarnos tanto que necesitamos especialistas en distintos campos dentro de una misma especialidad.

El conocimiento no ha sido el único beneficiario de la división. También la industria. La división de proyectos permite trabajar simultáneamente en los distintos procesos que conforman el proyecto original y de esa manera conseguimos producir más en menos tiempo. ¡Maravilloso! -sarcasmo-.

Y así se podrían ver varios ejemplos en los que la división nos empuja, más que nada, hacia la velocidad en nuestro desarrollo intelectual y económico. No tengo la voluntad de debatir acerca de la licitud de imprimir tanta velocidad a nuestro avance como especie, aunque opino que dicha velocidad es uno de los culpables de muchos de nuestros males. Pero sí quiero insistir en que correr y dividir para aún correr más ha provocado que en algunos aspectos hayamos perdido la perspectiva, y en consecuencia, el equilibrio.

Como es el hombre quien corre y divide sin tener en cuenta el coste de tanta prisa y división, también es el hombre quien paga los platos rotos.

Nos hemos dividido a nosotros mismos. Ahora se habla del hombre como un ser dividido en cuerpo, razón, emoción y espíritu. Esta división parece delimitar con bastante exactitud las cuatro grandes áreas que conforman al ser humano, de eso no hay ninguna duda. Pero tal división supone un doble problema:

  1. Se ha comprendido al hombre como una suma de cuatro factores exclusivos, como si cada uno de ellos por separado no influyera nada en el resto. Afortunadamente, hoy día ya ha quedado demostrado que cada uno de estos factores tiene una influencia directa sobre el resto y que el abandono de cualquiera de ellos degrada la salud del resto, con lo que tal división carece de sentido.
  2. La dirección del sistema social, perversa y corrupta desde hace siglos,enfoca la educación que se nos imparte y manipula la información que recibimos a diario con tal de que prácticamente sólo desarrollemos uno de los cuatro factores: la razón. La división del hombre no es más que otra de esas divisiones que alguien propuso para correr más y ganar más, para que el hombre sea más productivo no personalmente, sino económicamente. La dirección sabe que si yo produzco más yo ganaré más y seré aparentemente más feliz, mientras que él todavía ganará más sin necesidad de producir.

En la era de la globalización lo globalizamos todo menos al hombre, especialista en pensar y producir. No se trata de repasar la lista de las consecuencias negativas que tanto alejan al hombre de la felicidad. Pero tampoco podemos pasar por alto que nuestros déficits en actividad física, emocional y espiritual en pro del abuso de nuestra actividad racional son la causa de la mayoría de nuestros problemas individuales, que lógicamente y también de manera global, nos afectan como sociedad.

Pensamos demasiado y a la vez nos movemos poco, nos queremos poco y sentimos poco. La pérdida de conciencia global en la comprensión del hombre, seguida de la prioridad que se le ha dado a la razón por encima del resto de factores, nos ha llevado al miedo y la frustración contínua.

Es el momento de:

  • Moverse más. Hacer ejercicio todos los días, caminar hasta el trabajo, jugar con nuestros hijos, bailar, saltar, etc.
  • Sentir más. Querernos a nosotros mismos y a los demás, abrazarnos, besarnos, tocarnos, reírnos, llorar cuando nos apetezca, comunicarnos, etc.
  • Encontrar nuestro papel en la vida. Todos tenemos ese rol dentro del gran sistema, del universo, provisto de leyes pero también de una gran incertidumbre. Es nuestra vocación, lo que haremos para la sociedad, que no deja de ser parte del ecosistema y que tiene un único objetivo global: la vida.

Rendir no es lo más importante, sino un trozo más del pastel. Ni el más grande ni el más pequeño, no es prioritario. Necesitamos comprendernos como una globalidad, para empezar a entender lo que nos pasa y averiguar que es lo que queremos hacer. En el equilibrio de los cuatro factores está la clave.

Es cierto. Son tantas nuestras creencias y hábitos instaurados en la infancia que parece realmente difícil hacer un reset, desaprender. Desde luego que no es algo que pueda hacerse en un día, ni en dos, ni en tres. Pero se puede conseguir; el cambio es posible. Todo lo que aprendiste se puede desaprender, sin miedo. Tú puedes volver a ser global, y por lo tanto feliz.

Ahora bien, si además queremos preservar la especie y garantizar la felicidad de los que vengan, no nos queda otra que actuar desde la base, nuestros niños. ¿Queremos que sean felices? Empecemos por no obligarles a pensar tanto, dejemos que prueben y se equivoquen, liberemos su carga mental en favor de más movimiento, más juegos, más comunicación, más emociones, más expresión, más creatividad.

Es urgente recuperar la conciencia de que el ser humano es un ser global. Tú puedes hacerlo desde hoy mismo, trabajando día a día en las cuatro áreas sin priorizar ninguna. Estoy convencido de que es la única manera de realmente vivir, y no únicamente sobrevivir.

¿Te comprendes como un ser global? ¿No crees que piensas demasiado? ¿Cuidas tu cuerpo? ¿Tus emociones? ¿Tu espíritu?

Puedes escuchar esta entrada en mi Podcast utilizando el reproductor de iVoox:

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