Archivos Anuales: 2012

Has evolucionado para el estrés físico máximo

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En más de una ocasión hemos hablado sobre el tipo de actividad física que llevó a cabo diariamente el hombre durante más de dos millones de años, esfuerzo físico para el cual hemos evolucionado. Sin embargo, del mismo modo que ocurrió a nivel nutricional, hemos pretendido cambiar aquel comportamiento físico en muy poco tiempo, apenas 10.000 años, a raíz de:

  • Primero: la revolución agrícola del Neolítico, dando paso a una actividad física de larga duración, baja intensidad y exageradamente repetitiva, muy pobre en variedad de gestos.
  • Y segundo: las revoluciones industrial y digital, momentos a partir del que el esfuerzo físico del hombre fue relegado a un segundo plano y finalmente a ninguno, dando paso al omnipresente y destructivo sedentarismo en la actualidad.

Hace unos días, hablando de la “vida cardiovascular” del hombre de las cavernas, veíamos que su día a día era un contínuo entre descanso, actividad frecuente de baja intensidad -caminar, recolectar, jugar, explorar,…- y momentos de estrés físico máximo, tales como la caza, la huída del ataque de un depredador, trepar, escalar o luchar.

Dejando a un lado el controvertido debate sobre lo adecuado del ejercicio aeróbico, ¿dónde hemos dejado esos momentos de estrés puntual máximo?

Ya no existen.

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“Olvídate de objetivos y resultados, y disfruta de las consecuencias” Robert Sánchez

No “sientes” la grasa. Las causas de la resistencia a la leptina

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Sea más o sea menos, padeces sobrepeso en forma de grasa. Tus depósitos grasos están a tope y tu organismo cuenta con un mecanismo excelente para avisar a tu sistema nervioso central de que no necesitas comer, ya que tienes energía suficiente para sobrevivir durante mucho tiempo. Sin embargo, ¿cómo es posible que aún contando con todo ese excedente energético tu apetito no se regule y sigas pidiendo más y más comida, especialmente cargada de energía, los hidratos de carbono?

Como vimos en el post ¿”Sientes” la grasa de tu cuerpo? La resistencia a la leptina, es muy probable que tu hipotálamo, parte de la gerencia de tu cuerpo, no esté recibiendo el mensaje que le envía sin cesar tu tejido adiposo de que anda cargado de energía en forma de grasa. Has perdido la sensibilidad a la leptina.

Ahora bien, ¿cómo ha ocurrido? leer más »


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La perfección natural del alimento

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¿Enriquecidos? ¿Desnatados? ¿Con vitamina D? ¿Con el doble de Calcio? ¿Omega 3 añadido? ¿Por qué consumimos alimentos retocados? ¿No es eso también manipulación?

Más de una vez he insistido en mi opinión de que por encima de la razón, la ciencia y las creencias e imposiciones del hombre existe una serie de leyes mucho mayores, incorruptibles e indiscutibles, las leyes de la naturaleza. Toda enfermedad, algo que no es más que una muestra de desequilibrio, tiene como origen la incoherencia natural, algo así como saltarse esas leyes de las que suelo hablar.

Lo repetiré hasta la saciedad si hace falta: es la naturaleza la que determina el alimento adecuado para cada especie en cada momento y en la mejor de las condiciones.

Es decir, los alimentos son perfectos tal y como nos los ofrece la naturaleza y todo lo que implique retocarlos, procesarlos, manipularlos, modificarlos,… merma la calidad y el valor nutricional del alimento.

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¿”Sientes” la grasa de tu cuerpo? La resistencia a la leptina

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Padezcas más o menos o ningún sobrepeso, tienes la fortuna de contar con un gran depósito energético repartido por todo tu cuerpo. Es el tejido adiposo, toda la grasa que almacenas, esencial para tu supervivencia durante más de dos millones de años.

Sin embargo, tal y como te alimentas y te mueves -y probablemente piensas y sientes-, cada poco tiempo tienes la necesidad imperiosa de comer, especialmente hidratos de carbono, si puede ser los más dulces -alta carga glucémica-, a pesar de incluso contar con una enorme cantidad de grasa acumulada. Si no lo haces, y más frente a esfuerzos físicos o intelectuales de cierta intensidad, tu cuerpo reacciona a base de dolor de cabeza, fatiga, malhumor, etc.

¿Qué puede estar pasando? ¿Cómo puede ser que aún contando con toda esa reserva energética tu cuerpo te pida más comida, concretamente rica en azúcares? ¿No es algo contradictorio? Estás lleno de energía pero no la utilizas. Y encima tu cuerpo pide más.

¿Puede ser que tu cuerpo no sepa que acumulas esa grasa? Porque es posible que haya un fallo comunicativo hormonal. ¿Y si no sabe utilizarla? En realidad no sería de extrañar, ya que gracias a tu costumbre de comer energía rápida -hidratos de carbono- con frecuencia tu cuerpo prácticamente nunca utiliza la grasa como fuente de energía. ¿Cómo quieres perder grasa si tu cuerpo no sabe utilizarla?

Ni “sientes” la grasa ni sabes usarla

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Paleocardio, el cardio del cavernícola

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Había escuchado Paleodieta, Paleofitness, Paleotraining,… pero ¿Paleocardio? La verdad es que acabo de inventarme el término -bueno, seguro que por ahí hay alguien más que lo ha utilizado-. Es más, me atrevo a vaticinar que ésta será la primera y la última vez que lo utilice. Pronto veremos el porqué.

Cuando hablamos de dieta paleolítica insistimos básicamente en la intención de respetar en la medida de lo posible el tipo de alimentación para el que hemos sido concebidos desde un punto de vista evolutivo, ¿verdad? Del mismo modo, cuando tratamos el Paleofitness vimos que probablemente la metodología más adecuada a seguir en torno a la práctica de actividad física era imitar el tipo de movimientos, gestos y posturas que “repetía” el cavernícola todos los días, especialmente caracterizados por la inexistencia de patrones y su infinita variabilidad -por eso he colocado repetía entre comillas, porque precisamente lo que menos hacía el cavernícola era repetir-.

Podríamos comprender el Paleocardio como una parte del Paleofitness. ¿Intentamos imaginar cómo debía ser la “vida cardiovascular” del cavernícola? ¿La imitamos? leer más »


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