Archive: enero, 2012

La única manera de aprender: equivocarse

Repito. Durante estos días, cuando hablo del hombre no lo hago refiriéndome a un individuo que vive unos 80 años, sino a un ser que tiene una edad de 2,6 millones de años. No olvidemos la perspectiva temporal.

Este hombre, como cualquier otro organismo, se ha adaptado durante millones de años a su medio ambiente con tal de sobrevivir, y esa adaptación requiere de otro proceso muy importante: el aprendizaje. No quiero alargarme mucho en lo que significa aprender, pero sí insistir en el papel fundamental que juega en este proceso el error. Para aprender necesitamos equivocarnos.

Hace un tiempo Mertxe Pasamontes, psicóloga 2.0, compartía con nosotros un artículo que resume muy bien la idea: Si no fallas, no aprendes. Ya estemos hablando de la vida de un hombre o de la historia de la humanidad, experimentar y equivocarse es en realidad la mejor manera de aprender, y consecuentemente adaptarse, ya que, como nos recuerda Mertxe, “aprendemos mejor aquellas cosas en las que previamente nos hemos equivocado y luego rectificado, ya que dejan mayor impacto en nosotros”.

La vida, como una excursión

En este sentido, podemos entender la vida y la historia de la humanidad como una aventura sin principio ni final conocidos.

Un día te cogen y te plantan en un camino en medio de la montaña, con un mapa algo antiguo y probablemente con indicaciones no del todo adecuadas -tu educación- y poca cosa más. De primeras, muerto de miedo, te quedas quieto; no sabes dónde estás ni qué hacer. Pero pronto aparcas ese miedo y te pones en marcha, ya que el hambre y la curiosidad empiezan a apretar. Encuentras uno de los senderos marcados en el mapa por donde otros ya han pasado y decides seguirlo, pero para tu sorpresa llega un momento en que éste se bifurca en dos caminos más. No te queda otra. Debes arriesgarte y elegir.

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El verdadero hombre de las cavernas

En De vuelta a las cavernas ya empecé a despejar dudas en cuanto a mis intenciones. En muchos de los artículos de este blog no voy a proponer regresar literalmente a las cavernas, pero sí replantearnos nuestro estilo de vida, alimentación y actividad física con tal de parecernos más al hombre de las cavernas, un individuo que gozaba de una salud y bienestar envidiables, sobre todo comparados con los que tenemos hoy en día.

Antes de seguir quiero matizar algo muy relacionado con dos de los conceptos clave para comprender la naturaleza humana, la coherencia natural y la perspectiva temporal. No es que debamos cambiar y copiar la vida de nuestros ancestros. Sólo han pasado 10.000 años desde la revolución agrícola, nuestro gran error -aunque no todo lo que ha traído ha sido negativo-, y ese periodo de tiempo tan corto no es suficiente ni mucho menos para provocar un cambio evolutivo importante. Sin embargo, nuestra vida ha cambiado más en los últimos 10.000 años que en los 2,5 millones de años anteriores, lo que se está traduciendo en enfermedad, problemas de salud, déficit de bienestar y tendencia a la infelicidad.

Hoy día, la distancia entre lo que hacemos y lo que realmente somos es tan grande… Porque la realidad es que, biológicamente hablando, somos casi calcados al hombre del Paleolítico. Entonces no se trata de cambiar nuestra naturaleza actual, la cual de natural tiene poco. Al contrario, se trata de ser fiel a nuestra naturaleza real, a ese sentido común natural, y de esa forma recuperar la salud y el bienestar.

Nuestra educación y el entorno que nos rodea no ayudan en nada a sentir y percibir esa realidad. Estamos intoxicados de información, vivimos en la confusión, dispersos y distraidos, y hemos perdido la conciencia de lo que realmente somos. Afortunadamente para los que queremos recuperar el bienestar cavernícola, hoy día contamos con el estudio de nuestros antropólogos, el cual nos brinda la posibilidad de conocer cómo eran nuestros antepasados, qué hacían, qué comían, cómo y cuánto se movían, etc.

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Antropología, biología, historia y perspectiva temporal

Como pudiste adivinar al leer Esperanza de vida y longevidad potencial, si quieres conocerte a ti mismo como ser humano, comprender cuál es tu situación actual y, desde ese punto de partida, decidir hacia donde quieres ir, primero necesitas saber de dónde vienes. Es la hora de conocer tu prehistoria.

Durante los próximos días echaremos la vista atrás. Ha llegado el momento de descubrir quienes somos, y nuestras ayudantes serán la antropología, la biología y la historia. Hoy todavía no toca hablar de ninguna de ellas, pero sí de un concepto importantísimo para comprender la historia de la humanidad: la perspectiva temporal.

Como ya he dicho varias veces, nos han enseñado a pensar de manera analítica, en pequeño. La mayoría de nosotros, según nuestra esperanza de vida actual, tenemos en mente que más o menos viviremos unos 80 años, lo que visto desde el momento presente parece muchísimo tiempo. Y es cierto, teniendo como referencia la vida de una sola persona, 80 años es mucho tiempo.

Sin embargo, en estas próximas semanas, cuando hable del hombre no estaré refiriéndome a una vida de 80 años, sino a una vida de casi 3 millones de años, la vida de la humanidad. Será necesario ganar perspectiva y pensar a lo grande. Te transformo esos millones en ceros, para que quede más claro: 3.000.000 de años ;-)

Para comprender algunas de las cosas que voy a explicar, sin dejar a un lado esa perspectiva temporal, deberemos tener en cuenta tres puntos de vista:

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El mejor sentido común: la coherencia natural

La coherencia natural es una constante, nuestra guía. No dejo de insistir en ello. Desde hace relativamente poco tiempo, hace apenas unos siglos, el hombre se ha colocado por encima de todo, incluso de Dios o del Universo -en realidad da igual el nombre que le pongamos-. Sin embargo, a pesar de que a muchos ya les gustaría, afortunadamente todavía está muy lejos el día en que sea el hombre quien dictamine las normas. Esa no es su tarea. Esa labor ya tiene dueño: la naturaleza -por supuesto, sin olvidar que el hombre también forma parte de ella-.

No renegaré de los avances tecnológicos que la sociedad occidental, analítica, ha conseguido. Todo ocurre por un motivo, y si éste era el rumbo que una parte de la humanidad tenía que seguir, bienvenido sea. Hay cosas buenas y cosas no tan buenas. Aprovechemos las primeras y corrijamos las segundas, pero no sigamos tropezando con la misma piedra una y otra vez. A eso se le llama aprender.

Una de las cosas que parecemos estar aprendiendo es que el análisis nos hace perder cierta perspectiva y globalidad, características de otras culturas más orientales. En el ámbito de la salud, la medicina tradicional china o la Ayurveda hindú se han basado más en el diagnóstico y tratamiento global de los desequilibrios del ser humano, tomando como principio fundamental la observación de la naturaleza. Por fin, hoy día nuestra medicina, hasta ahora hermética, está teniendo en cuenta la utilidad y eficiencia de dichas prácticas y disciplinas -que curiosamente ya habían existido aquí, como las que practicaban los curanderos y alquimistas-.

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