Antropología, biología, historia y perspectiva temporal

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Como pudiste adivinar al leer Esperanza de vida y longevidad potencial, si quieres conocerte a ti mismo como ser humano, comprender cuál es tu situación actual y, desde ese punto de partida, decidir hacia donde quieres ir, primero necesitas saber de dónde vienes. Es la hora de conocer tu prehistoria.

Durante los próximos días echaremos la vista atrás. Ha llegado el momento de descubrir quienes somos, y nuestras ayudantes serán la antropología, la biología y la historia. Hoy todavía no toca hablar de ninguna de ellas, pero sí de un concepto importantísimo para comprender la historia de la humanidad: la perspectiva temporal.

Como ya he dicho varias veces, nos han enseñado a pensar de manera analítica, en pequeño. La mayoría de nosotros, según nuestra esperanza de vida actual, tenemos en mente que más o menos viviremos unos 80 años, lo que visto desde el momento presente parece muchísimo tiempo. Y es cierto, teniendo como referencia la vida de una sola persona, 80 años es mucho tiempo.

Sin embargo, en estas próximas semanas, cuando hable del hombre no estaré refiriéndome a una vida de 80 años, sino a una vida de casi 3 millones de años, la vida de la humanidad. Será necesario ganar perspectiva y pensar a lo grande. Te transformo esos millones en ceros, para que quede más claro: 3.000.000 de años ;-)

Para comprender algunas de las cosas que voy a explicar, sin dejar a un lado esa perspectiva temporal, deberemos tener en cuenta tres puntos de vista:

  • Primero: la antropología data la aparición del género homo, es decir humano, aproximadamente hace unos 2,6 millones de años. Los primeros humanos anatómicamente modernos, los homo sapiens, ya existieron en Sudáfrica hace 260.000 años. Y los restos más antiguos de los que se tiene constancia de homo sapiens sapiens, los humanos de anatomía y comportamiento modernos, lo que hoy somos nosotros, tienen una antigüedad de 195.000 años -encontrados en Etiopía-.
  • Segundo: la biología darwinista siempre ha insistido en el mismo parámetro al reflexionar sobre evolución: el tiempo. Cualquier organismo vivo, dependiendo de las condiciones de su medio ambiente, tiene la capacidad de adaptarse para sobrevivir. El que se adapte mejor lo conseguirá, y el que no perecerá. Pero el valor fundamental en esa evolución y adaptación es único. Se necesita tiempo para evolucionar, adaptarse al cambio y sobrevivir, siempre y cuando la adaptación haya sido la adecuada -en nuestro caso, por el camino se quedaron homo habilis, homo ergaster, homo erectus, homo antecessor, homo neanderthalensis, etc. y a este paso el homo sapiens no tardará mucho-.
  • Y tercero: desde un punto de vista histórico podríamos decir que el hombre comprendido como tal lleva viviendo en la Tierra unos 2,6 millones de años. Esto nos sitúa a principios de la prehistoria, el Paleolítico, que por cierto es la era más larga dentro de la historia de la humanidad, representando el 99% de toda la vida del hombre, y por tanto la que ha dejado más huella desde un punto de vista genético y biológico. Desde el fin del Paleolítico, todo lo que ha ocurrido hasta ahora sólo representa el 1% de la historia del ser humano.

Sin embargo, durante estos últimos 10.000 años la humanidad ha realizado más cambios en su estilo de vida, alimentación y actividad física que en los anteriores 2,5 millones de años. ¿Cómo debe haber afectado esto en su salud y bienestar? Por no entrar a debatir en cómo ha afectado al planeta… Eso ya lo sabemos. La humanidad se ha convertido en el cáncer de Gaia, arrasando todo ser viviente que se encuentra por el camino.

Todavía no es momento de evaluar cómo nos ha afectado haber escogido este camino, el de la agricultura y el sedentarismo, aunque sí adelantaré algo que analizaré próximamente.

Los antropólogos han observado y determinado que, desde el Neolítico, la humanidad ha empeorado su calidad de vida, su salud y su bienestar. Hemos pasado de ser un animal potencialmente longevo, sano, fuerte, ágil, alto, delgado y feliz, a ser, hasta hace unos 100 años, una especie de animal-vegetal que moría más joven, bajo, delgado, débil, enfermo y deprimido, para acabar siendo hoy día más viejo y más gordo pero igual de débil, enfermo e infeliz.

Esto nos lleva a dos conclusiones:

  • En muy poco tiempo hemos pretendido realizar demasiados cambios, y eso no juega a nuestro favor de cara a una correcta adaptación. De ahí que, por ejemplo, consumir cereales nos esté matando por dentro acribillándonos a base de diabetes, cáncer, cardiopatías, celiaquía, estreñimiento, colon irritable, etc., y permanecer sentados o tumbados todo el día nos esté matando por fuera provocándonos cervicalgias, lumbalgias, problemas circulatorios, atrofia muscular, insuficiencia respiratoria, etc.
  • Sólo el que mejor se adapte sobrevivirá, y el que peor lo haga se extinguirá. Según los últimos estudios antroposociológicos, ¿sabes qué pueblos gozan de mejor salud y bienestar y mayores índices de felicidad de todo el mundo? Los aborígenes del desierto australiano, los indígenas de las selvas amazónicas, los esquimales de Groenlandia,… ¿Cómo vivirán? ¿Qué comerán? ¿Cuánto se moverán? Ahí está la respuesta para la supervivencia como especie y la garantía para la salud, el bienestar y la felicidad.

Muchos dirán “¡Eh! Pero la esperanza de vida ha aumentado considerablemente”. Es cierto, pero eso ha ocurrido en los últimos 150 años gracias al desarrollo de la medicina y la farmacia modernas, y además con unos fines muy distantes a la salud y el bienestar, como ya estamos empezando a comprender. El objetivo de ese aumento de la esperanza de vida responde a un interés económico, que no social o ecológico. Sigo insistiendo en un término: CALIDAD. No cantidad. No es ningún secreto que todos vivimos más pero peor.

Para temirnar, compartiré las que considero las tres puntas de lanza que han malherido a la humanidad, tres momentos que parecen haber aportado mucho -en cantidad- pero que a la vez también han quitado mucho -en calidad-:

  1. La revolución agrícola, hace 10.000 años.
  2. La revolución industrial, hace 250 años.
  3. La revolución digital, en nuestros días.

Sin ninguna duda, la primera es la que más daño ha causado tanto al hombre, un insignificante figurante en la vida del Universo, como al planeta Tierra. Pronto veremos por qué…

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