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¡Feliz 2012!
Poco a poco nos vamos acercando. He dedicado el último mes y medio a prepararme y prepararte para descubrir un nuevo estilo de vida, entrenamiento y alimentación. Después de liberar tu mente, comprender que la salud y el bienestar no dependen de un único factor, y apostar por una vida más presente dejando un poco de lado resultados y objetivos para disfrutar de las consecuencias, muy pronto tocará definir eso que estoy repitiendo una y otra vez desde hace unas semanas y que seguramente te habrás preguntado en más de una ocasión: ¿qué es el Bienestar Cavernícola?
De momento lo único que quiero es tranquilizarte. Sí, de algún modo este nuevo enfoque sugerirá una especie de “regreso a las cavernas”. Pero mi intención no es que dejes tu casa, tu trabajo y tu familia y te marches a buscar algún huequecito en la montaña para vivir a base de ardillas, castañas y moras -aunque si es lo que quieres, no tengo ningún problema-. Lo que prentendo es que como mínimo veas que existen otras maneras de vivir la vida, que no estás condenado al estrés, a la fatiga y al sobrepeso y que la forma de salir de este laberinto es recuperar ciertos hábitos que tenían nuestros ancestros en su estilo de vida, su manera de moverse y su alimentación. Es decir, integrar el Bienestar Cavernícola en el día de hoy.
Y ahora algo muy personal. Te hablaré de estudios, de antropología, de biomecánica, de nutrición,… todo eso está muy bien. Pero si puedo garantizarte que vivir de ese modo va a devolverte el bienestar y la salud que un día nuestra sociedad perdió por el camino, no es porque lo digan algunos libros o estudios. Si puedo recomendártelo es porque lo he probado, porque desde hace tiempo vivo así todos los días y porque no soy el único que ha decidido dar ese paso. Cada vez son más las personas que abandonan ese mundo artificial y superficial que hemos creado para volver a hacer las cosas como se hacían antes, a la vez que sin olvidar que siempre caminamos hacia adelante. Insisto, no es un paso atrás. Es una corrección de un error con la mirada puesta en el presente y en el futuro.
Por eso para este nuevo año, recuperando algo que escribí hace un tiempo, te invito a replantearte tu vida. Yo hace un tiempo lo hice, y descubrí que no quería ser un cavernícola, aunque sí quería ser casi un cavernícola
No quiero ser un cavernícola, pero casi
Si sólo me diferencio en un 1% respecto a un chimpancé, ¿por qué mi vida es un 99% distinta a la de él?
Aprovecharé nuestro progresos, pero sin mermar el equilibrio ecológico -naturaleza externa- ni mi calidad de vida -naturaleza interna-. Hará falta renunciar a algunas “falsas” y carísimas comodidades, a la vez que potenciar el uso de la tecnología para otras prácticas, sostenibles y ecológicas con el entorno, a la vez que sencillamente naturales para mí mismo.
Quiero apostar por la proximidad. Quiero tener el trabajo cerca de mi casa, así como mi familia y los comercios donde compro mis provisiones. Es absurdo tener que desplazarse habitualmente decenas de kilómetros para trabajar, estudiar, estar con la familia y los amigos o comprar comida. Quiero formar pequeños poblados en los que todos nos conozcamos, nos prestemos servicios los unos a los otros y nos comuniquemos cara a cara. Quiero cultura de pueblo, cultura de barrio, cultura de comunidad.
Quiero usar motores únicamente para el transporte de mercancías y de personas con limitaciones de movilidad, así como para los poco frecuentes viajes de larga distancia -car sharing, renting,…-. El resto, a pie o aprovechando nuestra tecnología rodada sin motor -bicicletas, patines, patinetes, etc.-, siendo la principal fuente de energía la combustión de azúcar y oxígeno, eso que hacemos al caminar, por ejemplo
Quiero que el verde bosque sea el protagonista, no el negro asfalto o el gris cemento. Quiero respirar aire limpio, sin contaminantes. Quiero olor a tierra. Quiero árboles y hierba, con caminos de tierra de no más de un metro de ancho adaptados para el transporte rodado sin motor -excepto para discapacitados, con motor eléctrico-.
Quiero comida de verdad. No quiero vegetales con pesticidas, carnes con hormonas y antibióticos, azúcares refinados, alimentos procesados o frutas transgénicas. Quiero comer autóctono y de temporada. Quiero vacas en libertad alimentadas de pasto, y no encerradas en una cerca comiendo maíz.
Quiero trabajar para vivir, sólo vivir. No quiero trabajar para consumir. Quiero poder ganar lo suficiente para tener un techo, comida, cultura y salud. Fuera de las necesidades básicas, no quiero nada más.
Quiero silencio, para poder escuchar lo que es realmente importante y para disfrutar del ruido en momentos de alegría y festejo.
Quiero activarme de día y dormir de noche. Quiero adaptar mi horario a la estación del año. Quiero dormir 12 horas en invierno y 6 en verano. Quiero tomar el sol a las 9 y las 17, no a las 14.
Quiero moverme más, mucho más. Quiero ser fuerte, resistente, ágil y elástico. Quiero caminar, correr, saltar, nadar, subir, bajar, hacer el pino y volteretas. Quiero jugar.
Quiero teléfono móvil, pero apagado la mayor parte del tiempo. Quiero usarlo sólo en caso de verdadera emergencia.
Quiero potenciar la comunicación con los de cerca -familia, amigos, vecinos, hijos, parejas,…-, no con los de lejos -redes sociales, chats, foros,…-. Quiero disfrutar del buen uso de Internet, donde reside el futuro del conocimiento, la educación y el teletrabajo, pero no para pasarme el día enganchado a mi red virtual. Es más bonita mi red social física.
Soy niño. Quiero aprender a expresar mis emociones, sacarle jugo a mi creatividad, no a producir para otros. Quiero que me enseñen a equivocarme, no a castigarme por ello. Quiero que me involucren en el aprendizaje, jugando y moviéndome, y no estar tres horas seguidas sentado, quieto, callado, escuchando al maestro.
Soy adulto. No quiero ser ni eficiente ni productivo. Quiero dedicar un buen rato del día a contemplar sin sentirme culpable. Quiero perder el tiempo una y otra vez, distraerme con una mosca. Quiero no hacer nada.
Quiero ser más instintivo, más consciente de mis emociones. Quiero sentir más y pensar menos. Quiero que la tranquilidad sea mi estado natural. No quiero necesitar la meditación, la relajación o el incienso. Quiero que ese estado sea la norma y no la excepción.
Quiero vivir lento. Quiero disfrutar de la lentitud. No quiero competir ni hacer mil cosas en un día. Quiero leer lento, caminar lento, pensar lento, digerir lento y hablar suave, y lento. Quiero reservar la velocidad para momentos de emergencia, que siempre los habrá, puntualmente. La vida no es una emergencia. ¿Por qué hacerlo todo rápido?
Quiero vivir el día a día. Quiero recordar mis errores para no volver a cometerlos, pero no para castigarme o arrepentirme. Quiero soñar y tener proyectos, pero no para quedarme ensimismado o estático y miedica, perdiéndome todo lo que me está pasando hoy.
Quiero ser como el hombre de las cavernas, con una inteligencia y tecnología infinitamente superior a la de mis antecesores y el resto de seres vivos, pero sin llegar a creer que estoy por encima de la naturaleza, que mi consumo puede ser ilimitado y que mi supervivencia y felicidad están aseguradas siendo racional, sedentario y gordo.
¡¡No quiero ser un cavernícola, pero casi!!






Acerca de
8 Comentarios
Mucho he leído y escuchado que se resume en esta entrega tuya al escribir. No diré mucho más porque no tengo demasiadas palabras para plasmar lo que me has transmitido. Quizá me quedaría con “emocionado, esperanzado y auténtico”. Gracias
Idilico articulo, espero que todo lo que “quieres” lo consigas, así estaras próximo a ser feliz, que es lo que yo quiero para ti.
Gracias de nuevo a ti Sergi
Tal vez, en parte, sea eso lo que quiero transmitir: emoción, esperanza y autenticidad.
Un fuerte abrazo!
Hola Montse,
sé que suena a utópico, pero también sé que es posible. No se trata de conseguirlo, se trata de hacerlo, jeje
Un abrazo!!
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Antes de nada, felicidades por tu blog, el buen rollo que trasmites no lo consigue mucha gente y lo mejor que consigues que la gente se replantee las cosas, hace poco leí tu post del reloj y desde que entro a trabajar me lo quito y lo único que hago es ponerme una alarma (más que nada porque la primera vez no me la puse y se me pasó la hora de la comida xD, también leí tu post sobre los beneficios de hacer ejercicio por la mañana (lamentablemente no guarde la pagina exacta y no puedo comentarte en ese post exacto) y me asaltó una duda, ya que ahora que voy a disponer de tiempo por la mañana me gustaría empezar a hacer ejercicio de nuevo y creo que las mañanas es MI mejor opción, pero ¿cuándo recomiendas que se desayune? antes del ejercicio o después, ya que es algo que no me quedo muy claro, a ver si me puedes solucionar la duda. Muchas gracias.
Hola Sara,
Antes de nada, como tú, gracias por las felicitaciones
Me encantan tus preguntas, sobre todo porque tengo la intención de responderlas poco a poco aquí en el blog. Te pediría que esperaras a leer mis explicaciones completas respecto al tema, pero eso podría ser mucho esperar. Además ahora tampoco puedo mostrarte todas las razones por la que creo lo que voy a decir, así que simplemente te contesto a tus preguntas pero sin entrar en matices ok?
Respecto al entreno, practicar ejercicio a primera hora de la mañana es la mejor opción sin ninguna duda. En ese momento tu organismo está intacto, descansado y fresco. Además te servirá para despertar “de verdad” y empezar el día a tope de energía.
Respecto al desayuno, como explicaré dentro de unas semanas, te recomiendo ir adaptándote poco a poco a no desayunar nada más te levantes, dejando el desayuno para después del entrenamiento. No lo hagas de golpe, pero tampoco tengas miedo de los mitos sobre hipoglucemias o lipotimias. ¿Cómo narices lo harán el resto de seres vivos? Sólo el hombre come nada más levantarse. Sin embargo, tiene mecanismos de sobras para estar unas cuantas horas sin comer e incluso realizando esfuerzo físico. Simplemente, se trata de reeducar al cuerpo
Como te decía, faltan muchas explicaciones para que acabes de comprender mis consejos. Si sigues leyendo el blog pronto las compartiré
Un saludo cavernícola!
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