El mejor sentido común: la coherencia natural

(Ni tú ni yo. No hablo ni de ti ni de mí. O sí. No te tomes esto como algo personal.)

La coherencia natural es una constante, nuestra guía. No dejo de insistir en ello. Desde hace relativamente poco tiempo, hace apenas unos siglos, el hombre se ha colocado por encima de todo, incluso de Dios o del Universo -en realidad da igual el nombre que le pongamos-. Sin embargo, a pesar de que a muchos ya les gustaría, afortunadamente todavía está muy lejos el día en que sea el hombre quien dictamine las normas. Esa no es su tarea. Esa labor ya tiene dueño: la naturaleza -por supuesto, sin olvidar que el hombre también forma parte de ella-.

No renegaré de los avances tecnológicos que la sociedad occidental, analítica, ha conseguido. Todo ocurre por un motivo, y si éste era el rumbo que una parte de la humanidad tenía que seguir, bienvenido sea. Hay cosas buenas y cosas no tan buenas. Aprovechemos las primeras y corrijamos las segundas, pero no sigamos tropezando con la misma piedra una y otra vez. A eso se le llama aprender.

Una de las cosas que parecemos estar aprendiendo es que el análisis nos hace perder cierta perspectiva y globalidad, características de otras culturas más orientales. En el ámbito de la salud, la medicina tradicional china o la Ayurveda hindú se han basado más en el diagnóstico y tratamiento global de los desequilibrios del ser humano, tomando como principio fundamental la observación de la naturaleza. Por fin, hoy día nuestra medicina, hasta ahora hermética, está teniendo en cuenta la utilidad y eficiencia de dichas prácticas y disciplinas -que curiosamente ya habían existido aquí, como las que practicaban los curanderos y alquimistas-.

La ciencia y el análisis tienen sus cosas buenas, pero la carencia de globalidad y la dependencia de los números y las estadísticas de nuestra medicina hacen que sea poco estable, a la vez que muy fácil de manipular.

Por un lado hemos llegado a creer y estar convencidos de que todos nuestros problemas de salud provienen de una única causa. La obesidad viene determinada por un gen, el cáncer de pulmón por el tabaco, el dolor de espalda por una mala postura, la mala circulación de mis piernas por mi abuela, la caries por los caramelos, etc. Sin embargo, cada vez existen más evidencias de que la enfermedad es un síntoma de insanidad global en la que influyen decenas o centenares de factores -por cierto, incontrolables uno por uno-.

Por otro lado se le está dando demasiada importancia a los números, algo que no escapa del interés de ciertos sectores -especialmente el farmacéutico- y de su manipulación para infundir miedo. Al ser la salud algo tan complejo y abstracto, utilizar números como representación de dicha salud es algo que la convierte aparentemente en algo mesurable, y por lo tanto tangible, lo que nuevamente nos hace perder perspectiva, además de ser usado para que nos podamos aferrar a algunos datos como si estos fueran significativos -sinceramente, al cuerpo le da prácticamente lo mismo tener un colesterol de 235mg/dL, dentro del margen “aceptable”, que de 245mg/dL, superando el límite prefijado por… ¿las farmacéuticas?-.

Detrás de los números aparece la ciencia. Antes de seguir quiero recalcar que para la mayoría de mortales -servidor incluido- el concepto puro de ciencia se nos escapa de nuestra comprensión y está muy lejos de lo que realmente es la ciencia para el científico. La información que nos llega a nosotros no es ciencia, sino interpretaciones de la ciencia. Y no hablo de cualquier ciudadano que se compre un libro del señor Punset, sino que incluyo en este grupo a todos aquellos que realmente no han -y hemos- estado en el “campo de batalla científico”, en el laboratorio. De este grupo no se salvan la mayoría de médicos, que lo único que hacen es repetir lo que les han enseñado en la facultad y las conclusiones e interpretaciones científicas de otros médicos que realizan estudios financiados por… vaya, otra vez aparecen por aquí los laboratorios farmacéuticos. ¿Algún médico se ha planteado alguna vez si lo que le enseñaron en la facultad de medicina o lo que le han explicado en el último congreso es realmente cierto? ¿Y si fuera una mala interpretación de la ciencia? ¿O incluso información manipulada?

Es por eso que, ante una misma enfermedad, un médico puede actuar de un modo opuestamente distinto a otro médico. ¿Cuántas veces no hemos buscado una “segunda opinión”? Con ello estamos aceptando que la medicina puede ser “opinable”

Es por eso que existen millones de dietas con diferentes nombres. Si tan exacto fuera el campo científico de la nutrición, todos sabríamos realmente lo que tenemos que comer para estar sanos y delgados, ¿no?

La ley de las leyes

Hasta cierto punto, es útil y práctico utilizar el análisis, los números y la ciencia. Pero no debemos olvidar algo.

Todos esos datos, estadísticas, clasificaciones, etiquetas, nombres, fórmulas,… han nacido del hombre, y son tan imprecisos, manipulables, corruptibles y muchas veces incoherentes como el propio hombre.

Hay algo que está por encima de él, que es el macrosistema de la naturaleza, la vida y el Universo. Y no me refiero a estar por encima como si fuera algo externo, al contrario. El hombre forma parte de esta naturaleza, y la única manera de mantener el equilibrio es dejándose llevar por ella y aceptar que es ella la que determina las leyes de la vida.

A partir de ahí, el hombre puede elegir entre fluir en su naturaleza o llevarle la contraria.

La ciencia y la coherencia natural en el Bienestar Cavernícola

Como no voy a poder, y ni tan sólo lo pretendo, cambiar la mentalidad analítica del lector, yo también me apoyaré en algunos datos e interpretaciones científicos -aquí puedes consultar mis fuentes-.

Seguramente te ha pasado como a mí. Yo he leído y estudiado decenas de libros y artículos acerca de salud, bienestar, nutrición, ejercicio físico, medicina,… Por suerte hoy día tenemos acceso a toda esa información casi de forma ilimitada. Si pienso en todos esos datos, la primera palabra que me viene a la cabeza es una: contradicción.

Por poner un ejemplo podemos encontrar infinidad de información sobre alimentación y dietas… Hipocalóricas, hiperproteicas, veganismo, ovolacteoveganismo, frugivorismo, canibalismo -es broma-, crudivorismo, la dieta de la alcachofa, la dieta mediterránea, la dieta del Dr. Dukan, la macrobiótica, etc. Todas ellas avaladas por médicos, científicos y especialistas, y como no podía ser de otra manera, todas ellas contradictorias entre ellas mismas y con nuestra propia naturaleza.

Parece ser entonces que la ciencia y la medicina, o siendo más concreto, sus diferentes interpretaciones, no se ponen de acuerdo ¿verdad?

En cambio, en el caso de la paleodieta, más allá de todas esas explicaciones científicas que podrían valer tanto como las del resto de “dietas”, ésta goza de una lógica y coherencia natural aplastante, por lo que la ciencia en sí tampoco importa tanto. Por ese motivo yo apuesto por  pasar al siguiente nivel. Observemos la naturaleza. ¿Qué alimentos nos ofrece? ¿Cómo y cuándo nos los regala? ¿En qué época del año comemos según el qué? ¿Qué alimentos podemos digerir? ¿Desde cuándo han cambiado nuestros hábitos? ¿Nos sienta bien lo que comemos?

¿Es nuestra alimentación coherente con nuestra naturaleza?

Generalizando la coherencia natural

Y así para todo. Para la alimentación, para la práctica de actividad física, para el descanso, para el trabajo, para nuestros hábitos,…

Más allá de ciencias, estudios y estadísticas, la pregunta del millón para cada una de nuestras costumbres y conductas, para nuestra vida, es:

¿Es coherente mi vida con mi naturaleza? ;-)

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