El verdadero hombre de las cavernas

En De vuelta a las cavernas ya empecé a despejar dudas en cuanto a mis intenciones. En muchos de los artículos de este blog no voy a proponer regresar literalmente a las cavernas, pero sí replantearnos nuestro estilo de vida, alimentación y actividad física con tal de parecernos más al hombre de las cavernas, un individuo que gozaba de una salud y bienestar envidiables, sobre todo comparados con los que tenemos hoy en día.

Antes de seguir quiero matizar algo muy relacionado con dos de los conceptos clave para comprender la naturaleza humana, la coherencia natural y la perspectiva temporal. No es que debamos cambiar y copiar la vida de nuestros ancestros. Sólo han pasado 10.000 años desde la revolución agrícola, nuestro gran error -aunque no todo lo que ha traído ha sido negativo-, y ese periodo de tiempo tan corto no es suficiente ni mucho menos para provocar un cambio evolutivo importante. Sin embargo, nuestra vida ha cambiado más en los últimos 10.000 años que en los 2,5 millones de años anteriores, lo que se está traduciendo en enfermedad, problemas de salud, déficit de bienestar y tendencia a la infelicidad.

Hoy día, la distancia entre lo que hacemos y lo que realmente somos es tan grande… Porque la realidad es que, biológicamente hablando, somos casi calcados al hombre del Paleolítico. Entonces no se trata de cambiar nuestra naturaleza actual, la cual de natural tiene poco. Al contrario, se trata de ser fiel a nuestra naturaleza real, a ese sentido común natural, y de esa forma recuperar la salud y el bienestar.

Nuestra educación y el entorno que nos rodea no ayudan en nada a sentir y percibir esa realidad. Estamos intoxicados de información, vivimos en la confusión, dispersos y distraidos, y hemos perdido la conciencia de lo que realmente somos. Afortunadamente para los que queremos recuperar el bienestar cavernícola, hoy día contamos con el estudio de nuestros antropólogos, el cual nos brinda la posibilidad de conocer cómo eran nuestros antepasados, qué hacían, qué comían, cómo y cuánto se movían, etc.

Cómo era un cavernícola

El hombre de las cavernas era un individuo sorprendentemente sano.

Al contrario de los que nos explicaron en el colegio, los restos encontrados de muchos de nuestros ancestros anteriores a la revolución agrícola pertenecen a individuos altos -hasta 1,80cm.- y de un esqueleto especialmente fuerte. No existen señales de malformación ni degeneración ósea -artrosis, osteoporosis,…-, ni tan sólo de caries, las cuales suele ser resultado de la malnutrición. Tampoco padecían nuestras enfermedades degenerativas o crónicas, tales como diabetes, cáncer, enfermedades cardiovasculares, Alzheimer, miopía, acné, obesidad, etc. La tasa de mortalidad infantil era baja, semejante a la de hoy día en las comunidades de chimpancés, y aunque la esperanza de vida rondaba los 35 años debido a los peligros de la sabana y a las enfermedades infecciosas, la longevidad potencial del cavernícola superaba los 60 años.

Qué hacía un cavernícola

Su única preocupación era sobrevivir, por lo que sus necesidades básicas eran comer, cobijarse y contar con algo de abrigo. ¿Cómo cubrimos nuestras necesidades básicas? ¿Trabajando verdad? El trabajo del cavernícola dependía de su género; generalmente el hombre se dedicaba a cazar y la mujer a recolectar y cuidar de las crías. ¿Cuánto tiempo dedicaban a “trabajar”? Se estima que entre 15 y 20 horas semanales. ¿Y el resto del tiempo qué hacían? Lo que nos gusta hacer a todos: ocio, relaciones sociales y descansar. Eso sí es vida ;-)

Lógicamente, la supervivencia no sólo implicaba a la del propio individuo, sino a la de la especie, así que la siguiente prioridad del cavernícola era reproducirse, papel que especialmente recaía en la mujer. La hembra paría por primera vez alrededor de los 14 años, y luego lo hacía aproximadamente cada 4 ó 5 años, tiempo suficiente para amamantar al hijo anterior y que éste pudiera subsistir sin su cuidado continuo. Cada mujer llegaba a tener entre 7 y 8 hijos, interrumpiendo su etapa reproductora a los 45 años. A partir de ahí era más sensato ayudar a las primeras hijas como abuela, cuidando de los nietos. Es por ello que a partir de esa edad se tengan los primeros síntomas de menopausia.

A la vez, la vida del cavernícola era distinta todos los días. Dentro de un marco natural que repetía ciertos periodos determinados por los ritmos biológicos -circadiano, anual, estacional, lunar,…-, cada día era diferente, cada día traía una sorpresa, cada día venía acompañado de asombro, etc., lo que hacía que la vida fuese divertida y emocionante, no rutinaria y monónota como hoy día.

Aún así, conviviendo con la incertidumbre y la necesidad de cazar, recolectar y reproducirse, la vida en la sabana era relajada y calmada, con picos de estrés muy puntuales -la propia búsqueda de alimento, el ataque de un depredador, etc.-. El hombre vivía lento y tranquilo, y aprovechaba cualquier momento para descansar. Cuando el Sol se escondía, la actividad cesaba y pronto dormía, y al llegar el amanecer se despertaba progresivamente con la luz solar. Esto también implicaba que durante el invierno el hombre durmiera más que en verano, por ejemplo. Vaya, lo que nos suele apetecer a todos…

Qué comía un cavernícola

Comía lo que le ofrecía la naturaleza en cada momento, en cada estación. Mayoritáriamente vegetales, frutas, carne, pescado, semillas y frutos secos, y excepcionalmente, bayas, tubérculos y miel. Cabe mencionar que lo que nunca comía eran cereales -no podía digerirlos- y lo que nunca tomaba era leche -¿de quién?-, y aún así gozaba de una mayor salud que nosotros. Y por cierto, lo único que se cocinaba eran las carnes y pescados. Los vegetales se comían crudos, ya que al cocinarlos se quemaban o se deterioraban, y perdían su sabor -y con éste su valor nutricional, aunque aún no lo sabían-.

Además, es fundamental comprender que el cavernícola comía sólo cuando tenía hambre real, cuando se lo pedía el estómago, como el resto de animales. El hombre de hoy día es el único animal que planea las comidas, que come cinco veces al día sin tener hambre o al que le tiras un filete y salta a por él sin piedad aún estando harto.

Uno de los hechos más importantes y diferenciadores a nuestro estilo de vida es cómo conseguían los alimentos, algo estrechamente relacionado con la siguiente cuestión.

Cómo y cuánto se movía un cavernícola

Se movía básicamente para encontrar comida, el hombre cazando y la mujer recolectando y cuidando de las crías -de ahí que el hombre sea físicamente más fuerte que la mujer, mientras que ésta se desenvuelva mejor en la multitarea, haciendo más de una cosa a la vez-.

Trabajar requería moverse y además de una manera muy concreta. El hombre estaba preparado para la velocidad y la fuerza máxima en momentos muy puntuales. Como buen estratega, no necesitaba correr 10 kilómetros diarios a un ritmo continuo -en realidad no hay ningún otro animal tan estúpido como para derrochar energía de esa manera-, aunque sí muchas carreras a máxima velocidad para atacar a su víctima y muchos trayectos cargando y transportando pesos importantes. Los movimientos que realizaba eran globales y mecánicamente complejos, los cuales requerían de mucho equilibrio y trabajo coordinativo, sin normas posturales ni repeticiones de un cierto patrón. Se calcula que tanto hombre como mujer caminaban entre 15 y 20 kilómetros diarios.

Por otro lado, como decía antes, el resto del tiempo un individuo se relacionaba con los demás o se entretenía con cualquier tontería, pero una vez más para ello se requería actividad física. El ocio y las relaciones sociales eran eminentemente físicas, las cuales en muchas ocasiones implicaban eso que ya casi nadie hace: jugar.

El cavernícola era un ser tremendamente activo, y por eso se cree que, sumado a las pruebas de sus robustos y grandes esqueletos, el hombre era atlético y muy fuerte.

¿No envidias parte de esa vida?

Yo sí. Bueno, de hecho ya la llevo y por eso la recomiendo ;-)

Nuevamente vuelvo a insistir en que no hace falta volver a la sabana. No creo que nadie quiera cruzarse con un león cada mañana antes de ir a trabajar.

Pero tras esa vida que acabamos de ver se esconden los secretos para recuperar la salud y el bienestar que un día perdimos, en parte gracias a la agricultura y el sedentarismo.

¿Algún voluntario para vivir, comer y moverse como un cavernícola? :-D

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