La única manera de aprender: equivocarse

Repito. Durante estos días, cuando hablo del hombre no lo hago refiriéndome a un individuo que vive unos 80 años, sino a un ser que tiene una edad de 2,6 millones de años. No olvidemos la perspectiva temporal.

Este hombre, como cualquier otro organismo, se ha adaptado durante millones de años a su medio ambiente con tal de sobrevivir, y esa adaptación requiere de otro proceso muy importante: el aprendizaje. No quiero alargarme mucho en lo que significa aprender, pero sí insistir en el papel fundamental que juega en este proceso el error. Para aprender necesitamos equivocarnos.

Hace un tiempo Mertxe Pasamontes, psicóloga 2.0, compartía con nosotros un artículo que resume muy bien la idea: Si no fallas, no aprendes. Ya estemos hablando de la vida de un hombre o de la historia de la humanidad, experimentar y equivocarse es en realidad la mejor manera de aprender, y consecuentemente adaptarse, ya que, como nos recuerda Mertxe, “aprendemos mejor aquellas cosas en las que previamente nos hemos equivocado y luego rectificado, ya que dejan mayor impacto en nosotros”.

La vida, como una excursión

En este sentido, podemos entender la vida y la historia de la humanidad como una aventura sin principio ni final conocidos.

Un día te cogen y te plantan en un camino en medio de la montaña, con un mapa algo antiguo y probablemente con indicaciones no del todo adecuadas -tu educación- y poca cosa más. De primeras, muerto de miedo, te quedas quieto; no sabes dónde estás ni qué hacer. Pero pronto aparcas ese miedo y te pones en marcha, ya que el hambre y la curiosidad empiezan a apretar. Encuentras uno de los senderos marcados en el mapa por donde otros ya han pasado y decides seguirlo, pero para tu sorpresa llega un momento en que éste se bifurca en dos caminos más. No te queda otra. Debes arriesgarte y elegir.

Decides tomar el de la derecha -y aquí no hay connotaciones políticas ;-) -. Al principio todo parece ir bien. El camino es fácil y encuentras agua y comida en abundancia. Sin embargo, al cabo de unos kilómetros la cosa se complica. El camino es pedregoso y muy empinado; tus pies empiezan a dolerte. Además, ya no hay tanta agua y lo que encuentras para comer no te sienta nada bien. Empiezas a pensar que tal vez debías haber tomado el camino de la izquierda. Tú no te rindes a la primera y continúas -no está mal perseverar un poco-. Pero nada cambia, el camino sigue complicándose cada vez más y tu cuerpo empieza a dar señales de fatiga, las ampollas en los pies ya no te dejan caminar y tu estómago rechaza la poca comida que te llevas a la boca -te estás intoxicando-. Nuevamente es momento de elegir.

Puedes hacer caso omiso a todas esas señales, continuar por un camino con un paisaje horrible y que cada vez se muestra más complicado, seguir sufriendo por el resto de tu vida, acabar agotado y enfermo, e incluso morir. Este sería el claro ejemplo de cómo tropezar dos, tres y cien veces con la misma piedra; lo que estamos haciendo hoy día con nuestra salud y bienestar.

O puedes aceptar que tal vez erraste en tu elección desde la ignorancia -tú no conocías el camino aunque te lo marcase el mapa, así que no te sientas culpable-, tomar todas las cosas buenas y no tan buenas que has encontrado por el camino -aprender- y dar media vuelta para regresar a la bifurcación, para entonces probar con el camino de la izquierda -rectificar y seguir experimentando, sin olvidar que cualquier día puedes volver a equivocarte, ya que hay que añadir que generalmente no hay sólo dos caminos, sino infinitos-.

El caso es que, sea como sea, si decides aprender tampoco debes torturate por haberte equivocado, porque precisamente fue la valentía de arriesgar y después equivocarte lo que te ha hecho aprender. Dejemos de ver el error como algo negativo.

Los errores de la humanidad

Va a ser la segunda vez que los nombre, pero no la última. Desde mi punto de vista la humanidad ha cometido tres grandes errores que han afectado negativamente al bienestar y la salud del individuo, así como a lo social de la comunidad humana y al equilibrio de la naturaleza. Estos son la revolución agrícola de hace 10.000 años, la revolución industrial de hace 250 años y la revolución digital que estamos viviendo actualmente desde hace 50 años. Nos han dado mucho, pero también nos han quitado. ¿Nos quedamos con lo bueno y rectificamos lo no tan bueno? ¿Aprendemos del error?

Hoy no toca analizarlos; lo dejo para el próximo día. Pero sí quiero dejar claras un par de cosas:

  • No cambiaría nada. La humanidad debe aceptar estos errores como algo necesario en su adaptación y aprendizaje. En parte, si queremos un mundo mejor es porque estamos viendo que éste no nos está sentando nada bien, ni individual ni colectivamente. Estamos aprendiendo -o eso espero-.
  • No sabemos lo que traerá el futuro, pero lo que está claro es que por este camino no podemos continuar. Nos está matando. Es necesario dar un paso atrás y volver a la bifurcación, pero no para quedarnos anclados en la Edad de piedra, sino para explorar otros caminos.

Concretando en nuestra salud y bienestar

Insistiré hasta ser cansino si hace falta. La agricultura y una dieta rica en cereales y lácteos, el sedentarismo, el estrés sostenido en el tiempo y una vida incoherente con nuestros ritmos biológicos son un error. Aprendamos y volvamos atrás, a una dieta rica en vegetales, frutas, carne, pescado y grasas de alta calidad, a una vida físicamente activa, al estrés puntual y a la coherencia natural.

Y a partir de ahí, de la salud y el bienestar que un día abandonamos apresados por el miedo de la inseguridad de la sabana, explorar nuevos caminos y reinventar el futuro.

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