Contrarrestando las incoherencias naturales

Ya vimos hace unos días que, digan lo que digan la ciencia -aunque ésta también pueda servir para explicar “científicamente” algunas cosas- y los medios de comunicación, existe una ley suprema a cualquier razonamiento, el verdadero sentido común: la coherencia natural.

Tanto desde nuestra herencia cultural como desde los medios y la publicidad, muchas creencias antinaturales han sido cristalizadas en nuestros hábitos, y negarlas e incluso hacer lo contrario a lo que dictaminan te convierten en un bicho raro. Sin embargo, una vez te paras a mirar el proceder de la naturaleza te das cuenta de que gran parte de nuestras costumbres son absolutamente incoherentes.

No voy a debatir los intereses intencionados -o no- de dicha instauración de creencias y verdades absolutas, aunque la mayoría tengan fines comerciales o sean fruto del egocentrismo de personajes como el Dr. Ancel Keys, creador de la Dieta Mediterránea, pero sí insistir en la importancia de pararse un momento, volver a observar la naturaleza y tener la suficiente conciencia y coraje como para cambiar todo aquello que no es coherente con ella, recuperando de esa manera la salud y el bienestar.

También puede decir misa la ciencia, muchas veces imprecisa y equivocada -como es natural en todos nosotros-, y otras tantas manipulada. Hace no más de 30 años fumar era bueno para la salud, aunque nada más pones en la cara de cualquier animal un palito que echa humo y apesta le den ganas de toser -algo así como rechazar-. Tampoco hace más de 5 que la yema del huevo incrementaba los niveles de colesterol en sangre y se recomendaba separarla de la clara, cuando a ningún animal se le ocurre separar la yema de la clara al comerse uno -ni tan sólo saben lo que es una yema y una clara-. Hoy el fumador está casi condenado a la hoguera por parte de gobiernos y medicina -curiosamente uno de los sectores que cuenta con más fumadores-. Hoy la yema del huevo ya no sólo no incrementa los niveles de LDL, el “colesterol malo” -aunque pronto veremos que no lo es tanto-, sino que lo hace disminuir.

¿A quién creer entonces? Sólo hay una fuente fiable. Alguien que sabe más que el hombre, a la vez que no necesita demostrar nada a nadie. Alguien mucho más grande y poderoso que la humanidad. Sólo ella: la naturaleza.

El hombre, las prisas, la biología y el tiempo

Como ya hemos visto en nuestro repaso histórico, un día al hombre le entró el miedo, y con el miedo las prisas. Ha querido implantar ciertos cambios demasiado rápido. Pero la naturaleza no entiende de prisas, y necesita tiempo para asentar y estabilizar en un animal, por ejemplo, un cambio de su postura corporal o de su dieta.

Es por eso que el hombre todavía no está preparado para comer cereales, vivir deprisa, estar despierto por la noche, correr una hora seguida, etc. Todos estos comportamientos deterioran su salud.

Por supuesto que el hombre, por ejemplo, podría alimentarse algún día sólo de vegetales, o incluso copiar el comportamiento de estos y alimentarse de la luz del Sol. Todo es posible en la evolución, cualquier adaptación. Pero para ello necesitaría tiempo, el cual en biología se mide en decenas de miles, centenares de miles y miles de miles de años -es decir, millones-.

Además, cualquier cambio de este tipo debe responder a dos cuestiones. La primera, la necesidad real del cambio. Y hoy no lo necesitamos, ya que controlamos la producción de los alimentos y conocemos una parte importante del funcionamiento de nuestro cuerpo. La segunda, el equilibrio de la naturaleza entera, el cual parece quedar patente que poco nos importa.

Bueno, la naturaleza hace lo que tiene que hacer:

  1. Avisar al hombre de que por aquí no va bien, a base de dolor, infelicidad, malestar y enfermedades como la obesidad, la diabetes, las cardiopatías, el Alzheimer, etc.
  2. Desabastecer al hombre de alimento -los recursos se están agotando- y, finalmente, extinguirlo.

¿Y ahora qué hacemos?

Yo no tengo las respuestas para evitar la extinción. Tal vez os sirvan sites pro-ecológicos como el de Sergi Caballero o ValeDeOro.

Lo único que puedo hacer es invitarte a seguir una serie de pasos para contrarrestar esas incoherencias naturales:

  1. Vaciar la mente. No creer nada de lo que te han inculcado. Replanteartelo todo, cuestionarlo todo. ¿Por qué corres una hora seguida en una cinta? ¿Por qué te quedas despierto hasta las tantas? ¿Por qué vas tan deprisa a todas partes? ¿Por qué comes pan? ¿Por qué no te puedes comer la piel del pollo? ¿Por qué te tomas un ibuprofeno cuando te duele la cabeza? ¿Por qué te duchas todos los días? No te creas nada. No me creas ni a mí -lo entenderás en el punto 5-.
  2. Recuperar la conciencia. No necesitas que nadie te indique nada, ni tan sólo los números que rodean tu vida -peso, altura, milígramos en sangre,…-. Tú tienes todas las herramientas que necesitas para saber cómo estás y si estás haciendo las cosas de forma adecuada.
  3. Observar la naturaleza. Sí, sigue ahí fuera, aunque tú ya no tengas tiempo para mirarla ni que sea un minuto al día. Puedes aprender tanto de ella…
  4. Determinar las incoherencias naturales. Hay cantidad; podrías llegar a aburrirte.
  5. El punto más importante: experimentar la coherencia natural. Prueba a vivir de otra manera, que se puede. Hasta que no pruebas algo no puedes decir que no te sirve, mientras que está quedando bastante claro que esta manera de hacer las cosas tan artificial no nos está sirviendo para nada. Este camino ya lo conoces. ¿Por qué no probar otro? Imita a la naturaleza.

¿Listo para descubrir unas cuantas incoherencias naturales?

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