Juan Miguel, testimonio del exceso deportivo y la incoherencia natural

Hago una parada en el camino para compartir contigo un regalo que me llegó hace unos días de parte de un lector malagueño, Juan Miguel Soler, en forma de correo electrónico.

Juan Miguel se presenta como una persona deportista y saludable, y no me queda ninguna duda de que lo es. Ahora bien, como él mismo se describe, durante mucho tiempo formó parte de ese grupo del que a veces hablo, aquellos que comprenden que el hombre está hecho para el movimiento pero que, probablemente gracias a la educación productivista y competitiva que hemos recibido y a la cultura del sacrificio que nos rodea, han llevado al extremo la práctica deportiva de la manera más incoherente posible, cegados por los objetivos del rendimiento deportivo, incluso pasando por encima de la salud y de los avisos que el cuerpo nos va enviando con cierta frecuencia informándonos de si la vida que llevamos le resulta beneficiosa o nociva.

Juan Miguel me escribía a raíz de alguno de mis tweets del tipo “¿Te sientes orgulloso cuando el médico te dice que tienes corazón de deportista? Yo no estaría tan contento por tener bradicardia”, en los que suelo poner en duda algunas de las creencias que tiene nuestra sociedad acerca de la salud, el bienestar, la dieta y el deporte.

En este sentido, él nos ofrece un testimonio directo de lo que puede ocurrir cuando nuestra vida es incoherente con nuestra naturaleza, a la vez que nos demuestra que cualquier persona puede cambiar de mentalidad y hábitos a base de conciencia y ganas de aprender, y así recuperar la salud y el bienestar.

Os dejo con algunos pedacitos de emails -no los iba a copiar enteros; hay cosas que no vienen al caso ;-)

¡Gracias Juan Miguel!

<< Como te decía, a raíz de un suceso que sufrí el año pasado mi punto de vista de la vida ha cambiado radicalmente, por supuesto también de mi cuerpo y de cómo deberíamos ser. He leído, aprendido y experimentado muchísimo desde entonces, descartando lo que no me funciona y quedándome con aquello que me sienta bien. De todas formas siempre, siempre investigo muchísimo antes de empezar a poner algo en práctica, razonándolo o bien con la ¿lógica? (si se puede usar esa palabra en este contexto) o simplemente dejándome llevar por mi intuición al escuchar mi cuerpo.

Hasta el año pasado practicaba deporte, ciclismo concretamente, a un nivel competitivo bastante exigente. Lógicamente cuidaba mucho la planificación de mi ejercicio y mi dieta…. por supuesto teniendo en cuenta los principios de la competitividad y superación, como no puede ser de otra manera, pensaba yo (iluso de mi…). El caso es que, al contrario que la gran mayoría de mis compañeros, yo me preocupaba muchísimo por leer, investigar y dar cada paso sabiendo lo que hacía. Esto es lo que intento hacer de nuevo en esta etapa de mi vida: aprender. Y aunque al final todo se resume en escuchar mi cuerpo, al principio es importante desconectar de lo que nos han enseñado a través de una especie de “guía” sobre lo que hemos estado haciendo mal.

Durante ese tiempo de entrenamientos y carreras, la carga de estrés físico y mental era enorme, imagino que ya lo sabes tan bien como yo, por lo que mi cuerpo me dio un susto en forma de síncope vasovagal (pérdida de conocimiento ¡encima de la bicicleta!). Aunque el accidente pudo haber sido catastrófico, no me pasó nada realmente serio, al margen de pasar varios días hospitalizado porque los médicos no conseguían un diagnóstico definitivo de lo que me había sucedido.

La conclusión, al fin, fue de un síncope puntual debido a deshidratación y que me provocó un descenso brutal de mi pulso que el sistema simpático no pudo contrarrestar, lo que causó una pérdida de conocimiento. Concluyeron, además, que tenía un estado de forma impresionante y el corazón de un deportista muy entrenado, con bradicardia importante incluida, como no podía ser de otra manera.

Después de ponerte en situación muy por encima de lo que era parte importante de mi vida, entenderás que este hecho en lugar de motivarme a entrenar más, me hizo darme cuenta que no se trataba de un episodio de falta de hidratación, sino de un aviso de mi cuerpo. Tomé nota y empecé a olvidar todo lo aprendido y a descubrir un apasionante mundo que ha hecho aumentar mi calidad de vida. En este proceso de aprendizaje y reciclado te conocí a ti, virtualmente hablando claro está :)

Sé que tengo mucho que aprender aún, y sobre todo mucho que olvidar, por esto continúo investigando todo lo que me parece lógico -como te decía, desde la intuición- y con ansias de encontrar The Way, como lo llaman algunos.

…/…

Si bien la alimentación es un tema en el que considero que he hecho cambios radicales y muy acertados, la baso en una mezcla muy personal de paleodieta acorde a mi genotipo, en lo que respecta a la práctica de ejercicio -que ya no llamo deporte y no lo practico a un nivel de entrenamiento ni competitivo- me resulta complicado cambiar ciertas cosas que me gustan, como por ejemplo rutas en bici con los amigos de 3 ó 4 horas de duración. Aunque me siento muy bien haciéndolo, me gustaría aprender más sobre el funcionamiento del cuerpo en ese estado de prácticas puramente cardiovasculares y si debería plantearme el corregirlas.

…/…

…es muy curioso lo que comentas. Nos centramos en el deporte y en una cuidada y metódica alimentación pensando que estamos cultivando un cuerpo saludable… por supuesto sin escucharlo.

En estos niveles altos de exigencia física pensamos que el cuerpo es flojo por naturaleza y le insistimos una y otra vez para que soporte auténticas barbaridades. No nos damos cuenta que no se queja por flojera, sino que nos habla diciéndonos que lo estamos maltratando. Así hasta que dice ¡basta! en forma de enfermedad, lesión o, como fue mi caso, en un desvanecimiento.

Y sobre la forma de comer, ¡qué te voy a contar!. Un deportista no sólo lleva al extremo eso de “hay que comer de todo”, sino que debe buscar las enormes cantidades de calorías que consume diariamente hasta debajo de las piedras. Parece que vivimos con una calculadora en una mano y una balanza en la otra; pesamos lo que comemos, medimos nuestras necesidades como si fuésemos un ordenador y lo nos echamos a la boca mil y un alimentos hipercalóricos.

En fin, que a toro pasado es fácil darse cuenta de estas locuras, pero cuando estás totalmente inmerso en este mundo, no sólo es normal sino que quien diga lo contrario es “un chalao”, jejeje.

Soy un afortunado y a cada día que pasa doy gracias por haber tenido aquel “accidente”. Me ha hecho darme cuenta de tantas cosas y replantearme la vida de tal manera que hoy en día no la concibo de otra forma.

Eso sí, es muchísimo todo lo desaprendido en este camino y vuelta a aprender. Intento transmitirlo a aquellos conocidos o amigos que se interesan tanto en este cambio tan radical que han visto en mi, alguien que planificaba todo al más mínimo detalle para obtener el máximo rendimiento, como para invitarme a un café para charlar o bien que publique artículos en sus blogs o foros. Jeje, si antes escribía y orientaba a los compañeros con el objetivo de una perfecta planificación buscando la superación y competición, no sé qué pensarán ahora que tiro por tierra todas aquellas teorías que tanto defendía. >>

 

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