La mejor manera de medir tu bienestar: las sensaciones

Esta entrada es la continuación de la anterior, La peor manera de medir tu bienestar: los números.

Al reflexionar e intentar valorar tu salud y bienestar, ¿en qué sueles fijarte? ¿En la báscula? ¿En tus analíticas? ¿En el tiempo que tardas en correr 10 km? ¿En la talla de tus pantalones? ¿En tu IMC? Creo que ya quedó bastante claro por qué los números no son una buena referencia de nuestros niveles de salud y bienestar. Entonces, ¿cómo saber si el estilo de vida, la dieta o el ejercicio físico que practicamos nos beneficia o nos perjudica?

La clave está en una sola pregunta: ¿Cómo me siento?

Es curioso como se empieza a levantar alguna voz desde la comunidad médica en contra de tanto “análisis numérico” y a favor de un modelo basado en la escucha activa del propio cuerpo. El Dr. Bruce Lipton, autor del fantástico libro La biología de la creencia, es uno de los científicos que recomiendan volver a recuperar y desarrollar las capacidades sensitivas que tiene nuestro cuerpo, las cuales hemos olvidado por relegar a los medios externos la valoración y el diagnóstico de nuestra salud.

Él mismo nos recuerda la sensibilidad extraordinaria que todavía hoy tienen los aborígenes australianos para descubrir pozos de agua en el desierto, algo aparentemente místico, pero real, o incluso la capacidad que tienen todos los animales para valorar su salud en un momento puntual, determinar que se sienten enfermos, por ejemplo ante un dolor de barriga, e instintivamente reaccionar en consecuencia, por seguir con el ejemplo, con un ayuno.

Como decía en la entrada anterior, los números pueden engañarnos, pero el cuerpo nunca lo hará.

Además, aparte de haber perdido cierta sensibilidad y percepción corporal, la mente, influenciada por la educación y la cultura del sacrificio originada durante los inicios del cristianismo, suele tomar el camino contrario a la emoción surgida de la sensación. Por ejemplo, cuando nos duele la cabeza, el cuerpo y la emoción suelen pedirnos silencio, oscuridad y descanso, pero nuestra mente productiva nos empuja a seguir trabajando. ¡Es nuestra obligación! O cuando salimos a correr y después nos duelen las rodillas, en vez de aprender sobre el daño que hemos provocado en nuestras articulaciones, lo mejor que se nos ocurre es tomarnos un antiinflamatorio para poder salir a correr al día siguiente. ¡Tenemos que rendir!

Es momento de comprender que la naturaleza y nuestras sensaciones siempre estarán a nuestro favor y nunca pretenderán hacernos mal alguno, y escoger el camino que nuestras sensaciones nos invitan a seguir.

Entonces, ¿cómo medir nuestro bienestar y salud?

Es muy sencillo. Cuando nuestra vida sea coherente con nuestra naturaleza el cuerpo nos enviará señales de placer, de equilibrio, de belleza, de energía, de agilidad, de ligereza, de flexibilidad,… nos responderá con salud.

Cuando nuestra vida sea incoherente con nuestra naturaleza el cuerpo nos devolverá dolor, pesadez, rigidez, deformidad, fatiga, gordura,… definitivamente, enfermedad.

Así que en vez de prestar tanta atención a tu IMC o tu frecuencia cardiaca en reposo, deberías empezar por preguntarte sencillamente cómo te sientes. Algunas cuestiones útiles para saber si nuestro estado es óptimo y si nuestros hábitos son adecuados podrían ser:

  • ¿Me duele X después de…?
  • ¿Me sienta bien hacer…? -sobre todo desde la sensación, no desde la corrupta y perversa razón-.
  • ¿Hago bien la digestión?
  • ¿Voy de vientre con regularidad?
  • ¿Me siento enérgico? ¿O más bien fatigado?
  • ¿Tengo buen aspecto?
  • ¿Qué tal está mi piel? ¿Brillante o mate?
  • Al moverme, ¿me siento ligero o más bien pesado?
  • ¿Soy flexible o rígido?
  • ¿Tengo fuerza o me siento débil?

Como dice el nombre de este blog, tal vez el primer paso para recuperar la salud sea tan sencillo como escuchar tu cuerpo.

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