Qué es la Paleodieta o Dieta Paleolítica

(Ni tú ni yo. No hablo ni de ti ni de mí. O sí. No te tomes esto como algo personal.)

Antes de descubrir en qué consiste de manera resumida la paleodieta, repasemos algunos conceptos clave:

  1. La genética y la fisiología del hombre actual es el resultado de millones de años de evolución. Los cambios y hábitos introducidos en nuestra alimentación durante los últimos 10.000 años son insignificantes respecto a la base genética establecida durante los 2,5 millones de años anteriores.
  2. Hoy día, las comunidades que todavía viven en el planeta tal y como vivían los hombres del Paleolítico presentan mejor salud y bienestar que el hombre moderno, y no han desarrollado enfermedades como cáncer, diabetes, cardiopatías, celiaquía, osteoporosis, Alzheimer o depresión.
  3. El hombre forma parte de un todo, la naturaleza, y desde un punto de vista nutricional también participa en un proceso cíclico conococido como cadena trófica o cadena alimenticia. Cualquier modificación biológicamente injustificada en dicha cadena provoca desequilibrios tanto a nivel individual, el propio hombre, como a nivel global, el ecosistema. El hombre no puede ni debe comer cereales, legumbres o lácteos de origen animal porque no forman parte de su cadena alimenticia. El hombre puede y debe comer carne y pescado y, sobre todo, grasas de todo tipo -saturadas incluidas-, porque son los alimentos para los que la evolución le ha moldeado durante más de dos millones de años. Él no dictamina las leyes, sino la naturaleza y la evolución.

¿Qué es la paleodieta?

La dieta del Paleolítico es el tipo de alimentación que mantuvieron durante millones de años los homínidos, nuestros antecesores, y durante más de 200.000 años el homo sapiens, el hombre actual.

Durante todo ese tiempo hasta hace sólo entre 10.000 y 4.500 años, dependiendo de la zona del planeta, el hombre se alimentó de lo que encontraba, cazaba o pescaba, de ahí que también se la conozca, sobre todo en el ámbito de la antropología, como la dieta del cazador-recolector. Los alimentos que conforman la dieta del hombre pre-neolítico son vegetales, hortalizas, frutas, tubérculos, raíces, carne, pescado, huevos, semillas, frutos secos y excepcionalmente miel y bayas de temporada.

Todo cambió hace 10.000 años durante la revolución agrícola, el peor error en la historia de la humanidad según la comunidad antropológica, cuando el hombre empezó a domesticar unas hierbas hasta entonces salvajes, los cereales, los cuales no podía digerir crudos -dentro de la cadena trófica, éstos están reservados para nutrir a otras especies como los pájaros o algunos rumiantes-. Sin embargo, el hombre descubrió que sí podía digerirlos remojados o molidos, y años más tarde cocidos -es decir, procesados-, y los cereales se convirtieron en una fuente energética barata, abundante y fácil de conservar. Curiosamente, algo que analizaremos, desde ese preciso momento el hombre empezó a desarrollar las “enfermedades modernas” que comentaba más arriba. La osteoporosis, la caries, el cáncer, la diabetes, las cardiopatías, el Alzheimer y la infertilidad tienen mucho que ver con el consumo de cereales, legumbres y lácteos, además de otros factores como la falta de sueño y el estrés.

No sólo es lo que comemos, sino cómo, cuánto, cuándo,…

De momento lo que más choca es el hecho de que la paleodieta excluye cereales, legumbres y lácteos pero, como es lógico, eso no es todo. Aunque el qué sea el principal motivo, no podemos reducir y señalar a un único factor de nuestra alimentación como causante de la incoherencia natural y la consecuente enfermedad.

La paleodieta nos invita a determinar no sólo lo que debemos comer, sino también:

  • En qué estado y cómo debemos comer: tranquilos, relajados, masticando, ensalivando, en reposo,…
  • En qué momento debemos comer: sólo cuando tenemos hambre real, la cual percibimos concretamente desde nuestro estómago. Debemos revisar nuestro hambre emocional, la cual nos empuja a comer compulsivamente, especialmente almidones -dulces-.
  • Cómo deben estar preparados nuestros alimentos: si es posible crudos, especialmente los vegetales, el grupo de alimentos que más deterioro sufren durante la cocina.
  • Con qué frecuencia debemos comer: el hombre, como todo animal, está diseñado no sólo para sobrevivir en el ayuno, sino para vivir y convivir con él. En el Paleolítico era imposible plantearse el hecho de comer 4, 5, 6 ó 9 veces en un día. El Intermittent Fasting, o el ayuno intermitente, nos ayudará a imitar esta conducta.
  • Qué debemos comer según la estación del año. La mayor abundancia y variedad de alimentos y el clima de la primavera y el verano invitan a comer más, especialmente fruta, para engordar y así hacer frente al otoño y sobre todo al duro invierno, escaso en alimentos.
  • El mejor momento del día para comer: las horas centrales del día, después de hacer ejercicio -lo equivalente a cazar o recolectar-, incluso ayunando durante toda la mañana.
  • La procedencia de los alimentos, algo fundamental en cualquier tipo de alimentación. Los vegetales deben ser de temporada y autóctonos, libres de manipulación química, procesamiento industrial y modificación genética. Los animales deben vivir en libertad, tener un sacrificio digno, alimentarse de forma natural -como el hombre, respetando la cadena trófica- y estar libres de fármacos y tratamientos hormonales.

Es parte de la solución

La paleodieta forma parte de un conjunto mucho mayor. A través de ella te acercas a lo que eres realmente y permites el despertar de tu propia naturaleza. Seguido a estos cambios en la dieta, también replantearemos nuestro estilo de vida y nuestra actividad física, así como la gestión de nuestras emociones.

Reestableciendo las pautas naturales para las que el hombre está diseñado recuperarás la salud y el bienestar, y volverás a gozar de una vida sana y feliz, de un cuerpo fuerte y ligero, libre de enfermedad.

 

Esto es sólo mi opinión, que cambia constantemente. No me creas. Crea la tuya.

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