El sistema endocrino y sus hormonas, omnipresentes y omnipotentes

Después de conocer al encargado de controlar y gestionar la información que fluye por nuestro cuerpo, el sistema nervioso, es momento de descubrir cómo trabaja el otro 50% del consejo general corporal, el sistema endocrino.

No deberíamos olvidar en ningún momento que, por mucho que nos guste dividir y analizar las partes de un todo, el cuerpo humano conforma una unidad funcional. De todos modos, cada vez son más las divisiones, sistemas y subsistemas en los que dividimos nuestro organismo, tales como el sistema digestivo, el sistema reproductivo, el sistema nervioso central, etc.  Todos ellos se caracterizan o bien por localizarse en lugares muy concretos de nuestro cuerpo o bien por tener un inicio y final bastante definidos, como pueden ser la boca y el ano en el caso del digestivo.

En cambio, si existe un sistema que refleja la compleja globalidad del cuerpo humano y la dependencia multifactorial del funcionamiento de éste, ése es el sistema endocrino, el cual, como buen director, está en todo el cuerpo. Incluso me atrevería a decir que el sistema endocrino es todo el cuerpo, conformando junto con el sistema nervioso el binomio funcional más importante de nuestro organismo. Si el sistema nervioso se encargaba de recibir y emitir señales eléctricas, el sistema endocrino controla y regula prácticamente todas las señales químicas que circulan por el cuerpo a través de la detección y secreción de unas sustancias muy especiales, las hormonas.

¿Cómo es posible que el sistema endocrino esté en todo el cuerpo?

El sistema endocrino está formado por una serie de glándulas distribuidas básicamente entre la cabeza, el cuello y el tronco. Las más conocidas son el hipotálamo, las tiroides o las suprarrenales, pero también se secretan hormonas desde otras glándulas secundarias menos conocidas situadas en el resto de órganos del cuerpo. De ese modo, no sólo las glándulas principales intercambian hormonas entre ellas mismas y el sistema nervioso a través del torrente sanguíneo, las cuales estimularán o inhibirán ciertas actividades y funciones metabólicas, sino que también participan en este juego tan complejo órganos como el corazón, los riñones, el hígado o la propia piel.

Entre estas glándulas menos conocidas, quiero hacer mención especial a la glándula endocrina que representa mayor volumen en nuestro cuerpo. ¿Sabes cuál es? Es el tejido adiposo formado por los adipocitos, es decir, la grasa que almacenamos en nuestro cuerpo, la cual es la principal secretora del organismo de la hormona leptina, encargada de informar sobre los niveles de grasa de nuestro cuerpo y de esa manera participar junto con la hormona grelina en la regulación del apetito y de la actividad metabólica. Si estás preocupado por el sobrepeso o los niveles de triglicéridos de tu organismo deberías conocer en profundidad cómo trabaja esta glándula -yo te ayudaré muy pronto-.

¿Entiendes ahora por qué el sistema endocrino es todo el cuerpo?

La omnipotencia del sistema endocrino

Todo lo que hacemos, absolutamente todo tiene influencia sobre el sistema endocrino y la secreción de hormonas. Del mismo modo que ocurría con su compañero de trabajo, el sistema nervioso, lo que comemos, dormimos, nos movemos, pensamos, sentimos y nos estresamos interviene en su funcionamiento, especialmente debido a su omnipresencia. Insisto, está en todas partes.

Y dicha omnipresencia se traduce en omnipotencia, ya que el metabolismo estimulado o inhibido por parte del sistema endocrino es un ciclo continuo interdependiente e interactivo entre todos los tejidos, glándulas y órganos del cuerpo humano. Todo está relacionado y en permanente comunicación.

Un ejemplo de la enorme influencia que ejerce el sistema endocrino sobre nuestro cuerpo podría ser el simple hecho de que si mientras dormimos nos iluminan un pie -¡sólo un pie!- se pone en marcha toda una respuesta metabólica a partir de la cual nuestra piel percibe los fotones de la luz, informa al sistema nervioso, dejamos de secretar melatonina -la hormona regeneradora que secretamos durante el sueño-, aumentamos la secreción de cortisol -la hormona del estrés-, la cual demanda el incremento de nuestros niveles de glucosa en sangre, interrumpe nuestro descanso, vacía nuestros depósitos de glucógeno -energía-, y finalmente nos hace despertar con hambre y antojo, especialmente de alimentos ricos en almidón -dulces-. Tal vez esta es la clave por la que necesitas desayunar nada más levantarte ;-)

¡Esto es una gran noticia!

¡Sí, lo es! Porque al contrario de lo que la mayoría de gente cree, piensa y hace, abogando por la justificación y responsabilidad hormonal de todos sus males y enfermedades, la omnipresencia y omnipotencia del sistema endocrino no es más que otro as en la manga a tu favor para influir y decidir quién quieres ser -te recomiendo repasar el artículo Eres lo que quieres ser-.

Tú tienes la posibilidad de modificar el comportamiento de tu sistema endocrino siempre que quieras. Tú eres el responsable de lo que comes, lo que sientes, lo que te mueves, lo que piensas, lo que duermes,…

Tú y tus hábitos sois los dueños de tu cuerpo :-)

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