Archive: abril, 2012

La otra cara de la leche

Hoy no tenía pensado publicar nada, pero Xavi, fisioterapeuta y amigo cavernícola, colgaba en facebook este post acerca de los lácteos. He creído que vale mucho la pena compartirlo contigo aquí en Escucha tu cuerpo. Hoy nada de escribir. Copio y pego. La fuente: www.axel.org.ar. La autora: Dra. en Bioquímica y Nutricionista Olga Cuevas www.vidasana.org.

La otra cara de la leche

La leche materna es un alimento completo, ella sola es capaz de nutrir y hacer crecer a un bebé. Los análisis de laboratorios nos muestran que tiene proteínas, grasas, carbohidratos, minerales y vitaminas de una forma totalmente asimilable por el lactante. Por eso nos han hecho creer que si no tomamos lácteos se nos caerán los dientes, se nos desintegrarán los huesos y que nuestros hijos no crecerán.

Sin embargo, el sentido común nos dice que la leche es para los lactantes y que en la naturaleza los animales adultos no maman y menos de hembras de otra especie. El sentido común no engaña, la leche es para mamarla; de hecho en cuanto se ordeña empieza a estropearse a una velocidad de vértigo. El hombre lo soluciona esterilizándola con calor. Así ya es “potable”, pero os habéis preguntado si tiene los mismos beneficios y es igual de asimilable que la que se mama? y ¿será lo mismo “mamar” de la madre que de la vaca? “Nos nutrimos de lo que asimilamos, no de lo que comemos”. Numerosos estudios científicos señalan la leche como uno de los factores implicados en muchos problemas de salud actuales.

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La conjunción de dos eras

Ése es el verdadero reto, determinar qué es lo mejor y lo peor de cada era, de la prehistoria y la historia, lo que nos es útil y lo que no, lo que nos ayuda a vivir gozando de una cierta salud y bienestar y lo que facilita la enfermedad y el malestar. Quedarnos con todo lo bueno de nuestra evolución y desechar todo lo malo. Y después… conjuntarlo. Un desafío.

Tal y como reflexiono en este blog comprendo que a veces pueda parecer que reniego de nuestra evolución más reciente, de los avances tecnológicos, de la preponderancia intelectual y racional de nuestro comportamiento. Alrededor del mundo del ejercicio físico y la nutrición, confieso que no es que sean de mi agrado la planificación y limitación analítica de nuestras prácticas deportivas o de lo que promueven nuestros gimnasios, ni tampoco la consideración que gozan los cereales, las legumbres y los lácteos como alimentos esenciales.

A la vez, apuesto por recuperar una serie de modelos y patrones que pertenecen más al entonces, a la prehistoria, que al hoy. Consumir más carne de animales alimentados con pasto y que viven en libertad, comer fruta y vegetales de temporada, dormir y despertar sincronizados con la luz del Sol, tomarse la vida con mucha más calma, estimular las relaciones sociales, caminar unos cuantos kilómetros diarios, realizar ejercicio muscular intenso y global, y jugar, jugar mucho.

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Vives apresado en una jaula

No es un concepto nuevo. Para los hermanos Wachowski, productores de cine, es Matrix. Para Erwan Lecorre, fundador de MovNat, es el Zoo. Para el Dr. William Davis, cardiólogo y eminencia del estudio de la sensibilidad al gluten, es el Wheat Belly y todo lo que le rodea -la barriga y la cultura del trigo-. Para Sean Croxton, autor de The dark side of fat loss, es The Box -la caja-. Para Mark Sisson, exatleta olímpico y creador del método Primal, es la Conventional Wisdom -sabiduría o prudencia tradicional-.

¿Qué es la Jaula?

Para mí es una jaula.

Así es como veo al hombre, encerrado en una jaula, obligado a no poder desarrollar todo su potencial natural.

No es una jaula con barrotes de acero. Es peor que eso, porque en realidad nos han vendido una adornada libertad física material que no hace más que enmascarar una prisión física, mental y emocional.

Los barrotes son creencias y dogmas, verdades absolutas que somos incapaces de cuestionar lo más mínimo, a la vez que nos empuja a indignarnos y juzgar maliciosamente a otros que sí se atrevan a hacerlo -yo fui el primero en señalar con el dedo a las voces discordantes con lo que había escuchado en la Jaula durante toda mi vida, y ahora a menudo otros me señalan a mí-.

Nadie se plantea de dónde han salido, por qué han salido o qué alternativas hay a esos dogmas:

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¿Por qué nos engordamos? Las 5 causas del sobrepeso

Es una de las preguntas del millón del momento. ¿Por qué engordamos? ¿Qué provoca el sobrepeso? ¿La genética? ¿Las grasas saturadas? ¿El estrés? ¿El sedentarismo?

Nadie se atreve a discutir que el sobrepeso se ha convertido en epidemia en los países más ricos del planeta. La cultura del excendente originada en la revolución agrícola del Neolítico -la primera vez que nos planteamos fabricar y almacenar remanente alimentario- se ha cristalizado en una población gorda. A pesar de contar con nuestra avanzadísima tecnología, ya ni necesitamos recipientes, cuevas o contenedores para acumular comida -energía-. El almacén somos nosotros mismos.

Como he dicho en varias ocasiones, tratar de encontrar una única respuesta a cualquier pregunta es sinónimo de fracaso. La vida es mucho más compleja -que no complicada- de lo que algunos pretenden convencernos y la causa de un desequilibrio o conflicto no suele ser única. El origen es multifactorial.

En este sentido la genética se merece una atención especial, ya que se ha convertido en la primera gran excusa de todos aquellos que se rinden ante su pseudo-tendencia a engordar por medio de creencias y afirmaciones del tipo “Tengo presdisposición a engordarme”, “Mi abuelo y mi padre son obesos; yo también” o “Coma lo que coma, engordo”.

Mientras los expertos en genómica siguen tratando de encontrar el gen que nos predispone a engordar -como si existiera uno-, el Dr. Bruce Lipton, uno de los especialistas en epigenética más importantes de la actualidad, remarca en su libro La biología de la creencia que sólo el 2% de las enfermedades que padecemos tienen una causa fundamentalmente genética y que, más allá de nuestra predisposición genética, lo que debería preocuparnos más es qué hacemos nosotros con nuestros genes, cómo los activamos o desactivamos, cómo expresamos nuestra genética en relación al medio ambiente, conformado no sólo por el mundo que nos rodea, sino también por nuestros hábitos diarios -hace un tiempo profundicé algo más sobre este tema en Eres lo que quieres ser-.

Además, si somos lo que heredamos, ¿por qué no somos como aquel hombre de las cavernas que medía 180cm, pesaba 85kg de puro músculo, prácticamente no acumulaba grasa corporal y vivía sano hasta los 60 años? Una vez más, insisto: uno no nace; se hace. Nuestro día a día influye directamente sobre nuestro ADN y los sistemas nervioso y endocrino, los verdaderos gerentes de nuestro cuerpo, por lo que nuestra salud y enfermedad dependen más de cómo vivimos que de cómo vinimos a este mundo.

Teniendo en cuenta todo lo dicho anteriormente y desde una perspectiva holística, aquí comparto las que considero las 5 causas principales del sobrepeso que padecemos:

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