¿Cambiar un hábito o rebobinar 10.000 días?

Hace unos días disfrutaba de una excursión con Xavi, fisioterapeuta y entrenador personal de Terrassa, mientras hablábamos de la dependencia de comer dulces, bollería, chocolate, etc. Todos somos humanos, todos aprendemos para después desaprender – si nos atrevemos-, y todos hemos sido educados en la cultura de la glotonería, el excedente energético, la dieta mediterránea rica en azúcares y cereales, y el comer de más -hiperfagia-, algo de lo que muy pronto hablaré. En este sentido, ni Xavi ni yo somos una excepción.

Podía haber sido yo mismo, pero esta vez era él, aunque practique la Paleodieta y el Intermittent Fasting desde hace unos meses, quien confesaba todavía no haber podido renunciar a su porción diaria de chocolate y lo difícil que se le estaba haciendo dar el paso definitivo para lograrlo, a lo que yo contesté “Es normal Xavi, han sido 10.000 días”. Fue un cálculo rápido y aproximado. Hoy ya sé que son más o menos 10.950 días, sus 30 años de vida, todos los días de su vida en los que probablemente ha comido algo de chocolate -seguramente exceptuando los primeros meses de vida-. Dejando aparte lo beneficioso o perjudicial de comer chocolate, ¿cómo dejar de hacer algo que vienes repitiendo durante tanto tiempo?

Más allá de la dependencia neuroquímica bastante común -o lo que es lo mismo, adicción- a los dulces y alimentos ricos en hidratos de carbono, hoy quiero reflexionar sobre el trabajo que requiere cambiar un hábito, algo tan sencillo como comprender que lo que has hecho durante 10.000 días no lo vas a cambiar en 2. Si has llegado a este blog es porque no acabas de estar convencido de que tu estilo de vida, tu alimentación o tu práctica de ejercicio físico sean del todo adecuados, así que sospecho que ya sabes que, como dijo Einstein, si quieres resultados distintos vas a tener que hacer cosas distintas, es decir, cambiar tus costumbres.

Un cambio de hábito requiere básicamente de tres pasos:

  1. De la inconsciencia a la consciencia: un hábito es una acción automática, inconsciente, que generalmente responde a un patrón. Antes de cambiar un hábito debes realizar un ejercicio de consciencia desde la inconsciencia y determinar de dónde ha salido esa costumbre y si te conviene o bien seguir repitiéndola o bien revisarla y darle algunos retoques o incluso borrarla -no todas tienen porqué ser perjudiciales para ti-. La gran mayoría de tus actos son inconscientes. ¿Te imaginas tener que pensar cada una de las acciones que ejecutas durante un día, una hora, un minuto o un sólo segundo? Es literalmente imposible, y por eso son inconscientes. Además, es justo en este paso cuando estás desafiando las creencias más profundas de tu mente, los dogmas que han permanecido intactos durante años, y no suele agradar mucho simplemente cuestionar aquello que has creído como verdad absoluta durante toda tu vida. Ser consciente es el paso más complicado, ya que requiere de introspección, autoconocimiento, responsabilidad propia y coraje ante el cambio, algo que desafortunadamente no nos han enseñado a hacer.
  2. Repetición del nuevo hábito: una vez detectado el hábito que quieres cambiar, deberás establecer el nuevo hábito que ocupará su lugar a base de una sola acción, la repetición. No hay otra. Si precisamente lo que quieres dejar de hacer es un hábito es porque lo has hecho repetidamente durante mucho tiempo, así que para cambiarlo sólo necesitas repetir una y otra vez, casi hasta la extenuación, la nueva costumbre.
  3. De la consciencia a la inconsciencia: finalmente, la repetición exhaustiva colocará el nuevo hábito en la bibilioteca de automatismos que cada día recarga tu cerebro, para que no tengas que realizarlo conscientemente durante el resto de tu vida, sino desde la inconsciencia.

Como ves, es inviable cambiar un hábito, sólo uno, en poco tiempo. Y no es sólo por el trabajo mental que implica este ciclo de consciencia-repetición-inconsciencia, sino porque a todo este proceso le acompaña una reeducación del organismo por completo, y especialmente de los directores generales -¿recuerdas?-, el sistema nervioso y el sistema endocrino. Piensa que dichos sistemas también están “habituados” a la recepción de ciertas señales y hormonas, y a responder con la emisión y secreción de otras. Cuando te planteas cambiar un hábito relacionado con tu salud, no sólo estás a punto de revolucionar tu cerebro, sino que pretendes cambiar el funcionamiento y metabolismo de tu hígado, páncreas, riñones, estómago, corazón, glándulas tiroides, suprarrenales, etc., es decir, de todo tu organismo. Es realmente un proceso muy complejo.

Es por todo ello que la idea de cambiar de hábitos siempre debe ir acompañada de conceptos como largo plazo, lentitud, progresión, constancia, flexibilidad, aceptación, calma,… Todo lo que sobresalga de este marco te llevará al fracaso.

¿Estás listo para rebobinar 10.000 días?

 

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