¿En qué estado y cómo debemos comer? 7 consejos para digerir mejor

El objetivo principal de la Paleodieta, más allá de la recuperación de la coherencia natural de nuestra alimentación, es restablecer el equilibrio hormonal de nuestro organismo. Como vengo insistiendo las últimas semanas, es tan importante lo que comemos como la frecuencia de nuestras comidas, la cantidad, la procedencia de los alimentos o, como hoy mismo trataremos, nuestro estado emocional y los hábitos que tenemos en el preciso momento de la comida.

Todos estos factores son interdependientes en la influencia que ejerce la alimentación en nuestro sistema nervioso y endocrino, lo que se reflejará directamente en nuestra salud y aspecto físico, a la vez que podría explicar, por ejemplo, porqué una persona que ingiere sólo 1.000 kcal diarias no deja de engordar o porqué alguien que se está literalmente inflando a suplementos de hierro o de vitamina D sigue padeciendo anemia o carencias vitamínicas.

Lo primero a tener en cuenta es algo en lo que insisten diversas voces del campo de la nutrición al recordarnos que no es lo mismo comer que digerir o asimilar. Porque podríamos definir el acto de comer como aquella acción a partir de la cual introducimos alimento en nuestro cuerpo, y nada más. Sin embargo, lo que nos interesa no es sólo comer, sino digerir y asimilar adecuadamente lo que comemos.

Es aquí donde empieza a tomar verdadera importancia nuestro estado emocional, ya que éste influirá directamente sobre nuestros hábitos alimenticios, tales como la masticación o la salivación, además de modificar nuestro balance en la secreción de hormonas tales como el cortisol o la insulina. Todo ello provocará que nuestra digestión no sea óptima, que no acabemos de asimilar correctamente los alimentos y que seamos propensos a padecer reflujo estomacal, estreñimiento, carencias de asimilación de ciertos alimentos, gases, etc. que no son más que síntomas de que algo no se está haciendo de la mejor manera posible o, como mínimo, coherente a nuestra naturaleza.

Estoy comiendo, aquí y ahora

Ya sean el budismo, Eckhart Tolle, Mihaly Csikszentmihalyi o la psicología de la Gestalt quien lo diga, ya somos la mayoría lo que coincidimos en que para que una acción sea plena en todos sus sentidos ésta debe realizarse en completa presencia, es decir, aquí y ahora. El acto de comer no es una excepción.

Si durante la comida estamos pensando o prestando atención a otras cosas que no sea comer, estamos firmando la garantía de que aquello que comemos no lo vamos a asimilar como deberíamos o querríamos. Mientras comemos no debe distraernos nada. Ni las preocupaciones, ni el trabajo, ni la televisión, ni el periódico, ni una discusión, ni las prisas. Nada.

Nuestro estado emocional debe ser la tranquilidad, la cual quedará manifiesta en un acto de comer lento y relajado. Todo lo demás no será más que una consecuencia, un fluir de sucesos que favorecerán la digestión de los alimentos.

¿Por qué comer relajado?

Cuando estamos relajados la parte del sistema nervioso predominante es la denominada como parasimpática, la cual curiosamente es la encargada de preparar al cuerpo para digerir nuestra comida poniendo en marcha todo el complejo mecánico y metabólico del movimiento peristáltico intestinal o la secreción de ciertas hormonas y enzimas. Por el contrario, si nuestro estado no es lo que digamos relajado, quien toma el mando es el sistema nervioso simpático, viéndose alterada dicha secreción de enzimas y jugos gástricos, así como el movimiento necesario del estómago e intestino para una correcta digestión.

Aparte de estos “factores internos”, el hecho de estar inquietos, estresados, distraídos o apresurados durante la comida facilitará el desarrollo de ciertos hábitos perjudiciales para la digestión, especialmente en el momento de llevar y procesar los alimentos en la boca, el “primer órgano” de nuestro sistema digestivo. La masticación y la salivación de los alimentos -incluso del agua como suele recalcar la Dra. MªTeresa Guardiola- son vitales en el proceso digestivo, y el estrés o las distracciones propiciarán que ambas acciones sean realizadas especialmente de manera rápida, lo cual afectará negativamente su eficiencia. En la comida también es muy útil aquello de poco a poco y con buena letra.

¿Y después de comer?

Tan importante es mantener cierta tranquilidad durante la comida como después de la comida. Volvemos a diferenciar lo que es meramente comer, llevarse alimento a la boca, de lo que es digerir, porque nutrirse no sólo conlleva masticar, ensalivar y tragar, sino reposar después durante un buen rato para que sobre todo el estómago sea eficiente a la hora de preparar el bolo alimenticio, convertirlo en lo que conocemos como quimo, y enviarlo al primer tramo del intestino delgado, el duodeno, para continuar con el proceso digestivo, especialmente la asimilación de nutrientes.

Concretamente en la Paleodieta

Estas recomendaciones son hábitos básicos para cualquier tipo de alimentación, pero aún más si lo que quieres es alimentarte como un cavernícola. La dieta a la que estamos acostumbrados suele ser rica en alimentos procesados y demasiado cocinados, lo cual empobrece su valor nutricional pero a la vez facilita su masticación y deglución -la acción de tragar- y acelera su digestión. Como explicaré próximamente, en este sentido la cocina puede habernos hecho un flaco favor ya que hemos vuelto a confundir cantidad con calidad, y siendo honestos sí que es cierto que cocinar hace que digeramos más rápido pero… ¿mejor?

No es condición indispensable, pero en mi versión de la Paleodieta recomiendo comer básicamente crudo, concretamente los vegetales. Otro día profundizaré más en los motivos de mi consejo, pero el estado emocional y los hábitos que comentaba más arriba son fundamentales para una correcta digestión de los alimentos crudos.

Muchos creen que comer crudo provoca indigestión y empeora la asimilación de los nutrientes. En ese caso, particularmente no acabaría de comprender cómo es posible que todos los animales del planeta, absolutamente todos excepto el hombre, puedan sobrevivir y nutrirse de manera óptima sin utilizar la cocina para nada, mientras que la cocina, siempre y sin excepción, disminuye en mayor o menor grado el valor nutricional del alimento. Luego habrá que debatir y sopesar los pros y contras de comer crudo o cocinado.

El caso es que los problemas digestivos ocasionados por la comida cruda no tienen origen en el hecho de no haberla cocinado, sino de no haber masticado, ensalivado, estado presente, permanecido en calma durante la comida y guardado reposo después.

Resumiendo

Para acabar insistiendo en lo más importante, son sólo 7 consejitos:

  1. Relajación.
  2. Lentitud.
  3. Presencia.
  4. Atención.
  5. Masticación.
  6. Salivación.
  7. Reposo.

Ahora ya puedes comer y digerir -recuerda la diferencia-. ¡Buen provecho!

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