¿Revisando tu dieta? Restablece tu comunicación hormonal

¿Cómo crees que funciona la comunicación interna de tu cuerpo? ¿Es fluida? ¿Tu cuerpo recibe correctamente los mensajes? ¿Responde adecuadamente? ¿Y si la clave de tu salud se encerrara tras la comunicación efectiva de tu sistema endocrino? ¿Qué tal van tus hormonas?

Todos conocemos a alguien que padece diabetes, a quien han extirpado las glándulas tiroides o a más de una mujer menopáusica, y todos ellos son testigos de primera mano de los efectos de un desequilibrio hormonal. ¿Qué suele ocurrir? Generalmente este desequilibrio se traduce en cambios importantes en el organismo, tales como mayor tendencia al sobrepeso y la retención de líquidos, desarrollo de alguna enfermedad, cambios en el estado de ánimo, etc., por lo que cualquiera de estas personas necesitan de una ayuda externa, principalmente a base de tratamientos hormonales farmacológicos -lo cual pongo en entredicho-, con los que se trata de compensar dicho equilibrio.

¿Te has preguntado alguna vez como afecta tu alimentación a tus hormonas?

Repasemos…

Tu cuerpo gestiona cada día infinidad de información acerca de lo que está pasando fuera y dentro de él con tal de mantenerse y vivir bajo tres constantes: equilibrio, economía energética y confort -no dolor-. Será tan importante la información que entra, lo que percibe, como la que sale, lo que emite. Los dos principales gerentes de todo este trabajo son el sistema nervioso y el sistema endocrino, ayudados por otro sistema regulador, el inmunológico. Cualquier fallo de información, tanto aferente -de entrada- como eferente -salida-, puede provocar una respuesta no deseada por nuestro organismo y desencadenar un efecto mariposa, debido a la interdependencia de todos nuestros sistemas, que acabe facilitando el desarrollo de la enfermedad.

Como vimos hace unos días, en el caso de querer replantearte tu dieta, tu modo de alimentarte, pensar en calorías o en kilos está limitando tus posibilidades de conseguir lo que quieres, que seguramente no es más que bienestar y salud, sentirte y encontrarte bien, lo que garantizará la consecuencia de la no enfermedad, incluso sin necesidad de pensar en prevenirla. Era justo en este punto cuando cobraban especial protagonismo tus hormonas.

Más que contar, pesar o medir lo que comes, tal vez ya sería un buen momento para plantearte cómo está afectando tu dieta -y no estaría de más que fuera todo tu estilo de vida- a tu sistema endocrino.

“Houston, tenemos un problema”. Fallos de comunicación

No está de más recordar que las hormonas son sustancias que informan al sistema nervioso o a otras glándulas del sistema endocrino sobre el estado de nuestro organismo, para que los receptores de su mensaje respondan o bien estimulando o bien inhibiendo ciertas funciones, como podrían ser de nuevo la secreción de otras hormonas.

¿Qué crees que pasaría si el mensaje enviado no fuera del todo acertado? O tal vez el mensaje se envía, pero ¿y si el receptor no lo recibe bien? Puede que se envíe e incluso que llegue, sin embargo ¿y si el receptor no está preparado para responder?

Tal vez la mejor metáfora que he encontrado al respecto sea la descrita por Robb Wolf en su libro The Paleo Solution:

Puede que esto te resulte algo esotérico, pero te garantizo que habrás experimentado algo parecido en algún momento. Piensa en alguna vez que hayas entrado en una sala en la que olía mucho a perfume. ¿Qué le pasa a tu capacidad para sentir ese perfume al cabo de diez o quince minutos de estar en la habitación? Lo notas mucho menos, ¿verdad? Apenas percibes el olor. Lo que sucede es que los nervios olfatorios de tu nariz han disminuido los receptores de ese perfume. Si salieras a respirar un poco de aire fresco y volvieras a entrar en la habitación, volverías a detectar el perfume. Aunque es una analogía muy simple, esto es bastante paracido a la reducción de capacidad de percepción hormonal que tiene lugar cuando nuestro cuerpo está sometido a niveles anormalmente elevados de una hormona.

Hablamos de sensibilidad y resistencia

Cuando los receptores de las señales hormonales, por el motivo que sea, no son capaces de captar dichos mensajes hormonales estamos padeciendo una resistencia hormonal.

Tal vez la más famosa de las resistencias -y la que más debería preocuparte hablando de alimentación- es la resistencia a la insulina. El organismo, saturado durante muchísimo tiempo por una secreción excesiva de insulina consecuente de una dieta rica en hidratos de carbono -inyectores de la glucosa en sangre-, acaba por no percibir su presencia, lo que ante un incremento de glucosa en sangre todavía estimula más la secreción de insulina, dando pie a un círculo vicioso secreción-resistencia-secreción, provocando finalmente una hiperinsulinemia y el desarrollo de infinidad de enfermedades, desde diabetes mellitus tipo 2 a arterioesclerosis y cardiopatías.

Del mismo modo que ocurre con la insulina, la resistencia a cualquier hormona puede provocar efectos desastrosos en nuestra salud.

Probablemente las dos hormonas mayormente afectadas por nuestra sobrealimentación y nuestra sobrecarga en hidratos de carbono -especialmente los procedentes de alimentos procesados y azúcares, harinas y cereales refinados-, sean la insulina y la leptina -la cual informa de los niveles de grasa de nuestro tejido adiposo-.

Recuperar o mantener la salud y el bienestar a través de la alimentación pasa por reeducar nuestro cuerpo desde un punto de vista hormonal y sensibilizar de nuevo los receptores hormonales para que conozcan eficazmente el estado real de nuestro organismo, especialmente a nivel energético, y de ese modo respondan de manera correcta.

¿Estás listo para recuperar la sensibilidad a la leptina y la insulina?

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