¿”Sientes” la grasa de tu cuerpo? La resistencia a la leptina

(Ni tú ni yo. No hablo ni de ti ni de mí. O sí. No te tomes esto como algo personal.)

Padezcas más o menos o ningún sobrepeso, tienes la fortuna de contar con un gran depósito energético repartido por todo tu cuerpo. Es el tejido adiposo, toda la grasa que almacenas, esencial para tu supervivencia durante más de dos millones de años.

Sin embargo, tal y como te alimentas y te mueves -y probablemente piensas y sientes-, cada poco tiempo tienes la necesidad imperiosa de comer, especialmente hidratos de carbono, si puede ser los más dulces -alta carga glucémica-, a pesar de incluso contar con una enorme cantidad de grasa acumulada. Si no lo haces, y más frente a esfuerzos físicos o intelectuales de cierta intensidad, tu cuerpo reacciona a base de dolor de cabeza, fatiga, malhumor, etc.

¿Qué puede estar pasando? ¿Cómo puede ser que aún contando con toda esa reserva energética tu cuerpo te pida más comida, concretamente rica en azúcares? ¿No es algo contradictorio? Estás lleno de energía pero no la utilizas. Y encima tu cuerpo pide más.

¿Puede ser que tu cuerpo no sepa que acumulas esa grasa? Porque es posible que haya un fallo comunicativo hormonal. ¿Y si no sabe utilizarla? En realidad no sería de extrañar, ya que gracias a tu costumbre de comer energía rápida -hidratos de carbono- con frecuencia tu cuerpo prácticamente nunca utiliza la grasa como fuente de energía. ¿Cómo quieres perder grasa si tu cuerpo no sabe utilizarla?

Ni “sientes” la grasa ni sabes usarla

Y aunque una cosa guarda mucha relación con la otra, lo más importante es comprender por qué no “sientes” la grasa. Una vez tu cuerpo perciba los niveles de grasa almacenados de manera fiable y real, será más sencillo que pueda utilizarla como fuente energética, y de esa manera mantener un peso corporal saludable y evitar los perjuicios y enfermedades relacionados con el sobrepeso y la obesidad.

Decía que no “sientes” la grasa, ya que tu cuerpo desconoce tus niveles de grasa acumulada por un fallo comunicativo entre tus sistemas endocrino y nervioso. Padeces resistencia a la leptina.

¿Qué es la leptina?

Más de una vez la he nombrado, ya que uno de los propósitos de la Paleodieta será recuperar la sensibilidad a esta hormona.

La leptina es una hormona secretada mayormente por el tejido adiposo de nuestro cuerpo, además de por las paredes estomacales, los ovarios y la placenta. Su nombre proviene del término griego leptos, que significa delgado.

La leptina participa en distintos procesos metabólicos de nuestro organismo, pero sus funciones principales son la señalización de los niveles de grasa acumulada en nuestro tejido adiposo y la regulación del apetito. Conforme más grasa almacenada tenemos, más leptina es secretada a nuestro flujo sanguíneo para informar al hipotálamo acerca de nuestras reservas energéticas. Si hay suficiente grasa acumulada, el hipotálamo inhibirá nuestro apetito. En caso contrario, lo estimulará.

Resumiendo. A más leptina, más energía disponible y menos hambre. A menos leptina, menos energía y más apetito. Sencillo, ¿verdad?

Entonces, ¿cómo puede ser que teniendo unos cúmulos grasos evidentes sigamos teniendo hambre?

La resistencia a la leptina

Como decía antes, debe haber un fallo de comunicación entre tu tejido adiposo y el hipotálamo, y en este caso, aunque el proceso es mucho más complejo de lo que voy a exponer, el origen de este desajuste informativo puede venir dado:

  • O bien porque tu tejido adiposo no segrega leptina.
  • O bien porque tu hipotálamo no la percibe.

La leptina fue descubierta recientemente, en 1994, por lo que es una de las hormonas más desconocidas por parte de la ciencia. Ahora bien, aunque también existen casos, el defecto más común en ese fallo de comunicación hormonal suele ser el segundo. El hipotálamo ha desarrollado una resistencia a la leptina y no es capaz de detectarla.

Esto explica porqué a pesar de padecer un sobrepeso graso evidente, un excedente energético, tu cuerpo no reacciona con una disminución en la sensación de apetito. Más bien al contrario, creyendo que tus niveles de grasa son bajos, tu cuerpo pide más comida. Generalmente a nadie le gusta pasar hambre, nos fiamos del hambre, y comemos más. Pero si comemos más y seguimos sin detectar la leptina, ¿qué ocurrirá? No hace falta ser muy listo para deducirlo -¿recuerdas el círculo vicioso de comer de más, la hiperfagia?-.

Es aquí cuando aparecen nuevas cuestiones:

  • ¿Cómo se desarrolla una resistencia a la leptina?
  • ¿Puede ser que ciertos alimentos deterioren las funciones del hipotálamo de tal forma que éste no pueda detectar la leptina en sangre?
  • ¿Cómo podemos sensibilizar de nuevo el hipotálamo? ¿La resistencia a la leptina tiene “cura”?

El próximo día responderé a dichas preguntas. Como adelanto, un mensaje esperanzador: ¡Por supuesto que podemos volver a sensibilizar nuestro hipotálamo!

¿Cómo? Como siempre… Estilo de vida, alimentación, ejercicio físico,… ;-)

Esto es sólo mi opinión, que cambia constantemente. No me creas. Crea la tuya.

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