Adelgazar no es lo mismo que perder grasa

La premisa y la conclusión de este post es la misma. Adelgazar no implica perder grasa, mientras que perder grasa sí implica adelgazar -siempre y cuando no estemos aumentando nuestro peso de alguna otra forma-.

La diferencia es muy sencilla de comprender. El cuerpo está formado por diferentes tipos de tejido y sustancias. Se puede adelgazar de muchas maneras, no sólo disminuyendo nuestro tejido graso. Si por el motivo que sea perdemos peso, no tiene porqué implicar que haya sido en forma de grasa. Mientras, si perdemos grasa, consecuentemente adelgazaremos -perderemos peso-, del mismo modo que si redujéramos nuestra proporción ósea, muscular o líquida.

¿Por qué es importante diferenciar entre adelgazar y perder grasa?

Porque el término adelgazar suele ser el más utilizado cuando alguien que padece sobrepeso u obesidad se decide a realizar un cambio de hábitos en su alimentación y empezar algún tipo de dieta con tal de perder peso, cuando en realidad lo que no quiere o lo que no necesita es adelgazar de cualquier manera, sino de una forma muy concreta: perdiendo grasa.

Como decía, podemos adelgazar de diferentes maneras. Podemos perder peso en forma de músculo, dejando de alimentarlo y no haciendo ningún tipo de ejercicio. Podemos perder peso en forma de líquido, atiborrándonos de diuréticos, metiéndonos en una sauna o corriendo 10 km a pleno sol. E incluso podemos perder peso en forma de masa ósea, cosa que generalmente ocurre con la edad, pero también a raíz de una dieta pobre en minerales que favorezca la disminución de la densidad ósea.

Ahora bien, ¿nos interesa perder masa muscular, líquido o incluso hueso?

La pregunta clave ya no es ¿quiero adelgazar?, sino ¿cómo quiero adelgazar?

Dependiendo de tu respuesta ya no va a servir hacer cualquier dieta. El tipo de alimentación que sigas determinará el cómo vas a adelgazar. Desde mi experiencia y mi punto de vista -por eso es el que comparto aquí-, la Paleodieta y el ayuno intermitente son la mejor manera no de adelgazar, ya que hay infinidad de dietas para conseguirlo, sino de perder grasa sin mermar masa muscular, equilibrio hídrico, densidad ósea y balance vitamínico y mineral del organismo, y así mostrar la mejor versión de tu ADN, resultado de decenas de miles de años de evolución.

¿Quieres perder masa muscular?

Yo no lo haría. La musculatura, además de movernos, realiza otro importante número de funciones, entre las cuales se encuentran la protección frente a traumatismos -golpes-, el bombeo secundario de nuestra circulación linfática y sanguínea, la estabilización de nuestras articulaciones o parte de la termorregulación corporal. No creo que nadie que quiera adelgazar quiera hacerlo en forma de músculo, tal vez exceptuando el caso de algún deportista de élite por razones de rendimiento.

Al contrario, lo que suele querer la gente es permanecer fuerte, ágil, resistente. ¿Quién nos proporcionará esas cualidades si perdemos musculatura?

Para ello tu dieta deberá garantizarte un notable aporte proteico, no sólo a nivel de ingestión, sino de asimilación. ¿Sabes que según lo que comas puede ser que no estés aprovechando para nada tu ingesta de proteínas? Lo que, por cierto, suele provocar un trabajo extra de órganos como el hígado o los riñones para deshacerse de las proteínas sobrantes, las que no has asimilado.

¿Quieres perder masa ósea?

O lo que es lo mismo, ¿quieres padecer hoy osteopenia y mañana osteoporosis? No lo creo. De ahí que tu dieta deba cubrir y favorecer la asimilación de todos los minerales y vitaminas necesarios para mantener una densidad ósea saludable.

Además, si se diera el caso de que adelgazaras no en forma de grasa sino, por ejemplo, perdiendo masa muscular y densidad ósea, ¿quién sostendría todo ese sobrepeso graso? ¿Tu musculatura mermada? ¿Tu esqueleto deteriorado? Todos conocemos las consecuencias y riesgos de padecer sobrepeso cuando tenemos una masa muscular y ósea pobre.

¿Quieres perder líquidos?

Aquí es posible que quepa algún que otro matiz. Porque sí puede ser que de primeras te interese perder una buena cantidad de líquidos que hayas retenido, de nuevo, no por genética y otras excusas, sino por unos hábitos alimenticios, de actividad física e incluso emocionales que favorecen su acumulación, especialmente afectando tu circulación linfática.

Pero una vez solucionado el problema, ¿seguro que quieres exponerte a un desequilibrio hídrico? Y no hace falta que sea en forma de deshidratación puntual, sino que es posible que, aún reteniendo líquidos, estés padeciendo un déficit hídrico a nivel global, el cual suele provocar por ejemplo carencias circulatorias, malas digestiones, disfunciones neurológicas y cerebrales, y todavía más retención de líquidos.

Otro pez que se muerde la cola

Y ya empiezan a ser comunes en las creencias y consejos de la Jaula, ya que es extraño que una pérdida de masa muscular no vaya acompañada de una disminución de la densidad ósea y de un desequilibrio hídrico, o viceversa. Da lo mismo qué déficit coloques en primer lugar. Unos llevan a los otros y los otros a los unos. Es el resultado de la incoherencia natural.

Tenlo en cuenta a la hora de decidir qué tipo de dieta o alimentación seguir

Y con esto acabo. Asegúrate que, aunque tú lo llames adelgazar, si tu propósito real es perder grasa, la dieta que vayas a seguir promueva tanto la pérdida de peso en materia grasa como la conservación o desarrollo de tu masa muscular, el mantenimiento de tu masa ósea, el equilibrio hídrico y la optimización de tu sistema inmunitario.

Si no lo haces, es posible que adelgaces, pero no en forma de grasa, lo que, además de no resultar en lo esperado a nivel estético -te convertirás en una especie de palillo enclenque pero con tu barriguita o flotador, tus cartucheras en las caderas y tu piel grasa y flácida-, estarás comprometiendo la salud de todo tu cuerpo.

Como siempre, es tu responsabilidad.

¡Tú eliges!

 

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