La perfección natural del alimento

¿Enriquecidos? ¿Desnatados? ¿Con vitamina D? ¿Con el doble de Calcio? ¿Omega 3 añadido? ¿Por qué consumimos alimentos retocados? ¿No es eso también manipulación?

Más de una vez he insistido en mi opinión de que por encima de la razón, la ciencia y las creencias e imposiciones del hombre existe una serie de leyes mucho mayores, incorruptibles e indiscutibles, las leyes de la naturaleza. Toda enfermedad, algo que no es más que una muestra de desequilibrio, tiene como origen la incoherencia natural, algo así como saltarse esas leyes de las que suelo hablar.

Lo repetiré hasta la saciedad si hace falta: es la naturaleza la que determina el alimento adecuado para cada especie en cada momento y en la mejor de las condiciones.

Es decir, los alimentos son perfectos tal y como nos los ofrece la naturaleza y todo lo que implique retocarlos, procesarlos, manipularlos, modificarlos,… merma la calidad y el valor nutricional del alimento.

Bromeaba con mi tocayo Roberto Picos a través de Twitter acerca de una paradoja a la que suelo recurrir. Más allá de mi opinión sobre lo adecuado o no que es para nuestra salud consumir leche, yo pregunto: ¿es verdaderamente leche lo que tomamos?

En principio, y hasta hace no muchas décadas, la leche era el líquido que obteníamos directamente al ordeñar una vaca, una oveja, una cabra, etc. ¿Pero ahora? Además de forzar al animal a producir leche por encima de sus posibilidades naturales, de aquel líquido que se obtiene al ordeñar al animal al que llega a nuestras casas probablemente hay una gran diferencia. Entra en contacto con el aire -esto sucede de forma muy breve cuando mama el lactante-, se almacena, se calienta, se enfría, se vuelve a calentar, se vuelve a enfriar, se desgrasa, se le añaden conservantes, azúcares, emulgentes como la lecitina de soja, vitaminas, calcio, ácidos grasos, etc.

Mi pregunta final fue: ¿Eso es leche?

Evidentemente no.

Ni la leche es leche ni otros innumerables productos industriales que nos venden como alimentos a los que se les han añadido o quitado ciertos elementos son alimentos, aún cuando ese añadir o quitar sea aparentemente beneficioso para nuestra salud.

Insisto, los alimentos son perfectos tal y como son, con sus nutrientes, sus vitaminas y sus minerales en la proporción y medida justa. En el momento en que el hombre juega a ser la Naturaleza, Dios o como quieras llamarle con los alimentos, el alimento humanizado deja de ser alimento.

¿Quieres más calcio? Come más brócoli o bebe más leche -leche de verdad, que la hay-.

¿Quieres menos grasa? Come menos grasas trans y haz algo de ejercicio.

¿Quieres más vitamina D? Toma el sol.

¿Quieres más hierro? Come más carne o lentejas.

¿Quieres más energía? Duerme, tómate la vida con más calma, come fruta y una cucharadita de miel de vez en cuando.

¿Quieres más o menos de lo que sea? Ahí lo tienes, en los propios alimentos y tus hábitos diarios. Hay mil alternativas. Pero no consumas alimentos procesados, aunque el proceso simule jugar a tu favor.

Consume alimentos lo menos procesados y manipulados posible, sin enriquecimientos ni añadidos ni des-loquesea, y si puedes elegir que sean de origen biológico, orgánico, ecológico,…

Come natural.

 

 

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