¿Tiene sentido diferenciar entre ejercicio cardiovascular y muscular?

Una vez más, hablando de fitness o actividad física pensados en el ámbito de la salud -no del rendimiento-, somos testigos de la incoherencia natural y la manía de dividir y analizarlo todo que hemos adquirido, lo que ha ocasionado una pérdida de perspectiva global considerable.

Especialmente desde los años 70 y la creación del concepto aerobic por parte del Cooper Institute, el mundo del fitness e incluso el de la medicina -los cuales tienden a mezclarse aunque no deberían- han apostado cada vez más por separar las diferentes actividades físicas que solemos practicar en dos grandes grupos, el ejercicio cardiovascular y el ejercicio muscular, incluso dándole más importancia al primer grupo -mucho miedo a los infartos ¿eh?-.

Prácticas como correr, nadar, ir en bicicleta o patinar se han descrito como ejercicios cardiovasculares, y otras como hacer pesas, trabajar con el propio peso corporal o practicar Pilates se han enmarcado en el denominado ejercicio muscular.

Yo pregunto ¿correr, nadar, rodar,… no implican un esfuerzo muscular? ¿Hacer sentadillas, dominadas o la serie básica de MAT Pilates no conlleva un esfuerzo cardiovascular? Y lo más importante, desde un punto de vista natural, ¿tiene sentido separarlos?

Empecemos por definir

Tal vez lo más adecuado sea matizar a qué nos referimos cuando hablamos de ejercicio cardiovascular. La teoría dice que hay distintos tipos de cardio -aeróbico, anaeróbico láctico, anaeróbico aláctico,…-, y en realidad cualquier esfuerzo físico podría clasificarse dentro de alguno de esos grupos. Sin embargo, la mayoría de la gente suele referirse a este tipo de ejercicio comprendiéndolo como ejercicio cardiovascular aeróbico, es decir, que utiliza el oxígeno como combustible básico.

Éste suele ser un ejercicio que puede practicar el “deportista” de manera prolongada sosteniendo su frecuencia cardiaca a una intensidad media, tal y como describí en Cuidado con el ejercicio cardiovascular al hablar del Cardio Crónico. Otra característica algo absurda que suele utilizarse en el mundillo del fitness es que durante el ejercicio cardiovascular se reparte el trabajo físico entre más de un 60% de nuestros músculos, cosa que demuestra que pocos han experimentado y sentido lo que es hacer una sentadilla o un peso muerto como Dios manda.

Por otro lado, la imagen que tiene en mente la mayoría de personas de alguien realizando ejercicio muscular es la de un culturista o chico fitness haciendo un press de banca. Parece que el ejercicio muscular sólo pueda ser analítico, breve y realizado con barras y pesas de hierro, algo muy lejano de la realidad.

No tiene ningún sentido separarlos, naturalmente

Como en tantas otras ocasiones, te invito a intentar imaginar el fitness o la actividad física que realizaban nuestros antepasados a diario, el paleofitness.

Personalmente me cuesta pensar que dividieran sus esfuerzos físicos según fueran más aeróbicos o anaeróbicos, cardiovasculares o musculares. Al contrario, me imagino más bien una especie de concatenación de múltiples movimientos, gestos, esfuerzos, posturas, intensidades, velocidades, cargas y frecuencias cardiacas sin orden ni divisiones ni preferencias, protagonistas de la actividad física propia de caminar en busca de alimentos, trepar por un árbol, salir corriendo tras una presa para cazarla, descuartizarla y cargarla, huir a toda prisa de un depredador entre saltos y volteretas o jugar con los otros cavernícolas de la banda a ver quien levantaba la piedra más pesada.

A la vez, estas prácticas que nos han formado tal y como somos ahora, son las que mantenían al ser humano, como a cualquier otro ser vivo superior, en su mejor condición física y una expresión genética óptima.

Desde un punto de vista natural no tiene ningún sentido diferenciar ejercicio cardiovascular y ejercicio muscular.

La vida es física, sin divisiones

Afortunadamente, gracias al surgir de disciplinas como el MovNat, el CrossFit o el Spartan training, hoy día podemos disfrutar de un ejercicio físico más acorde a nuestra naturaleza.

A pesar de que algunas personas encaran la práctica de estas disciplinas -especialmente el CrossFit- hacia el rendimiento deportivo, conforme pasan los meses cada vez más gente apuesta por moverse de manera natural, global, interválica entre momentos de gran esfuerzo y otros de ejercicio de estabilidad, equilibrio, propiocepción o agilidad, para así mantener una buena salud, de forma holística, y disfrutar de un bienestar pleno.

Además, hablando de diferenciaciones, lo más significativo de todo es que estas disciplinas, aunque cada una con sus peculiaridades, no separan ejercicio cardiovascular de muscular, sino que cada uno de sus programas, metodologías o sistemas integran ambos esfuerzos.

Y los integran porque en nuestra vida real, nuestro día a día, el cardio y el músculo conforman una unidad funcional. La una sin la otra no tienen ningún sentido.

Nuestra vida es física, sin divisiones.

Vamos caminando por la calle, se escapa el autobús y salimos corriendo para dar un salto antes de que se cierren las puertas. Volvemos a casa cargados con la compra y encontramos el ascensor estropeado, así que no nos queda otra que subir las bolsas por las escaleras. Pasamos un rato en el parque jugando con nuestro hijo entre carrera y carrera mientras chutamos una pelota, lo cogemos del suelo y lo lanzamos al aire para hacerle simular que vuela o empujamos un columpio. Pasamos el aspirador con una mano mientras levantamos una silla con la otra para después coger un par de trastos y guardarlos en el altillo.

Todos nuestros músculos están trabajando a la vez y en sinergia con nuestro sistema cardiovascular, con altibajos de fuerza, intensidad, ritmo,…

Así es la vida.

O así debería ser, sedentarismo aparte ;-)

¿Te atreves a entrenarlo todo a la vez?

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