¿Para qué comes? 3 necesidades básicas que debe cubrir tu dieta

Alguna que otra vez he comentado lo arriesgado que es seguir ciertos tipos de alimentación excesivamente restrictivos, lo que suele traducirse en carencias en la obtención de distintos macro y micronutrientes y los consecuentes problemas de salud que esto puede ocasionar.

Antes de nada quiero recalcar que para mí una dieta es una manera de alimentarse y un estilo de vida, no una conducta alimenticia pasajera con objetivos concretos previamente establecidos como pueden ser adelgazar, limpiar un hígado o abrillantar la piel. En ese caso prefiero referirme a tratamiento dietético o dietoterapia. De hecho, aún reconociendo los beneficios que se pueden obtener de aplicar ciertas manipulaciones puntuales de la dieta, entiendo que es mucho más adecuado seguir una dieta coherente con la naturaleza que no necesite nunca de tratamientos, depuraciones, objetivos, etc. La salud será la consecuencia, caracterizada, por ejemplo, por un peso adecuado, un hígado eficiente y una piel sana.

Entonces, yendo al grano, ¿cuáles son las tres necesidades básicas que debe cubrir tu dieta?

1. Energía

Evidentemente, para vivir necesitamos energía. Energéticamente hablando estamos acostumbrados a hablar de consumir, quemar, combustionar, etc. No estaría mal que empezáramos a comprender que tampoco es bien bien así, y que tal vez sería más conveniente empezar a hablar de transformar -¿recuerdas aquello de que la energía ni se crea ni se destruye, sólo se transforma?-.

Ahora bien, que transformemos esa energía no quiere decir que la aprovechemos toda. Hay una parte de energía que aprovechamos, que es útil, y otra que desechamos que se disipa. De ahí que el famoso balance calórico, calorías que entran vs. calorías que salen, no tenga mucho sentido y que por fin se haya concluido en que el cuerpo humano no es un sistema de combustión cerrado que respeta al milímetro las leyes de la termodinámica.

En primer lugar, como parte aprovechada, encontramos la energía mecánica, la que diferencia los seres vivos de los inertes. El movimiento es vida. Es interesante tener en cuenta que no sólo nos movemos al caminar, correr, saltar, etc. Necesitamos energía para respirar, para digerir, para hacer circular nuestra sangre y linfa. Y cómo no, también para pensar y para generar los impulsos eléctricos que viajan constantemente a través de nuestro sistema nervioso. Todo esto es energía mecánica, movimiento, vida.

Y por otro lado tenemos el efecto calórico, la parte disipatoria de esa transformación de energía, energía que no aprovechamos, emanada por nuestro cuerpo en forma de calor, generada por todo ese entresijo de movimiento y mecánica característicos de la vida.

Al fin y al cabo, comer para obtener energía y después usarla no es más que una de las infinitas maneras que tenemos de interaccionar con la naturaleza, de intercambiar energía -no deberíamos olvidar que todos los días nosotros también somos comida de otros “bichitos”, y que incluso el día que nos vayamos esos bichos van a darse un festín con nuestro cuerpo-.

2. Estructura

El cuerpo humano permanece en un estado de cambio constante durante toda su vida. Dentro de ese intercambio que comentaba, perdemos átomos, moléculas, tejidos,… a diario y para seguir con vida debemos reponerlos. Muchos hablan de proteínas en forma de ladrillos para nuestra musculatura, pero nuevamente nuestra salud estructural no sólo depende de lo fuertes y musculados que estemos. Todos los tejidos del cuerpo necesitan de esos aminoácidos para regenerarse cada día, desde nuestras miofibrillas -células musculares- hasta nuestras neuronas, esqueleto, piel o tejido conectivo.

3. Defensa

En realidad nuestro sistema inmunitario podría enmarcarse dentro de ese macrosistema estructural del que hablaba, pero dada su vital importancia suelo considerarlo por separado. En ese intercambio de energía y de información con el medio ambiente, necesitamos un filtro. Habrán distintos tipos de vida, de energía, con lo que nos interesará contar y que necesitamos para seguir viviendo, pero también habrán otros que no, de los cuales nos tendremos que defender a toda costa.

El sistema inmunitario es nuestro portero de discoteca, el que decide quién entra y quién no entra. Su eficiencia depende primordialmente del tipo de alimentación que seguimos, ya que concentra casi todos sus efectivos en nuestro tracto digestivo.

De todos modos, aunque ahora no venga al caso, es muy necesario recordar que, tal y como han demostrado recientes estudios, su eficacia también depende de manera notable de nuestra salud emocional, de lo que sentimos y de lo que pensamos.

Necesidades interdependientes

Una vez más aparecen los términos globalidad, interdependencia, interrelación.

No sólo es importante que tu dieta cubra estas tres necesides, sino que lo haga de manera equilibrada. Cualquier déficit en una de estas tres áreas también acarreará consecuencias en las otras dos. De ahí que una dieta deficitaria en energía perjudique la eficiencia tanto estructural como inmunológica, una bajada de defensas se traduzca en fatiga o un fallo estructural provoque mayor desgaste de energía. Todos los sistemas de nuestro cuerpo son interdependientes.

La dieta te da, pero también puede quitarte

Además, no sólo debes tener en cuenta lo que te aporta la dieta, sino también lo que te quita.

Es tan importante seguir un tipo de alimentación que cubra esas tres necesidades básicas como evitar una conducta dietética que las merme.

En este sentido vuelvo a centrarme en los granos y cereales. Las fuentes de sabiduría de la Jaula no dejan de recordarnos la cantidad de energía, vitaminas y minerales que tienen el trigo o la cebada. Y es cierto, los contienen. Pero que los tengan no quiere decir que los aprovechemos o que no contengan otros componentes que deterioren nuestra salud -sencillamente, no son comida para nosotros-.

La energía resultante de una dieta rica en hidratos de carbono es ineficiente -no podemos confiar nuestro mayor consumo energético a un tipo de energía que no podemos almacenar y que se gasta rápidamente-.

Los efectos estructurales globales de los cereales son negativos. Por ejemplo, pueden tener mucho calcio para nuestros huesos, pero ¿de qué nos sirven si después sus propios fitatos, antinutrientes, van a provocar que no podamos aprovecharlo? Es más, ¿podría ser que dichos fitatos perjudiquen todavía más nuestra salud estructural provocando, por ejemplo, osteoporosis?

¿Y qué decir de las defensas? Por ejemplo, cuando gluten y ciertas lectinas procendentes de los cereales deterioran nuestra permeabilidad intestinal y, consecuentemente, nuestro sistema inmunitario empieza a fallar, favoreciendo el desarrollo de enfermedades autoinmunes.

El balance entre lo que te da y lo que te quita tu dieta debe ser siempre favorable al beneficio, no al perjuicio.

Una necesidad extra: el placer

Algo que también debe garantizar tu dieta, aunque no lo coloque en ese grupo de necesidades básicas, es el placer. Comer es un placer. De hecho, si no lo fuera, ¿qué nos empujaría instintivamente a comer?. Incluso desde un punto de vista biológico comer es placentero.

Por eso es tan importante volver a recuperar el placer de comer. Pero placer de verdad, no como sustituto de algunos vacíos emocionales.

Recuperar ese placer pasa por recuperar previamente otra sensación: el hambre. No hay mayor placer que disfrutar de un buen festín cuando uno siente hambre real, algo que no tiene nada que ver con el disfrute breve y puntual del comedor compulsivo.

Resumiendo

DIETA = ENERGÍA + ESTRUCTURA + DEFENSA ( + PLACER )

 

 

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