7 + 1 motivos para no comer cereales

Y cuando digo cereales me refiero a todo lo que nos venden como alimento que proceda de los cereales, ya sea en su totalidad o en una parte –mira las etiquetas que comparte Saúl en Estonoescomida; hasta el bacon contiene azúcar. Cuando se habla de cereales la gente suele pensar en los Flakes de Kellog’s de las mañanas, pero recuerda que el pan, la pasta y las galletas –incluso las bio, las digestive o las no sé qué– también están hechos de cereales.

No me gusta centrarme en los aspectos negativos de la vida, así que cuando me planteo algo suelo hacerlo en positivo. Sin embargo, en el caso de los cereales no ha funcionado. Durante un tiempo me he preguntado por qué comer cereales, pero no he encontrado ningún motivo, como mínimo biológico –otra cosa son las razones económicas por las que el hombre consume cereales. Para lo que sí he encontrado muchas razones es para NO comer cereales…

“Los gobiernos recomiendan consumir un montón de cereales solamente para mantener el complejo patológico de petróleo-agricultura-farmacia, y no por nuestra salud” Robb Wolf

¿Por qué no comer cereales?

1. Por ser una fuente abundante de hidratos de carbono.

Ya sabemos lo que ocurre cuando consumimos demasiados HC, en especial simples, sobre todo desde un punto de vista insulínico -hiperinsulinismo/sobrepeso/diabetes.

Desde un punto de vista energético, los hidratos de carbono son una fuente ineficiente, de combustión muy rápida, por lo que se requiere de una resposición constante, es decir, comer con frecuencia, a la vez que son altamente tóxicos para nuestro organismo una vez descompuestos en su forma más simple, la glucosa, por lo que cualquier excedente es depositado rápidamente en forma de grasa. El organismo, especialmente el tracto digestivo, está trabajando todo el día sin cesar, se satura, se agota y, finalmente, se deteriora y enferma.

Algunos pensarán en los cereales de grano entero, de digestión más lenta, como alternativa, pero al fin y al cabo conllevan la misma respuesta insulínica –no en velocidad pero sí en volumen. Además, estos cereales “más sanos” contienen más fibra, por lo que requieren de mayor fermentación –digestiones más largas y pesadas–, provocando mayor sensación de hinchazón, por ejemplo. Ahora bien, como veremos, la alta carga glucémica de los cereales no es el único problema. Te recomiendo leer este artículo de Ana: Ni integrales ni refinados, los cereales no te alimentan.

2. Por ser altamente adictivos.

Aquí sí que importa la velocidad; cuanto más refinados, más adictivos. El pico de secreción de insulina que provoca consumir cereales contrarresta los altos niveles de cortisol, la hormona del estrés, característicos de episodios de ansiedad y nervios tan presentes en la actualidad, por lo que, después de los alimentos dulces procesados –bollerías, bombones, etc.–, el pan o la pasta son los predilectos para compensar ciertos desajustes emocionales, hasta tal punto de crear adicción y favoreciendo que comas impulsivamente.

Cualquiera que haya dejado de comer cereales y azúcares, especialmente refinados, sabe que uno debe superar un “síndrome de abstinencia” semejante al de aquel que opta por dejar de fumar o beber alcohol.

3. Por ser una fuente pobre de proteínas.

Y algunos ya se estarán echando las manos a la cabeza, pero es una realidad que pocos se atreven a discutir, por muchas combinaciones mágicas que se intenten hacer entre cereales y legumbres.

Las proteínas de origen vegetal, especialmente las de los cereales –las de las legumbres son algo mejores–, tienen un valor biológico muy bajo, y más comparándolas con las de la carne, pescado, huevos, etc.

No se trata sólo de cantidad, sino también de calidad.

4. Por ser una fuente pobre de vitaminas y minerales.

Y vuelvo a compararlas, tanto con carnes y huevos como con el resto de vegetales. Cualquier tabla que se consulte acerca de la cantidad de nutrientes, especialmente micronutrientes –vitaminas y minerales–, refleja una clara desventaja de los cereales respecto al resto de alimentos, a misma cantidad, por supuesto.

5. Haciendo un primer resumen, por su desequilibrio nutricional.

Es decir, porque son poco nutritivos. A grandes rasgos, lo único que aportan los cereales es energía de combustión rápida que no necesitamos en grandes cantidades y que podemos obtener de otros alimentos mucho más nutritivos, como pueden ser la fruta y los vegetales, o incluso los tubérculos. La proporción y el valor nutricional tanto de proteínas como de micronutrientes que nos pueden aportar los cereales son prácticamente insignificantes comparados con los del resto de alimentos, tanto en cantidad como en calidad.

Además, como decía hace unos días al recordar las tres necesidades básicas que debe cubrir una dieta, cuando valoramos nuestra alimentación no sólo debemos estudiar lo que nos aporta lo que comemos, sino también lo que nos quita.

Y los cereales nos quitan mucho…

6. Por su alto contenido en fitatos.

Como todo, los fitatos también son necesarios para la vida. Fijándose al plomo, por ejemplo, nos ayudan a prevenir ciertas intoxicaciones. Pero lo cierto es que no los necesitamos en mucha cantidad y tenemos suficiente con los que obtenemos, por ejemplo, de los frutos secos.

Cuando se ingieren en abundancia, como cuando una dieta es rica en alimentos de origen cereal –por ejemplo, la dieta mediterránea–, los fitatos se consideran antinutrientes. ¿Que quiere decir eso? Pues que no sólo no nos alimentan, sino que interfieren en la absorción y asimilación de otros nutrientes.

En este caso, el de los fitatos, nos vemos perjudicados en la absorción de minerales tales como el hierro o el calcio. Autores como Wolf y Sisson mencionan estudios que relacionan íntimamente la ingesta de fitatos con enfermedades como la osteoporosis, debido precisamente a esa inhibición de la asimilación del calcio por parte de los fitatos. Para alguien con osteopenia o anemia, por ejemplo, tal vez valdría más la pena probar a estar entre 3 y 6 meses sin consumir cereales que hincharse a beber leche o a tomar suplementos de hierro, no sólo por su ineficacia, sino también por todos los problemas digestivos que provocan -¿a quién no le estriñen los suplementos de hierro?

7. Porque destrozan tu aparato digestivo, sistema inmunitario y sistema hormonal.

Y esto va para largo.

Hablábamos de proteínas, ¿verdad? Las proteínas de los cereales, entre las cuales podríamos considerar el gluten como la más nociva, aunque también lo son otras como la zeína del maíz, tienen un alto contenido en prolina, un tipo de aminoácido muy difícil de digerir que provoca graves daños a nuestro intestino.

Entre otras proteínas, las más abudantes son las lectinas, como la WGA –aglutinina del germen de trigo-. Éstas no se descomponen fácilmente en el estómago, donde tiene lugar la parte más importante de digestión de las proteínas, y llegan casi intactas al intestino, debido al contenido en prolinas e inhibidores de la peptidasa –enzima que rompe las proteínas– de dichas lectinas.

El intestino, viendo que han llegado unas proteínas enormes sin descomponerse, trata de defenderse, y el sistema inmunitario se pone en marcha generando anticuerpos. Mientras, las lectinas dañan las paredes intestinales, afectando la permeabilidad del intestino, lo que todavía promoverá más la acción de nuestras defensas.

Por si esto no fuera poco, dicho daño en la permeabilidad intestinal facilitará el acceso al organismo de otras bacterias y agentes químicos que no deberían entrar, con lo que aún necesitaremos generar más defensas.

He aquí como, gracias al consumo de alimentos de origen cereal, tu cuerpo se siente atacado y genera defensas a destajo, lo que acaba favoreciendo el desarrollo de enfermedades autoinmunes como artritis reumatoide, Lupus e incluso cáncer, así como inflamación sistémica, la inflamación de todo el organismo, lo que favorece también al desarrollo de cardiopatías o enfermedades relacionadas con el dolor crónico, como puede ser la fibromialgia.

Sin embargo, esto no acaba aquí. Parece ser que las proteínas necesarias para nuestro cuerpo se asemejan mucho en su estructura a las que nos dañan, lo que combinado con ese exceso de defensas acabe provocando que el sistema inmunitario trate de defenderse de cualquier tipo de proteína que llega al intestino. Esto representa realmente una catástrofe para todo nuestro organismo. Insisto, todo.

Además, debido al daño sufrido en las paredes intestinales, también se ve afectada la secreción de colecistoquinina (CCK), hormona que a su vez estimula la secreción de bilis de la vesícula y de enzimas digestivas del páncreas. Al no secretar CCK tampoco secretamos ni enzimas ni bilis, lo que por un lado todavía dificulta más la digestión de proteínas y grasas en el estómago y el duodeno –es por eso que puede sentarte mal la carne; prueba a eliminar los cereales–, y por otra promueve la aparición de cálculos biliares en la vesícula, a lo que nuestra medicina, en vez de responder con una dieta baja en cereales, suele atacar con una solución rápida pero que determinará nuestras digestiones y salud para toda la vida… cortar la vesícula de cuajo.

Es más, la inhibición de la CCK también afectará negativamente a la secreción de otras hormonas saciantes –¿recuerdas la leptina y el péptido YY?. Claro está, como se ha demostrado en numerosos estudios, que el efecto hormonal saciante de los cereales –no el mecánico– es casi nulo, por lo que una dieta rica en cereales aumentará nuestro apetito, desde un punto de vista hormonal –¿cómo puede ser que tengas hambre al poco rato de comer?. Y de ahí a la famosa hiperfagia y al comer sin hambre real.

Y 8, el motivo real

Una razón a la que añadiré más explicaciones en su momento, aparte de las que acabo de dar.

El gran error es simple: considerar los cereales un alimento.

Porque sí. Sí son alimento. Pero no para nosotros. Para rumiantes, roedores, pájaros… sí lo son. Pero nosotros no podemos digerirlos con eficiencia, nos aportan un tipo de energía ineficaz que casi no necesitamos, no nos aportan casi nutrientes, interfieren en la asimiliación de otros, deterioran nuestro tracto digestivo y, de rebote, facilitan el desarrollo de la enfermedad en cualquier parte de nuestro cuerpo.

Durante muy poco tiempo, 10.000 años, los cereales nos han servido para sobrevivir y facilitar la superpoblación mundial, pero al mismo tiempo para enfermarnos –si buscas en el blog ya expliqué cómo ocurrió, mientras tenemos constancia que las comunidades que gozan de mayor salud son aquellas pocas que siguen basando su alimentación en la caza y la recolección. Una dieta humana basada en el consumo de cereales es insostenible, tanto para nosotros como para el planeta.

Y sólo por una razón: los cereales no son un alimento para el hombre.

 

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