Archive: octubre, 2012

Un reputado doctor pone en duda la recomendación de beber dos litros de agua al día

Se trata del Dr. Franco Berrino, oncólogo y cirujano especialista en anatomía patológica y epidemiología del cáncer, y frecuente colaborador del World Cancer Research Fund.

Hace un par de semanas le entrevistaba Jaume Barberà en su programa “Singulars”. Durante la conversación que mantuvieron Berrino dice muchas cosas, desde mi punto de vista algunas más acertadas que otras. Sea como sea, teniendo en cuenta que aquí cada uno puede tener su opinión -por ejemplo, él defiende que no deberíamos superar una proporción del 8% de ingesta de proteínas de origen animal, algo con lo que yo no estoy muy de acuerdo-, me gustó la perspectiva naturalista de su discurso.

En este sentido, el mejor momento de la entrevista fue cuando Barberà, alrededor del minuto 23, le preguntó sobre los “dos litros de agua diarios”:

JM: -Doctor, yo ahora voy a beber agua. ¿Es bueno?

FB: – El agua es buena, seguro. Es la mejor bebida que tenemos. Las recomendaciones de la Fundación Mundial para la Investigación del cáncer dicen “reducir el consumo de alimentos ricos en azúcares y grasas y no beber bebidas azucaradas”. No beberlas…

JM: – Pero por ejemplo, se recomienda que bebamos dos litros de agua diarios. ¿Es esto correcto? ¿Debemos beber dos litros de agua diarios? ¿O quizás más?

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Testimonio 5: Manuel. Diabetes tipo 1 y nutrición evolutiva (paleodieta)

Un nuevo y no muy común testimonio de la aplicación de la filosofía evolucionista. Y digo no muy común porque cuando hablamos de nutrición evolutiva solemos nombrar entre sus mejores beneficios la prevención y tratamiento de la diabetes tipo 2. Sin embargo, la diabetes tipo 1 suele quedar en el olvido ya que no hay muchos estudios relacionados con tal disfunción.

Hoy no caerá en el olvido. Hoy disfrutaremos de un mensaje y una puesta en acción de coraje, sinceridad, criterio y ganas de saber más, a pesar de contradecir las pautas médicas convencionales en el tratamiento de la diabetes tipo 1. Entre su autor, Manuel, y un servidor, teníamos pensado editar el siguiente texto en forma de post. Pero he considerado que dada su excelente redacción así como la autenticidad y honestidad que refleja su discurso, publicaré el email que Manuel me envió ayer mismo intacto, sin modificar nada.

Manuel no sólo nos explica su experiencia, sino que también comparte algunas dudas que tiene al respecto. Podéis comentarlas y tratar de ayudar si lo creéis oportuno.

Y por supuesto, muchas gracias por tu testimonio, Manuel :-)

Dudas de un diabético

Robert,

Sigo tu blog desde hace un par de meses, en los que me he puesto más o menos al día leyéndolo prácticamente al completo.

Pero lo interesante es que soy diabético tipo 1 desde hace unos 5 años. Tengo 29 años.

Tras este tiempo de tratamiento he tenido un buen control global de la enfermedad, con unos niveles de hemoglobina glicada (el rastro de azúcar medio en los últimos 2-3 meses en los glóbulos rojos de 6, similar al de una persona sana, aunque no perfecto). Todo conseguido gracias al control inyectando insulina en todas y cada una de las comidas, y a comer cantidades de hidratos más o menos fijas.

El mosqueo me llegaba cuando no entendía por que me “obligaban” a comer hidratos SIEMPRE (en conjunto más de los que ingería antes de diagnosticarme la enfermedad, aunque más repartidos a lo largo del día), para a la vez obligarme a inyectarme insulina SIEMPRE para contrarrestar sus efectos. De modo que, por mi cuenta, comencé a experimentar reduciendo e incluso eliminando la ingesta de hidratos en la cena, con tal de evitar la inyección de insulina correspondiente. El resultado fue excelente, mejorando mis niveles de glucosa en sangre después de la cena y antes del desayuno.

No contento con ello (en realidad muy contento, pero buscando estarlo más), me dispuse a dar un paso más, reduciendo aun más los carbohidratos de mi dieta. Fue entonces cuando investigando por mi cuenta llegué a tu blog y a unos cuantos más, y mi sorpresa fue que todos vosotros recomendábais una dieta baja en carbohidratos, eliminando de raíz los procesados. Y así lo hice.

Actualmente y tras un par de meses, los resultados los considero buenos. He rebajado unos 4-5 kilos, quitándome el michelin que me acompañaba desde hacía muchos años. Tengo energía para hacer caminatas durante 3 horas sin hipoglucemias o para ejercicios más intensos durante 20-30 minutos (cosa que antes no me atrevía a hacer) y mis niveles de azúcar en sangre son lo más parecidos a una persona sana que creo que podré conseguir nunca. Como frutas en cada comida, frutos secos una vez al día (normalmente el desayuno) y algo de lácteos en forma de quesos curados. El resto son abundantes verduras y proteínas en forma de carne, pescado y huevos. Con tal cantidad de hidratos no necesito insulina “rápida” antes de las comidas, y tan solo me inyecto la de acción “lenta” por las noches.

Sé que el interés de los endocrinos por la ingesta habitual de carbohidratos y la consecuente inyección de insulina es para evitar la cetosis, que en un diabético puede derivar fácilmente a cetoacidosis, resultando peligrosa. En mi caso en ningún momento mis niveles de azúcar han subido por encima de 120 mg/dl, (en mi debut diabético me enseñaron que debía controlar la acetona solo si mis niveles de azúcar subían por encima de 250 mg/dl en un par de controles consecutivos), pero ¿he entrado en cetosis en algunos momentos? (al bajar los 5 kilos o después de las largas caminatas o los ejercicios intensos). Ahí es donde me pierdo. Desconozco si la cetosis sin derivar a cetoacidosis puede ser mala para mi en algún otro sentido.

Por todo lo demás y a falta de una analítica completa, me encuentro perfectamente. Sólo puedo hablar de mi experiencia (la información sobre diabéticos tipo 1 en la red es muy escasa, y la poca que hay está demasiado estereotipada, sin dar lugar a experimentos fuera de lo convencional) y desconozco si otras personas reaccionarían igual o presentarían síntomas de cetoacidosis en mi misma situación.

Te agracedería si dispusieras de algo de información al respecto, o referencias de donde conseguirla. Hablaré con mi endocrino (tengo visita en enero) pero no tengo grandes esperanzas por haberlos desobedecido tan descaradamente. No se si valdría la pena hacerme una analítica antes de dicha visita. El indicador que me afecta de forma más inmediata es la glucosa, que tengo muy controlada. Los demás que me pueden interesar (colesterol o triglicéridos) supongo que puedo esperar estos 3 meses a conocerlos sin más preocupaciones.

Gracias por tu atención si has llegado hasta aquí!
Saludos,
Manuel

Comiendo así ya debería estar muerto (mitos y creencias)

Este post participa en la II Edición del Carnaval de Nutrición, este año dedicado a los mitos nutricionales y alojado en el blog de la consultoría dietética  Alimmenta. La línea editorial es una tanto distinta a la del resto de entradas participantes, ya que este post pretende ser reflejo de una experiencia personal respecto a los mitos y creencias nutricionales, más que una guía u opinión de un experto. Tengo la esperanza que los lectores sean tan abiertos de mente y respetuosos como yo siempre he sido, así como que no entiendan esta entrada como un mensaje en contra de nada ni ofensivo, sino sencillamente como una perspectiva un tanto diferente.

Comiendo así ya debería estar muerto

Cómo me gustan los titulares sensacionalistas… Bueno, vamos a desdramatizar un poco. Comiendo así ya debería estar “casi” muerto, o como mínimo enfermo.

Son ya tres años desde que empecé a hacer oídos sordos tanto a la rumorología como a las recomendaciones nutricionales de las autoridades sanitarias. Visto el panorama, decidí investigar por mi cuenta, experimentar con lo que encontraba -como ya había hecho durante mucho tiempo con el veganismo, crudivorismo, dieta mediterránea, etc.- y poner en práctica un estilo de vida más acorde a nuestra naturaleza evolutiva, siguiendo las bases de la medicina evolucionista -promovida por numerosos médicos, dietistas y otros especialistas.

Según los mitos y creencias de la sabiduría convencional -acuñada por Mark Sisson-, y teniendo en cuenta que este ensayo personal -sobre todo personal, no extrapolable a toda la población, sólo a mí- ha durado suficiente tiempo como para extraer ciertas conclusiones -tres años-, yo ya debería estar bastante enfermo, o como mínimo predispuesto a padecer cualquier anomalía relacionada con una nutrición desequilibrada y un ejercicio físico inadecuado. Sin embargo, ha ocurrido todo lo contrario.

¿Cómo? A eso vamos.

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Sobre cromañones, estrés, ejercicio físico y obesidad infantil

Hoy comparto un segundo extracto del libro El mono estresado del Doctor José Enrique Campillo Álvarez -el último que comparto; os recomiendo leer el libro entero.

Después de comprender que nuestro genoma sigue siendo calcado al del hombre de las cavernas y que, por tanto, nuestra naturaleza evolutiva es la misma, el Dr. Campillo nos recomienda movernos como el hombre del Cromañón, y así combatir y compensar nuestro estrés, a la vez que tratar y prevenir la obesidad infantil.

Debemos movernos como los cromañones

“Para estar sanos y combatir los efectos negativos del estrés, deberíamos movernos como los cromañones. Si no podemos salir a cazar nuestra comida o a buscar el alimento en el campo; si ante una agresión o un disgusto o una preocupación no podemos ni huir ni luchar, tendremos que encontrar la forma de ponernos en paz con nuestro diseño en estas deudas de activida física.

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