Las emociones influyen en la asimilación de los alimentos

Las emociones… Un eslabón más a tener en cuenta entre todos los factores que influyen en nuestra salud y bienestar. No hablo demasiado de ellas porque no son mi especialidad, aunque siempre las menciono. Pronto -mañana mismo- pondré remedio a este “agujero negro” del blog -al final del post explicaré algo más sobre esto.

Salud y bienestar no es sólo comer y correr

Cuando hablamos de salud y bienestar solemos centrar nuestra atención sólo en dos cosas: lo que comemos y el ejercicio que hacemos. Sin embargo, como siempre insisto, la vida no es un sistema lineal, sino más bien una nebulosa no determinista donde se mezclan estilo de vida, procesos mentales -pensamientos y emociones-, influencias externas del medio ambiente y de nuestras redes sociales -tanto físicas como virtuales-, actividad física, alimentación, etc. Todos estos aspectos dependen estrechamente los unos de los otros. Son interdependientes.

Asimilamos mejor los alimentos si nuestras necesidades emocionales están cubiertas

Un par de semanas atrás el programa Redes de Eduard Punset estaba dedicado a la gestión emocional. Elsa Punset, su hija, nos explicaba cuánto “necesitamos por encima de todo sentirnos seguros y amparados, es decir, conectados con los demás”, incluso simplemente para asimilar adecuadamente los alimentos y disfrutar de un sistema inmunológico de calidad.

Allá por los años 60 se realizaron unos experimentos con crías de mono en los que éstas permanecían enjauladas con dos madres artificiales, una de trapo y otra de alambre, con la particularidad de que el monito sólo podía comer de un biberón incrustado en la madre de alambre. Curiosamente, a pesar de que el alimento lo tenía la madre fría e incómoda de alambre, el mono pasaba 22 horas al día con la madre de trapo, más cálida y confortable.

Pero lo curioso del caso no es sólo este dato, que podría explicarse simplemente por una cuestión de comodidad.

Aparte de estos monos, también se enjaularon otros tantos con solamente una madre, la de alambre, y su correspondiente biberón. Después de un tiempo, comparando ambos grupos, el experimentó concluyó al observarse que los que se vivían sólo con la madre de alambre asimilaban peor la leche y tenían un sistema inmunológico mucho más débil.

A partir de entonces cambió notablemente la perspectiva que tenía la medicina y la ciencia acerca de la importancia biológica de las emociones, lo que nos ha ayudado a comprender lo que “hoy sabemos”, como apunta Elsa,  “que más allá de de la pura supervivencia, sólo florecemos si nuestras necesidades emocionales, en especial las de protección y afecto, están atendidas”.

Al final del post puedes ver el vídeo, con el link debajo para cuando Internet hace de las suyas…

Una prueba más de la complejidad y la globalidad de la vida

Teniendo en cuenta lo que hemos visto, es fácil comprender que es posible seguir una dieta evolutiva o realizar actividad física adecuada a nuestro diseño biológico y no disfrutar de las consecuencias naturales de tal coherencia.

El porqué está claro: no tenemos ciertas necesidades alimenticias o mecánicas que cubrir, sino también emocionales.

Es por eso que a partir de esta semana, con cierta frecuencia, contaremos con la colaboración de una buena amiga y psicóloga, Silvia Llop, para que comparta con nosotros su perspectiva acerca de la relación que guardan las emociones con nuestro estilo de vida, alimentación y actividad física, además de proponernos soluciones viables para gestionar conflictos emocionales tan comunes como la ansiedad, el estrés, la depresión, la falta de autoestima o la inestabilidad de la voluntad propia.

Espero que lo disfrutes.

¡Salud!

Ver vídeoRedes - Aprender a gestionar las emociones

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