¿Cuál es la comida más importante del día? (1) Cuestiones evolutivas sobre el desayuno

Ésta es una serie dedicada a la comida más importante del día, el desayuno. La dividiré en tres partes:
· Cuestiones evolutivas sobre el desayuno.
· Las bases de un buen desayuno.
· Ejemplos de desayuno en la práctica del ayuno intermitente.

Cuestiones evolutivas sobre el desayuno

Por una vez y que no sirva de precedente, coincido plenamente con la Jaula: el desayuno es la comida más importante del día. Tranquilo, no me he vuelto loco; en realidad la Jaula y yo sólo estamos de acuerdo en el nombre de esta comida. Otra cosa es el significado que yo le doy al desayuno, qué recomiendo desayunar o cuándo aconsejo hacerlo.

Hoy te invitio, como ya he hecho tantas otras veces, a jugar, a tratar de imaginar cómo desayunaban nuestros ancestros y todo lo que esto ha implicado a nivel evolutivo, para después -en los próximos posts- tratar de extrapolar ciertas pautas y adaptar ese desayuno evolutivo a las circunstancias sociales y personales de cada uno. Y por cierto, antes de seguir, si estás interesado más bien en cuestiones metabólicas y hormonales -de las que yo casi no voy a hablar en esta serie-, te recomiendo leer los posts dedicados al desayuno del blog Eva Muerde La Manzana.

Para empezar tendremos que determinar a qué nos referimos cuando hablamos de desayunar, porque probablemente cuando escuchas desayuno piensas de forma automática en la comida que realizas nada más te levantas o al poco tiempo de hacerlo -así lo define la RAE.

Yo no hablo de eso. Prefiero quedarme con el significado literal de la palabra -luego me explico. De hecho, naturalmente, puede que algún día el desayuno sea a primera hora de la mañana, del mismo modo que puede ser a última hora de la tarde…

Qué es el desayuno

Entiendo entonces que el desayuno no es lo que comes cuando te levantas por la mañana, sino lo que comes por primera vez después de un estado de ayuno (des-ayuno), el cual generalmente comprende algunas horas de sueño. Por tanto, el desayuno no implica que comamos algo, pongamos por ejemplo, durante las dos primeras horas después de haber despertado. Uno puede permanecer toda la mañana en ayunas y no comer hasta el mediodía, o tal vez no probar bocado hasta la tarde, o por qué no incluso hasta el anochecer. ¿No es así como ocurriría en plena naturaleza? Sea como sea, en cualquiera de estos casos, uno está desayunando.

Cuándo desayunar. Una pre-condición: el ejercicio físico

Si lo que quieres es respetar tu diseño evolutivo y la coherencia natural, no deberías desayunar hasta haber realizado cierta actividad física. No sé si te habrás dado cuenta, pero ésta es una pre-condición que cumplen a rajatabla todos los seres vivos superiores. Primero moverse, después comer.

Como cualquier otro animal y durante muchísimo tiempo -la mayor parte de nuestra historia-, hemos tenido que movernos antes de poder comer, ya que precisamente el motor de ese movimiento ha sido la búsqueda y obtención de comida. Nuestro organismo ha evolucionado para funcionar de forma óptima siguiendo ese patrón, o mejor dicho, ese patrón sin patrón, recalcando una vez más que nuestros antepasados tanto podían tener un día de suerte y hacerse con comida temprano como pasar la mayor parte de la jornada sin comer a pesar de caminar, correr, saltar, intentar cazar,… desde primera hora del día.

No obstante, como norma general y como parecen seguir haciendo las comunidades de cazadores-recolectores de la actualidad, lo más probable es que la mayoría de los días el desayuno y comida principal del día -y seguramente la única- de nuestros ancestros tuviera lugar en las horas centrales del día o a primera hora de la tarde, después de toda una mañana de caza y recolección -en esto tiene que ver también la luz natural y la curva de secreción de cortisol, las cuales nos mantienen más activos durante la primera mitad de la jornada, favoreciendo ese estado de máxima eficiencia física y mental que requerirá cazar y recolectar.

Comida y actividad física es un conjunto indivisible que nos provoca placer

No iría mal recordar entonces que el “protocolo” que hemos seguido durante todo ese tiempo, que tiene muchísimo que ver con nuestras sensaciones de placer y bienestar y que deberíamos respetar es el siguiente:

  • Despertar.
  • Realizar tareas de mantenimiento y ocio: explorar, jugar, contemplar, relacionarse con los demás, etc.
  • Sentir cómo se despierta el apetito, señal de que es momento de buscar comida -si no fuera así, ¿cómo sabrían los animales cuándo comer? Tal vez te interese leer ¿Para qué sirve el hambre?
  • Ponerse en marcha, buscar comida y conseguirla cazando o recolectando.
  • ¡Desayunar! -más tarde o más temprano. Por cierto, ¿has visto cuántas cosas deberías hacer antes de comer algo?
  • Sentir el placer de comer después de haber pasado un poquito de hambre, haberse movido y haberse saciado -¡circuitos de recompensa!
  • Reposar.

Cuánto comer. A más ejercicio, más comida

Y no se trata de balancear calorías ingeridas con calorías gastadas. Ya sabemos que eso son tonterías…

Pero es curioso observar también cómo generalmente -siempre hay excepciones que dependen del azar- en plena naturaleza cuanto mayor es el desgaste físico mayor es la recompensa. Sin aparentemente quererlo o pretenderlo, la propia naturaleza mantiene el equilibrio. Es evidente que recolectar vegetales no va a requerir tanta energía ni esfuerzo físico como cazar, por lo que también es lógico que la recompensa energética y nutricional sea menor en la recolección que en la caza.

Extrapolándolo a nuestros días en los que tú eliges qué comer… Si no realizas ninguna actividad física, con una zanahoria y dos nueces te basta. Ahora bien, si realizas una sesión de ejercicio físico intenso, un par de huevos con tocino, pechuga de pollo, una manzana, un tomate y medio coco te van a sentar genial.

Cada persona es un mundo y no vivimos en el Paleolítico

Nuestra realidad es que no vivimos en la sabana, así que para muchos va a resultar imposible levantarse tranquilamente al amanecer, tomarse las primeras horas del día con calma, esperar a que el apetito se despierte para hacer algo de ejercicio y después desayunar.

Ahora bien, lo que sí puedes hacer es tratar de respetar tu coherencia evolutiva en el binomio “actividad física – desayuno” y en cómo estructurar tus horarios para aproximarte a un comportamiento natural.

¿Cómo hacerlo? En el siguiente post veremos una idea general y algunos ejemplos de lo que podemos desayunar.

 

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