Qué es el estrés crónico y 5 formas de estrés crónico que estás pasando por alto (3)

Esta entrada es la tercera parte de una serie de cuatro posts donde te explico resumidamente qué es el estrés crónico y te describo 5 formas de estrés crónico que seguramente estás pasando por alto. Si no leíste las dos anteriores, puedes echar un vistazo a estos enlaces: primera parte y segunda parte.

Después de ver cómo el ejercicio físico puede provocar estrés crónico de diferentes maneras, nos quedan por describir otras tres formas de estrés crónico que probablemente estás pasando por alto.

3. Comer 5 o más veces al día

Los desencadenantes de estrés crónico no tienen porqué ser algo que repitas semanalmente. De hecho, los peores son los que repites a diario. En este sentido, comer cinco o más veces al día es el desencadenante de estrés crónico más enmascarado que tenemos -digo enmascarado porque nadie piensa en ello cuando habla de estrés crónico.

Comer es un estímulo, no de emergencia -aunque a veces sí, luego me explico-, pero sí de actividad. Todos sabemos que cada vez que comemos se pone en marcha nuestro aparato digestivo, tenemos que digerir y asimilar los alimentos, y esto cuesta un esfuerzo -utilizado como excusa por muchos para aconsejarte que comas muchas veces al día para quemar más calorías. ¿Crees que ese esfuerzo no agota, no satura? La digestión es uno de los procesos que más recursos solicita a nuestro organismo, ya que no sólo implica la actividad propia del aparato digestivo, sino que estimula -otra vez- todos nuestros sistemas, especialmente también el endocrino -tienen que trabajar muchas hormonas-, el nervioso -para interpretar y gestionar todo lo que está pasando- y el inmunitario -nuestro intestino tiene muchísima faena cada vez que comemos.

Comer requiere de un esfuerzo extraordinario de todos estos sistemas y si lo haces con tanta frecuencia acaban agotándose, desestabilizándose y deteriorándose, nuevamente, enfermando. Si tantos sistemas se ven implicados en la digestión y asimilación de los alimentos es sencillo comprender como tantas y tan diversas enfermedades pueden estar relacionadas con el estrés crónico provocado por comer con tanta frecuencia.

Además, como si no tuviéramos suficiente con esto y aunque no debería ser así, según lo que comas sí puedes estar corriendo un peligro, vivir una situación de emergencia. Si lo que comes es procesado, está intoxicado por la química o eleva rápidamente tus niveles de glucosa en sangre, el cuerpo está en peligro, entra en alerta y reacciona como tal.

Imagínate esta situación cinco o más veces al día, cada día, toda la vida.

La solución: ayuno intermitente.

4. Exposición continua a agentes químicos tóxicos

Lo sé, todo está infectado. Petróleo, plástico, contaminación atmosférica, pesticidas, bisfenol, aspartamo,… Parece imposible evitar la química contaminante -y de hecho es realmente difícil; está por todas partes.

Sin embargo me siento con la obligación de recomendarte que le prestes atención a tres frentes:

a. La comida:

Lo más obvio, aunque sigamos comiendo porquería.

Evita la comida procesada, refinada, empaquetada,… Está contaminada, muy contaminada.

Evita la comida procedente de la agricultura y la ganadería masiva. Sí, sí, aunque estudios recientes digan -a mí me traen sin cuidado- que nutre igual. Podrá nutrir igual, pero está contaminada. Sí, sí, y la ecológica también está contaminada, pero la industrial está más contaminada.

b. Los medicamentos:

Más química, más tóxicos, más contaminación.

Uno de los problemas que tienen los tratamientos farmacológicos es su efecto global sobre el organismo, no local. Es decir, cuando te medicas la química que entra directamente en tu torrente sanguíneo viaja por todo tu cuerpo, de ahí los molestos y a veces graves efectos secundarios. Lo del anuncio de la aspirina y su famoso “actúa sobre el foco del dolor” es mentira; actúa sobre todo tu cuerpo y de rebote sobre el foco del dolor.

No te estoy diciendo que no te mediques. Te estoy aconsejando que lo hagas con extrema responsabilidad y uso racional de los medicamentos, y sobre todo que trates de minimizar -sé que a veces parece imposible- los tratamientos crónicos, porque un tratamiento crónico es un estrés crónico. Busca alternativas, que las hay.

c. La higiene personal

Si antes hablaba de nuestro sistema inmunológico y nuestro intestino -nuestra defensa interna-, no sería justo olvidarme de nuestra piel -nuestra defensa externa.

Más de uno se va a llevar las manos a la cabeza, sobre todo porque voy a tocar una creencia de aquellas intocables, la que dice que “si no te duchas cada día eres un guarro”. Pues bien, que sepas que esto es así, más o menos, desde hace sólo unos cuarenta o ciencuenta años, cuando se encargó de promulgar tal dogma la industria química y su publicidad en la televisión -no sé si puedes imaginarte la magnitud del consumo que genera tal creencia: gel, champú, pasta dentífrica, desodorante, crema suavizante, colonia, etc.

Gracias a nuestros hábitos de higiene, junto con todos los agentes contaminantes que contienen los productos que mencionaba, nuestra piel y cabello sufren un estrés crónico sin precedentes.

¿Debes dejar de ducharte cada día? No sé, tú mismo. Yo lo que haría -y hago- es mantenerme limpio, pero con cabeza. Es decir, tratar de evitar el uso diario de esos productos, comprar los que menos tóxicos contienen, no enjabonarme cada día como si hubiera estado trabajando en la mina y centrar mi higiene en las zonas más conflictivas -axilas, genitales, ano y pies-. Y sí, lo confieso, si un domingo llueve y me quedo quietecito en casa leyendo, descansando o viendo alguna película, sencillamente no me ducho.

Para más información sobre el tema puedes echar un vistazo a este didáctico y divertido post de Nacho (Spartan Gourmet).

5. Estar sentado todo el día

Lo dejaba caer en la primera parte de esta serie, aunque no represente un estrés crónico, sino un “no estrés” crónico. Aquí el problema no es la falta de estímulo, sino que el estímulo es crónicamente siempre el mismo, ninguno.

De todas maneras, que estemos sentados no significa que, por ejemplo, no haya tensión muscular. De hecho, de manera inconsciente, cuando estamos sentados realizando una actividad que a la vez nos estresa de alguna otra manera, generalmente adoptamos posturas inadecuadas que reflejan ese estrés en una tensión muscular mantenida -¿cervicalgias después de pasar un tiempo delante del ordenador?- o simplemente por el hecho de dedicar demasiado tiempo a una misma actividad sedentaria que requiere de ciertos movimientos sistemáticos, es decir, crónicos, que acaban derivando en problemas más serios -¿tendinitis del supraespinoso gracias a tu manejo del ratón?

No quiero alargarme con un discurso contra el sedentarismo, así que lo resumiré de la misma forma que concluyo el capítulo sobre el azúcar en mi libro 30 hábitos naturales para tu salud y bienestar, modificando la sentencia que nuestras autoridades sanitarias -hipócritas- utilizan desde hace un tiempo advirtiendo del riesgo del tabaco.

Y yo digo:

“Estar sentado todo el día mata”

Sólo nos queda por ver un tipo de estrés que he mencionado pero que no he tratado, el estrés crónico producido por factores irreales, inventados, como el miedo o las preocupaciones, además de la moraleja de toda esta historia. El próximo día más.

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