El ciclo circadiano. La razón natural por la que no deberías seguir ninguna rutina

Acabo la frase: la razón natural por la que no deberías seguir ninguna rutina es porque en la naturaleza no existe la rutina.

De un día para otro nada es igual, todo cambia. Ningún día es igual que el anterior. El Sol sale a una hora distinta y se pone a una hora distinta todos los días, por lo que el día tiene diferente duración todos los días -redundantemente. El viento sopla diferente, el día es más o menos húmedo, la presión atmosférica cambia, hay más o menos nubes y te puede dar más o menos la luz del Sol.

Según la estación del año no sólo cambia el clima; también cambia el entorno. Hay diferencias en la abundancia y tipos de frutas, vegetales, hortalizas,… Los animales están más o menos gordos, grasos.

Y tú también cambias cada día. Estás más o menos animado, rígido, motivado, triste, ágil, predispuesto, activo, hinchado, calmado, creativo, rápido, estancado, alegre.

Sin embargo la humanidad pretende que cada día sea igual, rutinario, soñando con una agenda perfectamente cuadrada y un control milimétrico sobre las cosas, sobre el entorno, para poder manejarlo a su antojo. No obstante, es una ilusión; nunca se consigue. Y además algo perjudicial; ir en contra de la naturaleza duele, provoca la enfermedad.

El hombre pretende, durante todo el año, levantarse a la misma hora y acostarse a la misma hora, conservar unos horarios fijos de comida, “comer de todo” todos los días, hacer un ejercicio pautado y monitorizado todas las semanas,… es decir, mantener una rutina diaria constante independientemente de cuál sea la duración del día y la noche, el clima, el estado del entorno, los recursos naturales disponibles en cada estación y hasta su propio estado físico-mental-emocional.

Consecuencia: no funciona.

Causa: asincronía circadiana.

La razón natural por la que no deberías seguir ninguna rutina se llama ciclo circadiano

Todas esa variables que antes comentaba, externas e internas, dependen en gran medida de la duración del día y la noche, distinta para cada día del año. La influencia del ciclo circadiano sobre toda la naturaleza, incluidos nosotros, es asombrosamente abismal -cuando lees sobre ello, especialmente el libro Lights Out, y empiezas a atar cabos el hilo se hace infinito. En cambio, nosotros, en busca de un malinterpretado concepto del “equilibrio”, buscamos que cada día sea igual, idéntico. Pero naturalmente no lo es, cuando es eso precisamente lo que mantiene el equilibrio en la naturaleza.

¿Qué sentido tiene permanecer despierto e iluminado por la luz atificial de nuestros ordenadores, televisores y lámparas hasta las doce de la madrugada cuando el Sol se ha puesto a las ocho de la tarde? ¿Qué sentido tiene comer sandía en España en pleno enero? ¿Qué sentido tiene forzar cierta alegría si uno está triste porque el día está muy nublado o por el motivo que sea? ¿Qué sentido tiene salir a correr a las cinco de la mañana si no te apetece porque tienes sueño?

Queda mucho por comprender, asumir y aceptar que perder esa sincronía es castigarse, comer fuera de temporada es inútil, querer estar siempre a tope y al 100% anímicamente es antinatural, pretender mantener una rutina es enfermizo.

Mejor coordinarse con la luz y el Sol. Mejor activarse de día y dormir de noche, duren lo que duren. Mejor comer de temporada, lo que haya. Mejor aceptarse a uno mismo y comprender que, como todo lo demás, cambiamos cada día y la mayoría de cosas están fuera de nuestro control -de hecho, mejor que sea así. Mejor fluir  en la salud y el bienestar.

Vuelvo a preguntar:

¿Por qué quieres seguir la misma rutina todos los días cuando todos los días son distintos?

Tal vez este precioso vídeo te ayude a averiguarlo.

También te dejo algunos artículos muy interesantes sobre el ciclo circadiano que pueden ayudarte a entender mejor el mensaje. Espero que los disfrutes:

 

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