Archive: marzo, 2013

3 ejercicios muy efectivos para tu salud mental y emocional

Advertencia: este post puede llevarte un buen rato, más de cinco minutos. Es más, está escrito intencionadamente para que te lleve un buen rato. Si no dispones de ese tiempo o no quieres dedicártelo, prefiero que no lo leas y lo reserves para otro momento en que estés más tranquilo, por ejemplo, durante estos próximos días de fiesta. Gracias.

Hace unos días compartía en las redes sociales el siguiente comentario:

“Si no estás a gusto contigo mismo, si no te aceptas y amas tal y como eres, si tus necesidades e inquietudes emocionales no están cubiertas, ya puedes hacer ejercicio, llevar una buena dieta, dormir cuando toca,… Tu salud y bienestar no serán completos.”

La cuarta pata de la mesa

A pesar de que lo que suelo compartir aquí acostumbra a estar relacionado más con hábitos externos, nunca he pretendido dejar de lado lo que yo llamo “pata emocional” de la vida, imprescindible para la salud y el bienestar. Sí, ahora me explico. Digo “pata emocional” porque considero la vida como una mesa de cuatro patas:

  • Alimentación.
  • Actividad física.
  • Relaciones sociales.
  • Emociones.

Si una de las cuatro patas está descompensada, la mesa -la vida- cojea.

De hecho, ya vimos en otro post que desde hace unas décadas los científicos vienen demostrando que las emociones influyen en la asimilación de los alimentos, o cómo el sistema inmunitario queda en una situación delicada durante seis horas a través de un solo pensamiento negativo, predisponiéndonos a enfermar -palabras del Dr. Mario Alonso Puig.

Así que, ahora que llegan las vacaciones de Semana Santa, días que pueden usarse para reencontrarse, aprovecho para compartir tres ejercicios que yo mismo suelo practicar y que ayudan a que esa mesa se mantenga equilibrada. Son ejercicios que, como ocurre a nivel físico con una dominada o una sentadilla, requieren práctica y tiempo, así que no te desesperes si no salen a la primera. Persevera.

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¿Cómo lo sabes? ¿Lo has probado?

- ¿Comes entre 12 y 18 huevos a la semana? ¡Qué barbaridad! Eso no puede ser bueno…

- ¿Cómo lo sabes? ¿Lo has probado?

- ¿Añades un taco de mantequilla a la pechuga de pollo o al plato de verdura de la noche? Te subirá el colesterol…

- ¿Cómo lo sabes? ¿Lo has probado?

- ¿No comes nada en 16 horas? ¿Y encima haces ejercicio intenso entre esas horas, en ayunas? Cualquier día te va a dar una pájara…

- ¿Cómo lo sabes? ¿Lo has probado?

- ¿Te pasas el día descalzo? Vas a acabar fatal de las rodillas y la espalda…

- ¿Cómo lo sabes? ¿Lo has probado?

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Por qué necesitas una rehabilitación antes de practicar el Método Natural

“Ya no sabemos lo que es vivir al aire libre y nuestras vidas son domésticas en más sentidos de los que creemos” – Henry D. Thoreau (Walden)

Vaya… Así que todo lo fáciles, espontáneos y naturales que parecían ser los ejercicios utilitarios indispensables del Método Natural (caminar, correr, saltar, cuadrupedias, trepar, equilibrarte, cargar, lanzar, defenderte y nadar) resulta no ser del todo cierto.

Una educación y cultura normalizadas, estandarizadas, limitadas

Bueno, sería cierto si…:

  • Si te hubieran educado en un entorno libre.
  • Si aquellos juegos que realizabas en los primeros cursos de escuela hubieran tenido cierta continuidad.
  • Si las clases de educación física hubieran consistido en dejar salir lo que llevas dentro en vez de marcarte unas normas de forma repetitiva -afortunadamente esto está cambiando en la educación infantil, aunque lamentablemente no tenga continuidad en la adolescencia.
  • Si hubieras practicado ejercicio físico en escenarios más naturales, con una consecuente e incontrolada variedad de desniveles, terrenos, obstáculos, etc.
  • Si tu educación no hubiera acabado, finalmente, en un gimnasio lleno de máquinas y gestos analíticos.
  • Si no te hubieran o hubieras encasillado y especializado en un solo deporte.
  • En definitiva, si no te hubieran domesticado.

Pero lo más común es que haya sido así, que hayas crecido y sido educado en una “cultura mecánica” cada vez más restrictiva, controlada, previsible, analítica,… Nada que ver con lo que hubiera ocurrido en plena naturaleza. Nada que ver con el Método Natural.

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5 aspectos básicos para una vida de temporada, natural, saludable

No es, ni mucho menos, la primera vez que hablo de seguir una vida de temporada, es decir, estacional, sincronizada con nuestro ritmo circadiano natural. Si aún no lo has hecho, para hacerte una idea general de lo mucho que influye el ciclo circadiano en nuestra vida, puedes leer este artículo y todos los enlaces que encontrarás en él -sí, esta vez tienes para un buen rato, pero vale mucho la pena.

Es por ello que no voy a profundizar mucho más en el tema y lo único que compartiré hoy son estos cinco aspectos básicos que debes tener en cuenta para vivir en sincronía con el ciclo circadiano y fluir en tu naturaleza, la mejor garantía de alcanzar y mantener unos niveles óptimos de salud y bienestar:

1. La comida

Cada estación te ofrece la posibilidad de comer más o menos cantidad, variedad y tipo de comida. Respeta las “normas dietéticas” estacionales naturales y sigue una dieta que incluya mayoritariamente alimentos que podrías encontrar en plena naturaleza justo en el momento del año en el que te encuentres. Si la naturaleza te ofrece X o Y en un momento preciso, será por algo. Si no te lo ofrece -comer fuera de temporada-, también será por algo -seguramente porque no lo necesitas, por muchas vitaminas y minerales que tenga cierto alimento.

2. El sueño

Cada estación, gracias a las diferencias de la duración del día y la noche, te invita a dormir y a permanecer despierto más o menos tiempo. Una vez más, respétalo. Sí, puede ser que tus responsabilidades no cambien mucho y te “obliguen” a seguir el mismo horario durante todo el año, pero sabes que siempre tienes elección -tú eres el primer responsable de tu vida. Y no, no es verdad que siempre tengas que rendir al máximo y que irte a dormir a las 21 y levantarte a las 7:30 -horario de invierno- sea una pérdida de tiempo. Seguramente no hacerlo sí te hará perder el tiempo, tanto en tu esperanza de vida, acortándola, como en el tiempo que vas a pasar en el médico, el fisio, la farmacia o el psicólogo por no dormir como naturalmente debes.

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