El manifiesto del skyrunner, lo más absurdo que he leído en mi vida

Y digo absurdo porque añadir antinatural, tonto, inútil,… hacía el título demasiado largo.

Cabe decir que este post está categorizado en “Reflexiones”, advirtiendo que no es más que una opinión personal. No pretendo tener la razón; todos la tenemos. Pero quiero aprovechar la oportunidad que me da este blog para compartir mi punto de vista y hacer ver que hay otra manera de tomarse la actividad física, a mi juicio, mucho más saludable que el enfoque del texto que hoy comento, el manifiesto del skyrunner, un discurso que discurre en la misma línea que los masoquistas No pain no gain o Where is the limit.

Sé que muchos deportistas basan su motivación en lo que yo llamo cultura del sacrificio, algo muy diferente, aunque no lo parezca, a la cultura del esfuerzo en la que sí creo -lo comentaba en la serie sobre fluir. Dar para recibir sin esperar recibir, eso es el esfuerzo, algo constante en la naturaleza. Sin embargo, el sacrificio y el dolor suelen ser puntuales, siempre que es posible evitados instintivamente -nos alejamos del dolor sin ni siquiera pensarlo, de forma refleja-, y ni mucho menos padecidos de forma voluntaria. Eso no es más que un autocastigo, la cristalización de nuestra creencia cultural de que para disfrutar primero hay que sufrir. Por eso digo absurdo. Por eso digo antinatural. De hecho, nuestra salud natural se refleja a través de la simetría, de la belleza. Y como dice Punset, la belleza no es más que la ausencia de dolor.

¿Besar o morir? ¿Perder es morir? ¿Ganar es sentir? ¿El dolor no existe? ¿Haz sufrir a tus rivales? ¿Amar la soledad y el infierno? ¿Seguir aunque sangren las piernas? ¿Luchar hasta la muerte? ¿No vale no luchar, no sufrir, no morir?

Tal vez yo soy aún más egoísta que el propio deporte descrito en estas palabras con las que empieza el libro Correr o morir de Kilian Jornet -a mí el título ya me da yuyu, aunque recomiendo su lectura. Tal vez yo vea una escala de grises mucho más amplia que besar o morir. Tal vez me importe tres pepinos ganar o perder, y sí prefiera escuchar con atención el dolor en mi cuerpo avisándome de que algo no va bien, para después tratar de obtener un aprendizaje de éste. Tal vez no quiera hacer sufrir a nadie, más bien al contrario. Tal vez quiera ser capaz de vivir serenamente en soledad, pero también comprender que soy un ser social y que la vida no vale nada si no se comparte. Tal vez cuando me sangren las piernas lo mejor que pueda hacer es parar y curar mis heridas. Tal vez la vida sea un regalo para disfrutar, y no una lucha, una batalla, un sufrimiento.

Me reservo para otro día la crítica de este libro que tanto motiva a muchos competidores. Hoy, como tantas otras veces, sólo quiero insistir en mi mensaje: en la práctica de ejercicio físico no necesitas el dolor, el sacrificio o el sufrimiento. Es más, éstos pueden producirte más perjuicio que beneficio -no sólo físico, sino también emocional.

Así que hoy, desde mi punto de vista, más que recomendarte lo que debes hacer para practicar un ejercicio saludable, este manifiesto me sirve para que tengas claro lo que NO debes hacer.

Aquí lo tienes, a ver qué te parece. Si te apetece, puedes dejar tu opinión en los comentarios. Yo, como siempre, agradecido.

<<Kiss or kill. Besa o mata. Besa la gloria o muere en el intento. Perder es morir, ganar es sentir. La lucha es lo que diferencia una victoria, a un vencedor. ¿Cuántas veces has llorado de rabia y de dolor? ¿Cuán­tas veces has perdido la memoria, la voz y el juicio por agotamiento? ¿Y cuántas veces, en esta situación, te has dicho: «¡Otra vez! ¡Un par de horas más! ¡Otro ascenso! El dolor no existe, solo está en tu men­te. Contrólalo, destrúyelo, elimínalo y sigue. Haz sufrir a tus rivales. Mátalos»? Soy egoísta, ¿verdad?.

El deporte es egoísta, porque se debe ser egoísta para saber luchar y sufrir, para amar la soledad y el infier­no. Detenerse, toser, padecer frío, no sentir las piernas, tener náu­seas, vómitos, dolor de cabeza, golpes, sangre… ¿Existe algo mejor? El secreto no está en las piernas, sino en la fuerza de salir a co­rrer cuando llueve, hace viento y nieva; cuando los relámpagos prenden los árboles al pasar por su lado; cuando las bolas de nieve o las piedras de hielo te golpean las piernas y el cuerpo desnudo con­tra la tormenta y te hacen llorar y, para proseguir, debes enjuagarte las lágrimas para poder ver las piedras, los muros o el cielo.

Renun­ciar a unas horas de fiesta, a unas décimas de nota, decir «¡no!» a una chica, a las sábanas que se te pegan en la cara. Ponerle huevos y salir bajo la lluvia hasta que te sangren las piernas debido a los gol­pes que te has dado al caer al suelo por el barro, y levantarte de nue­vo para seguir subiendo… hasta que tus piernas griten a pleno pul­món: «¡Basta!». Y te dejen colgado en medio de una tormenta en las cumbres más lejanas, hasta la muerte. Las mallas empapadas por la nieve que arrastra el viento y que  se te pega también en la cara y te hiela el sudor. Cuerpo ligero, pier­nas ligeras. Sentir cómo la presión de tus piernas, el peso de tu cuer­po, se concentra en los metatarsos de los dedos de los pies y ejerce una presión capaz de romper rocas, destruir planetas y desplazar continentes. Con ambas piernas suspendidas en el aire, flotando como el vuelo de un águila y corriendo más veloces que un guepar­do. O bajando, con las piernas deslizándose por la nieve y el barro, justo antes de impulsarte de nuevo para sentirte libre para volar, para gritar de rabia, odio y amor en el corazón de la montaña, allá donde solo los más intrépidos roedores y las aves, agazapados en sus nidos bajo las rocas, pueden convertirse en tus confesores. Solo ellos conocen mis secretos, mis temores. Porque perder es morir.

Y uno no puede morirse sin haberlo dado todo, sin romper a llorar por el dolor y las heridas, uno no puede abandonar. Hay que luchar hasta la muerte. Porque la gloria es lo más grande, y solo se debe aspirar a la gloria o a perderse por el camino habiéndolo dado todo. No vale no luchar, no vale no sufrir, no vale no morir… Ha llegado la hora de sufrir, ha llegado la hora de luchar, ha llegado la hora de ganar.

Besa o mata. Estas eran las palabras que, durante aquellos años, colgadas en la puerta de un viejo apartamento, leía todas las mañanas antes de salir a entrenarme.>>

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