Qué es fluir y por qué es algo fundamental cuando haces ejercicio físico (y 3)

Ahora que ya sabes qué es fluir y por qué es algo fundamental cuando haces ejercicio permíteme cerrar esta serie con un punto de vista más… aunque me cueste decirlo… analítico.

Podríamos entrar más al detalle, pero cuando hablamos de fluir mientras hacemos ejercicio básicamente podemos jugar con tres variables: interés, complejidad e intensidad. Dependiendo de cómo juegues con ellas lo tendrás más o menos fácil para fluir, te acercarás más o menos al estado de flujo. Algo que ya adelantaba al final del post anterior es que lo ideal es jugar con ellas de manera equilibrada y que, sobre todo, debemos tener cuidado con no caer en el error de centrarnos únicamente en la intensidad. Luego te explico por qué.

Interés

Es algo evidente. Si no te gusta el tipo de ejercicio físico que practicas estás perdido. Lo comento extensamente en ¿Hacer ejercicio? ¿Para qué? ¡Para nada!. Segurísimo que hay algo que te gusta hacer porque, al fin y al cabo, eres movimiento.

Además, hoy día la oferta de actividades físicas de todo tipo es tan extensa que lo realmente complicado es encontrar alguna que no te atraiga de alguna manera, desde dar paseos por la orilla del mar remojándote los pies hasta la última novedad en el mundo del fitness, pasando por yogas, Pilates, tai-chis, bailes, artes marciales, deportes, etc. Podremos debatir cuáles son más o menos completos o incluso “evolutivos”, pero al fin y al cabo todos son movimiento.

Encuentra algo que te guste.

Complejidad

Cualquier actividad física que practiques, para que facilite el estado de flujo, debe implicar un estímulo y una progresión en su complejidad de ejecución.

Hacer ejercicio no es sólo mover los brazos y las piernas como si fueras un robot, aunque el fitness convencional y algunos tipos de gimnasia se centren en eso.

Moverse debe implicar una dificultad mecánica que active no sólo tus músculos y articulaciones, sino que requiera de toda tu atención y activación neurológica y mental, que conlleve un trabajo de coordinación, sincronización, sinergia, equilibrio, reacción, a la vez que estrategia, toma de decisiones, improvisación, adaptación,…

Los parámetros que puedes manejar dentro de la complejidad del ejercicio son tantos y tan diversos que las posibilidades de variación son infinitas -¿recuerdas las características de la actividad física de nuestros ancestros?

Además, la posibilidad de modificar tanto la complejidad del ejercicio te lo pone todo de cara para no caer nunca el aburrimiento o la distracción que te hagan salir del flujo, a la vez que no pones en riesgo tu salud física, algo que sí ocurre cuando te centras más en la intensidad.

Intensidad

Cabe recalcar que no trato aquí la intensidad con el significado técnico que tiene en el mundo del deporte, algo mesurable, sino como lo que comprende en general al esfuerzo meramente físico que requiere el ejercicio desde un punto de vista global.

Cuando queremos incrementar la intensidad física del ejercicio porque ya nos hemos adaptado al esfuerzo y no alcanzamos el flujo, tenemos pocos factores con los que jugar.

Por ejemplo, si te gusta correr sólo puedes jugar con la velocidad, el tiempo o la distancia. O corres más rápido, o corres más tiempo, o corres más kilómetros. No quiero alargarme porque es algo que ya he tratado otras muchas veces, pero este planteamiento, tarde o temprano, tiene una caducidad. La intensidad tiene un tope, un límite físico que ya sabemos donde acaba, en la lesión y la enfermedad. Muchos se centran solamente en incrementar la intensidad del ejercicio, debido en gran parte a nuestra cultura del sacrificio -contraria a la de la fluidez que comentaba en la primera parte de esta serie- y, sobre todo, a la búsqueda de esos límites, alentados por la publicidad de eslóganes del tipo ¿Where is the limit?No pain, no gain. Es curioso, también, como éste suele ser el caso de los practicantes de Cardio Crónico en cualquiera de sus modalidades: carrera, bicicleta, natación,…

No es que no puedas correr, ir en bici o nadar, pero no centrándote únicamente en la intensidad, sino también en la complejidad. Siempre lo tendrás más fácil para fluir si corres por la montaña intercalando caminatas o trepando algún árbol o roca, si vas en bici por terrenos irregulares o si nadas mientras juegas un partidillo de waterpolo.

Conclusiones

En realidad es difícil concluir, ya que los tres artículos que forman esta serie son en sí mismos una conclusión.

No puedo hacer más que invitarte a fluir, a buscar algo que te haga disfrutar, que represente un esfuerzo ni demasiado liviano ni demasiado duro, un reto ni muy fácil ni muy complicado, algo que te haga perder la noción del tiempo y que implique alcanzar tal nivel de atención que cuerpo y mente se sincronicen en el momento presente.

Una vez tengas eso, no lo pierdas y empieza a jugar con su complejidad e intensidad, siempre escuchando más a tus sensaciones e instintos que al ruido mediático y social que viene de fuera y de tus creencias culturales anteriores.

Así alcanzarás el flujo, el wei wu wei, el hacer sin hacer y, en el ejercicio, el moverte sin moverte.

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