4 consejos para adelgazar que no tienen nada que ver con tu dieta

De vez en cuando me llega algún email o alguien me pregunta cómo es posible que aún cuidando su dieta -aquí también tendríamos que precisar qué quiere decir “cuidar una dieta”- no consigan perder ni un gramo de peso. La verdad es que considero bastante difícil no perder peso cuidando la dieta como yo considero que se debe cuidar -eliminando procesados, low carb estacional, ayuno intermitente, etc.- y aunque desde mi punto de vista la alimentación es la base en lo que se refiere al control del peso corporal, no deberíamos olvidar el papel que juegan las hormonas en este tema.

Es por ello que una serie de hábitos incoherentes con nuestra naturaleza pueden desequilibrar tus sistemas hormonales y hacer que no adelgaces ni un gramo a pesar de “cuidar” tu dieta, o incluso hacerte engordar.

Para ser positivos, en vez de decir lo que no debes hacer vamos a repasar lo que sí puedes hacer para bajar algo de peso o, como mínimo, para facilitarle el trabajo a tu metabolismo si estás haciendo dieta con la intención de perder unos kilos. Ahí van:

1. Duerme más y pasa tiempo a oscuras

La luz intensa, ya sea natural o artificial, pone por las nubes la hormona del estrés, el cortisol, algo necesario para tu actividad diurna, mientras inhibe la secreción de las reparadoras hormonas del sueño, como la melatonina. Esta reacción en cadena que repercute directamente en tus horas y calidad de sueño facilita que tu apetito aumente y metabolices la energía de una forma ineficaz, predisponiéndote a engordar. Intenta sincronizar tus horarios con el ritmo circadiano -las horas de luz solar- y una vez el Sol se ponga rodéate de luz ténue y anaranjada, deja de cenar como si el mundo fuera a acabarse hoy mismo y apaga la televisión y el ordenador un par de horas antes de irte a dormir; pronto te entrará el sueño, te dormirás como un angelito y adelgazarás.

2. Tómate la vida con calma

Si dormir poco y fuera de las horas naturales de sueño ponía por las nubes tu cortisol, el estrés crónico lo eleva a niveles hiperespaciales. Cuando pasas más de cinco minutos en modo “lucha o huída”, tu sistema nervioso lanza una bola de nieve que se va a hacer enorme si no la paras a tiempo: tu organismo va a pedir glucosa, tu hígado y tus músculos se la darán, nadie la gastará -no hay congruencia entre ese “estrés mental” y la actividad física que naturalmente le correspondería a una situación estresante-, comerás más -especialmente hidratos de carbono- y te convertirás en un almacén andante de azúcar e insulina, los ingredientes perfectos para afianzar tu sobrepeso.

Frena un poco -te recomiendo encarecidamente el libro Elogio de la lentitud de Carl Honore-, aprende a relativizar -“si tiene solución por qué preocuparse y si no tiene solución por qué preocuparse”-, gestiona tus emociones y practica actividades y ejercicios relajantes -por ejemplo estos tres ejercicios especialmente efectivos para tu salud mental y emocional. Tu cortisol se mantendrá a raya y habrás dado un paso de gigante para adelgazar -y para vivir una vida plena emocionalmente.

3. Evita la contaminación

Al parecer hay una gran cantidad de agentes tóxicos en nuestro entorno -ropa, comida, aire, plásticos- que desestabilizan nuestro metabolismo favoreciendo el sobrepeso y la obesidad. Probablemente es la batalla más dura a la que te puedes enfrentar; el plástico y el petróleo están por todas partes, incluso en los productos de higiene y los utensilios de cocina, por ejemplo.

Lo más inteligente parece ser optar por invertir tu dinero en productos libres de estos contaminantes -digo invertir porque suelen ser más caros, aunque también más perdurables; además piensa que lo que te gastes de más en estos productos quizás te lo ahorres en medicamentos. Por otro lado, puede que valga la pena ser aparente y culturalmente más cochino -que no quiere decir que realmente lo seas; hay muchas creencias culturales respecto al ser más limpio o sucio- y no usar gel y champú cada vez que te duchas, fabricar tu propia pasta de dientes o directamente no darle tanta importancia a la higiene.

4. Muévete menos pero más intenso

Saludemos por última vez a nuestro querido cortisol para despedirnos de él de una vez por todas. El ejercicio excesivo y/o de larga duración puede ayudarte a bajar algo de peso a corto plazo, pero una vez el cuerpo se adapte va a provocar en ti un efecto totalmente opuesto muy relacionado con otro nuevo exceso de secreción de la hormona del estrés -aparte de hacerte enfermar en otros sentidos. Si lo que quieres es adelgazar lo tendrás mucho más fácil si practicas HIIT, sesiones de entrenamiento de alta intensidad de forma interválica, especialmente breves y unas pocas veces por semana.

La mentirijilla de “no tiene nada que ver”

No sé si te habrás dado cuenta… Dado el holismo que rige nuestro organismo, nuestras vidas, en las que dividirnos por partes a veces roza lo absurdo y donde todo afecta a todo -nuestros sistemas son interdependientes-, nuestra conducta a cada uno de los niveles que acabamos de ver SÍ afecta a nuestra alimentación -sensación de saciedad, predilección por ciertos alimentos, etc. Es decir, dormir poco, vivir estresados, contaminarnos y movernos en exceso o durante mucho tiempo SÍ tiene que ver con nuestra alimentación y nos predispone a comer más y peor, aparte de destrozar nuestros sistemas de mando, el endocrino, el nervioso y el inmunitario.

La dieta es muy importante, pero no es suficiente. Si en todos estos aspectos eres coherente con tu naturaleza adelgazar dejará de ser un objetivo, un resultado que buscar; será una simple consecuencia.


 

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