¿Corres libre como un niño o programado como una máquina?

Hace unos días, después de publicar Si puedes hablar mientras corres, no corres de verdad y Más motivos para replantearse el running de resistencia. ¡Deja de correr crónicamente!, se abrió un bonito debate en Facebook que dio pie a que una pregunta lleve días revoloteando por mi cabeza: ¿corres libre como un niño o programado como una máquina?

Para comprender lo que voy a decir un poco más adelante, mejor empecemos por repasar el debate -he omitido onomatopeyas, emoticonos, etc., así como algunos comentarios referentes al tono respetuoso del debate, algo que siempre se ha mantenido en mi página de Facebook por todo aquel que ha participado, lo cual agradezco enormemente:

P.F.: – Está claro que muchos de los que opinan no son corredores ni entienden lo que se siente al hacerlo… ¿Ego? Yo diría superación, constancia, sacrificio y disciplina, esas cositas que nos hacen ser más que una simple ameba.

X.S.: – No soy corredor (crónico) y estoy de acuerdo con P.F.; no entiendo lo que se siente al hacerlo. Yo corro para ir lo más rápido posible de un lado a otro sorteando obstáculos -o no-, persiguiendo o siendo perseguido,… como lo haría un niño. Un niño de esos a los que la cultura todavía no les ha presentado la superación, la constancia, el sacrificio ni la disciplina. A esos niños los veo correr sin preocuparse de ritmos, tiempos, distancias, zapatillas, pulsómetros,… Lo único que hacen es jugar corriendo. Me parece que generalmente se dievierten. Y no son amebas.

A.I.:- Los valores no son negativos. La superación nos ayuda a ser mejores y crecer como personas, la constancia… sin ella nos rendiríamos a la primera oportunidad, el sacrificio nos enseña a valorar las cosas y la disciplina a veces es necesaria para lograr lo que queremos (…)

D.L.:- (…) ¿Superación, constancia y sacrificio tienen un sentido a nivel evolutivo o son parámetros simplemente aceptados positivamente en nuestra sociedad moderna? ¿Es deseable un entorno donde se premie la superación del individuo sobre la colaboración y complementariedad del grupo, el sacrificio sobre la espontaneidad y la constancia sobre el libre albedrío? (…)

Yo:- En la vida, la naturaleza, el universo o llámalo como quieras no existen los valores, sólo las leyes o patrones. Los valores son un invento humano, un artificio que sólo sirve para medir y justificar sus acciones. Os recomiendo leer “Walden” de H.D. Thoreau y el “Tao Te Ching” de Lao Tzu.

¿Cómo corremos?

¿Corremos como niños? Un niño todavía no ha aprendido las normas y creencias de su cultura, por lo que todo su movimiento es más bien instintivo. ¿Cómo corre un niño? De aquí para allá, a toda prisa, sin objetivo alguno más que el escapar de otro crío que le persigue o tomar carrerilla para subir la rampa de un tobogán en dirección contraria -como no se “debe” hacer. Únicamente quiere moverse; no quiere nada más. Siente la necesidad de movimiento y la expresa de forma imprevisible, aleatoria, incontrolada. ¿Hasta cuándo? Hasta el momento en que se cansa, cambia de juego o pierde el interés. Así de simple.

¿O corremos como máquinas? Lo que llamamos adulto ya tiene grabadas a fuego unas reglas. Ya no corre instintivamente, sino que alguien le ha “enseñado” a correr -¿cómo es posible que necesitemos aprender algo que ya reside en nuestra naturaleza? Esa forma de correr puede variar según un objetivo que no está ni aquí ni ahora, sino en el futuro, un momento del tiempo que no existe. ¿Para qué corremos? ¿Para adelgazar? ¿Para quemar las calorías de más del fin de semana? ¿Para mejorar nuestras marcas? ¿Para competir? ¿Para ser más resistentes o veloces? ¿Para superarnos a nosotros mismos? Toda motivación surge de una serie de creencias y objetivos que nos han inculcado como si de un programa informático se tratara que nosotros repetimos constantemente en forma de bucle.

Ese programa tiene un nombre: insatisfacción. Entre todos hemos creado una cultura donde la insatisfacción es permamente. Nunca estamos satisfechos con lo que somos o tenemos y siempre queremos cambiarlo. Y esto no es una excepción a la hora de motivarnos para correr, como si correr más distancia o correr más rápido fuera mejor para nosotros -¿por qué?. He aquí la justificación del crecimiento o la superación personal.

Más preguntas vienen a mi cabeza…

¿Por qué debo superarme a mí mismo? ¿Por qué competir contra mí mismo? Cuando logre mi objetivo de superación, ¿qué quedará? La alegría de haberlo conseguido, el subidón egocéntrico. ¿Y luego? ¿Otra vez luchar y sacrificarme por rebajar mis marcas? ¿Volver a retarme y superarme? ¿Y así hasta el infinito? ¿Para qué? ¿Para ser “mejor”? Y hablando del placer que evoca la autosuperación… ¿Es intuitivo o racional? ¿No será que también se sustenta en la creencia de que si logro superarme soy “mejor”? Una bonita manera de no poder encontrar jamás la salida de este laberinto.

Tal vez valdría la pena parar un momento, desaprender esas creencias y comprender que no necesito luchar, sacrificarme, superarme a mí mismo. Quizás bastaría con comprender que el único momento que existe es el presente y que no puedo ser mejor que lo que soy ahora porque no puede ser de otra manera que ahora. Probablemente valdría intentar, por una vez, hacer las paces conmigo mismo y sentirme plenamente satisfecho con lo que soy hoy. Porque en realidad no soy rápido, fuerte, resistente,.. Simplemente soy.

El resto de valores, adjetivos, juicios, etc. lo único que hacen es etiquetarme para clasificarme y poder compararme.

Obviamente, si me catalogo, clasifico y comparo siempre encontraré a alguien por debajo, incluso mi “yo anterior”, y así se me hinchará el ego por haber superado a mi rival, incluso aunque éste sea yo mismo -¡¿cómo podemos llegar a considerarnos a nosotros mismos alguien a quien superar?!

Paralelamente, si me catalogo, clasifico y comparo siempre encontraré a alguien por encima, incluso mi “yo futuro ilusorio”, y así me empaparé de insatisfacción para volver a retarme, luchar, sacrificarme, superarme,… una historia que no tiene final.

La suerte está echada

Puedes elegir comportarte como una máquina para seguir repitiendo un programa inhumano una y otra vez hasta que te satures, falle el sistema y recibas el mensaje de “¡Error!” a través de lesiones, enfermedades, frustración o depresión -¿crees que siempre vas a lograr correr más distancia o más rápido que la vez anterior?

O puedes elegir tirar a la basura toda la porquería que te han metido en la cabeza al hacerte creer que la vida es una batalla, que hay que luchar cada día, que el sacrificio, el dolor o el forzar un proceso vale la pena, y que controlas la situación. A partir de ahí juega, fluye, disfruta del presente. Una vez más lo simple se torna complicado, ¿verdad?

El mejor ejercicio de superación personal es comprender que no hay nada que superar…

Angustiado, el discípulo fue a ver a su maestro:

- ¿Cómo puedo liberarme, maestro?

A lo que éste respondió:

- Amigo mío, ¿y quién te ata?

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