Cómo tomar café e infusiones en una dieta natural

(Advertencia 1: el contenido de este post no tiene nada de científico. Tampoco creo que sea necesario. ¿Por qué? Walden.)

(Advertencia 2: durante la primera parte del post voy a hablar sólo del café, pero lo que diga siempre sirve y puedes sustituirlo en cualquier momento por té, poleo menta, tila, manzanilla, etc.)

Es muy significativo la de vueltas que le damos a algunos asuntos para decidir qué hacer, cómo comportarnos y, hablando de alimentación natural evolutiva o Paleodieta, qué comer o beber. Con lo sencillo que es todo cuando aplicas la coherencia natural…

El café no es una excepción y tampoco es extraño encontrarme con gente que me pregunta acerca de lo adecuado o saludable de su consumo. ¿La cafeína es buena o mala? ¿Cuánta podemos tomar? ¿Por la mañana o por la noche? ¿Para engordar o para adelgazar? ¿Previene o favorece la aparición de algunas enfermedades?

Sinceramente, no tengo mucha idea… Ni me importa.

No pretendo que esto suene a menosprecio por la ciencia, la investigación, los expertos que estudian estos temas y las personas que se interesan por ellos. La ciencia es una gran herramienta que puede ser y es muy útil, aunque a veces tan compleja de interpretar que las conclusiones que se pueden extraer acaban siendo algo difusas -es curioso como la mayoría de estudios acaban con la misma frase: “seguiremos pendientes de futuros estudios para determinar resultados más concluyentes”. Como he dicho más de una vez, estoy completamente convencido de que la vida no puede ser tan cruel como para necesitar de 20.000 estudios realizados por un mínimo de 30 años para saber qué debemos hacer.

A riesgo de equivocarme –exactamente el mismo riesgo que correría si sólo tuviera en cuenta la ciencia, que al depender del propio ser humano también se equivoca– prefiero optar por una observación más simple –que no simplista– y una interpretación más espontánea del entorno. Como decía Jean Jacques Rousseau “hay un libro abierto siempre para todos los ojos: la naturaleza”.

A partir de ahí sólo hace falta tomarse las cosas un poco menos en serio, jugar, imaginar y hacernos algunas preguntas –si quieres saber a qué me refiero te recomiendo leer Tómate la alimentación como un juego.

La primera. ¿Está siempre disponible? Porque como el café es tan bueno y tiene tantos antioxidantes parece ser que debamos tomarlo a diario pero… ¿podríamos encontrar todo ese café en plena naturaleza cada día del año? Y no sólo lo pregunto por su disponibilidad según la estación del año, sino también por la fortuna o posibilidad de encontrarlo. Hoy día podemos encontrar grandes extensiones de monocultivo de café pero ¿ocurriría lo mismo en un entorno natural, no manipulado? Creo que no; ni podríamos disponer de café todo el año ni podríamos disponer de café cada día en su temporada natural.

La segunda. ¿Qué sentido tiene tomar café en una estación del año que no te ofrecería café naturalmente? Porque más allá de nuestros sistemas de conservación, sigo teniendo mis dudas acerca de por qué y para qué existen las estaciones y por qué y para qué en unas podemos encontrar ciertos alimentos y en otras no. ¿No será que la naturaleza nos ofrece para cada época del año justo lo que necesitamos en cantidad y calidad? Lo sé, muy romántico. O incluso místico. Ya sabes… Walden.

Y la tercera. ¿Realmente el café provoca los mismos efectos –beneficiosos o no– si se toma a diario que si se consume con una frecuencia absolutamente aleatoria? Porque observando algunos patrones aleatorios, descontrolados e inciertos de la naturaleza lo que yo veo –o creo ver– es que la mayor parte de beneficios y estímulos que recibimos tienen una misma constante: la variabilidad y el cambio. Días de festín y saciedad y días de ayuno y hambre, calma total y estrés físico máximo, día y noche, sed y agua, frío y calor, fruta primaveral y grasa otoñal, alegría veraniega y recogimiento invernal, etc. Para un alimento como el café creo que gran parte de su poder puede proceder significativamente de lo incierto y aleatorio de su consumo.

Entonces, ¿cuándo tomar café e infusiones?

Visto lo visto, a nivel práctico y personal, y teniendo en cuenta que ya no vivimos en la selva, he optado por lo siguiente:

1. Siempre que tengo sed bebo agua. Si no tengo sed, no bebo nada.

2. Es cierto… A veces, ya sea por nuestras costumbres sociales o por lo que queda de ellas –cada vez hago menos cosas por costumbre o herencia cultural–, parece que el agua sepa a poco y necesitamos añadirle algo de sabor, aparte de que no tenemos por qué dejar de reconocer que en un momento dado podemos aprovecharnos del conocimiento de las propiedades de lo que comemos/bebemos y los efectos que provoca en nuestro organismo. Así, si tengo sed y me apetece algo que no sea agua o pretendo aprovechar transitoriamente los efectos que provoca en mí ese alimento, opto por un café o una infusión.

¿Cómo decido qué tomar?

Lo decido teniendo en cuenta los dos principales factores naturales de la posibilidad –hoy en día imaginaria, artificial– de encontrar eso que voy a tomar en plena naturaleza:

1. La estación del año –creo que no hace falta insistir más en las razones.

2. El azar, ese “no sé qué” que seguro que tiene algún sentido aunque nosotros jamás –y afortunadamente– podremos conocer, pero que al mismo tiempo dispone la reglas del universo. En la naturaleza son el azar, el caos y la incertidumbre quienes determinan lo que va a ocurrir.

Reconozco también que lo de la estación es un poco difícil de conocer para muchas plantas, ya que la mayoría de las que consumimos no son autóctonas. Así que, teniendo en cuenta el consumo muy poco frecuente de bebidas que no sean agua, mi recomendación básica es:

  • Ante un interés o episodio momentáneo de “lo que sea”, tomar el café o la infusión según nuestros intereses, a sabiendas de los efectos que provocará en nuestro organismo de los que nosotros nos podemos aprovechar. Eso sí, insisto, siempre y cuando ese provecho sea transitorio. Es decir, sabiendo que la cafeína nos depierta y mejora nuestra memoria podemos tomar café durante la semana de exámenes o en un viaje largo en coche. Ahora bien, no tiene ningún sentido tomar café todos los días del año para ir más despierto al trabajo. En el caso de que uno vaya dormido al trabajo todos los días, más que recurrir al parche del café matutino lo más coherente es plantearse por qué no se descansa mejor y se necesita ese chute de cafeína para acabar de despertarse.
  • Dejarlo en manos del azar. En casa, asignando un número a cada bebida y lanzando unos dados. Fuera, por pura intuición. Además, ya sea en casa o fuera, sigo la norma de no poder tomar lo mismo en dos ocasiones consecutivas.

Otro aspecto muy interesante a tener en cuenta es la imperiosa necesidad de añadir edulcorantes al café y las infusiones. Otra pregunta: ¿a ti qué te gusta? ¿El café? Eso que tiene un sabor bastante amargo. ¿O el café con azúcar? ¿O el café dulce? Cuando alguien me responde lo segundo, yo vuelvo a preguntar: entonces, ¿por qué tomas algo que no te gusta tal y como es? ¿Por qué disfrazarlo con otros sabores? ¿Por que no respetas su sabor natural? Sea como sea, éste es un tema que dejaré para otro día.


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