Los cinco pasos del método minimalista

(Como cada lunes, me gustaría aportar mi granito de arena para que el primer día de la semana sea un gran día para ti. Por eso comparto este capítulo revisado y actualizado de “Una vida sencilla”. ¡Feliz lunes!)

Como vimos hace unos días, teniendo en cuenta el estilo de vida excesivamente materialista en que hemos sido educados y que nos rodea, el minimalismo puede convertirse en una gran herramienta para disminuir el estrés y disfrutar de cierta coherencia espiritual.

De hecho, el minimalismo promovido por Leo Babauta o Everett Bogue se centra en la gestión coherente y responsable de nuestro mundo material, es decir, de nuestras pertenencias y posesiones, como contrapartida al consumismo desmesurado y a la tendencia social de intentar nutrir nuestras vidas a base de objetos innecesarios con tal de compensar el vacío existencial que sentimos. En la mayoría de casos, como decía un par de semanas atrás, menos es mejor.

Ahora bien, todo eso es teoría. ¿Cómo ponerlo en práctica? ¿Cómo implementar el minimalismo? De nada sirve conocer y reflexionar sobre todo lo que comentaba más arriba si uno no pasa a la acción, si uno no empieza a moverse, a tomar decisiones, a minimizar. Determinar un método perfecto puede resultar algo complicado, pero la mayoría de veces que uno se plantea aplicar el minimalismo debe ejecutar estos cinco pasos:

1. Vaciar

Una vez sabemos donde queremos aplicar el minimalismo, lo primero que tenemos que hacer es vaciar. Un trabajo realmente sencillo, seguramente el que nos llevará menos tiempo. Una observación: vaciar significa nada más y nada menos que vaciar. Si queremos minimalizar un armario, lo vacíamos por completo, sacamos absolutamente todo fuera del armario. No tiene que quedar nada. En el caso de que sea una estancia completa ocurre exactamente lo mismo –excepto por los muebles, claro.

A pesar de lo simple de esta acción, realizar un vacío total ayuda mucho a sacar las primeras conclusiones. Conforme vas vaciando armarios, cajones y cajas te vas dando cuenta de la cantidad de cosas que guardas y que hace tanto tiemo que no usas, así como del espacio que están ocupando.

Además, una vez alcanzado el vacío, percibimos una nueva imagen del espacio, ya sea un cajón o una habitación. Sólo con un simple paso somos más conscientes del enorme espacio real que tenemos. Nuestro dormitorio de 12 metros cuadrados es ahora amplísimo. Podemos empezar a imaginar cómo nos gustaría que fuera al terminar con la limpieza, y se apodera de nosotros una sensación que hacía muchísimo no sentíamos: ligereza.

2. Filtrar

Después de dar el paso más simple, toca dar el paso más complejo: aplicar un filtro.

Se podría debatir largo y tendido sobre las condiciones que tiene que cumplir un objeto para considerar buscarle un lugar o, por lo contrario, deshacernos de él, sobre todo por la subjetividad de la condición. Intentaremos ser objetivos, así todavía será más fácil. Filtremos:

  • Coger el objeto (uno por uno).
  • Reconocerlo, observarlo, estudiarlo, mirarlo y, si es posible, sin mucho cariño, ya que el recuerdo de lo que fue es una emoción pasada, no presente, por lo tanto irreal. Además, seguro que ya sabemos lo infructuoso y peligroso que es mantener una relación personal por pena o lástima. ¿Por qué hacerlo con un objeto? Así que cuidado con el apego material.
  • Filtrar mediante una pregunta: ¿Te necesito y/o te uso?
  • Contestar, teniendo en cuenta que sólo hay dos posibilidades: sí y no. En este paso dos premisas son básicas: coherencia y sinceridad. No vale la pena mentirse, caer en el autoengaño.
  • Clasificar según la respuesta en dos montones. De momento ningún objeto ha vuelto a entrar en la habitación; sigue vacía.

3. Eliminar

Todo aquel objeto que haya recibido un NO… NO volverá a la habitación y abandonará la casa –como en Gran Hermano– lo antes posible. Cuanto más tiempo pase en casa, aunque sea en una bolsa, más tiempo habrá pasado desde el instante preciso en que decidimos deshacernos de él y más difícil será lograrlo. Además, ¿para qué quitarlo de un espacio si lo vamos a almacenar en otro? Pronto, fuera.

Algo importante en el momento de eliminar es no confundirlo con tirar, siendo ésta la última opción, ya que antes podemos contemplar otras opciones:

  • Venderlo: la más egoísta de todas, aunque muchas veces comprensible. Somos tan… –mejor no lo digo– que en muchas ocasiones nos hemos gastado un dineral en artilugios que después ni necesitamos ni usamos. Uno de los motivos por los que permanecen ahí eternamente es por el miedo a reconocer el derroche que un día hicimos en vano. Recuperar parte de lo que invertimos -aunque sea poco-, nos puede servir de consuelo o de conversión en ahorro para un día poder invertir mejor.
  • Regalarlo: a alguien que conocemos y que sabemos que lo necesita o lo puede usar. Es todo un detalle para un hermano, un amigo, etc.
  • Donarlo: todavía más detalle, porque esta vez también regalamos pero seguramente a alguien que no conocemos, y tal vez mucho más necesitado que nosotros. Aquí insisto especialmente en un tipo de pertenencia: la ropa. ¿De veras necesito cuatro chaquetas distintas?. Creo que con una basta. Las otras tres pueden solucionarle el invierno a otras tres personas. ¿Qué hago con cuatro abrigos en el armario? ¿Combinar? ¡Buah!
  • Reciclarlo: entendiendo por reciclar tanto al darle otro uso en nuestra propia casa como en dejarlo en el punto de reciclaje de nuestro barrio, abriendo las puertas a la posibilidad de que aquel material tome otra forma para otro uso.
  • Tirarlo: de nuevo, todo al punto verde. Quizás aquel material no pueda reutilizarse, pero su viaje de retorno a la naturaleza tiene que implicar el mínimo impacto ambiental posible. Debemos empezar a comprender que la naturaleza nos presta la materia, así que nosotros la devolvemos de la mejor manera posible.

4. Limpiar

La habitación sigue vacía.

Ya sabemos cuáles y cuántos son los objetos que volverán a entrar, con lo que también podemos hacernos a la idea de los muebles y almacenaje que vamos a necesitar. Si intuyes que te sobra un armario, un baúl, una caja, una cómoda… antes de empezar a limpiar, sácalo de la habitación y aplica el mismo filtro que con tus pertenencias. Probablemente te sorprenderás e incluso tenías muebles de más. Aplícale el paso 3.

Por lo de limpiar… no creo que sea necesario explicar cómo.

5. Ordenar

En cuanto al orden, tampoco hay mucho que decir, ya que es un tema que daría para otro post… o unos cuantos. Dejémoslo en asignar un lugar a cada objeto, algo así como su sitio, teniendo en cuenta, más que nada, su frecuencia de uso. Una vez decidido el sitio para cada pertenencia, sólo un consejo: respetarlo siempre. Así siempre que quieras encontrarlo ya no perderás el tiempo en buscarlo.

voilà, ya tenemos el minimalismo aplicado a nuestra cajonera, habitación, mesita de noche o casa entera. No es tan difícil, ¿verdad?

 


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