Tómate la alimentación como un juego

“No se tome la vida demasiado en serio; nunca saldrá usted vivo de ella” – Elbert Hubbard

¿Cómo? ¿La alimentación como un juego? ¿Pero no era tan importante? Sí, y lo sigue siendo. Es curioso como hemos –o han– llegado a convencernos de que en cuanto nos tomamos algo como un juego parece que le estamos restando importancia. Para mí no tiene nada que ver una cosa con la otra. Al contrario, desprenderse de cierto afán de control es una de las mejores formas de comprender y aceptar la incertidumbre de la vida y desarrollar cierta capacidad de adaptación a una constante universal, el caos.

Ya sabemos de sobras cuáles son las bases de una alimentación natural: consumir comida real, reducir en la medida de lo posible alimentos modernos, eliminar alimentos productos procesados, etc. Que te tomes la alimentación como un juego no quiere decir que dejes de ser fiel a estos fundamentos; todo juego tiene sus normas.

Pero al mismo tiempo ya hemos comprendido que tal vez lo más importante, como ya sugerían los naturalistas de finales del siglo XIX, es que tratemos de imaginar e imitar lo que ocurriría en un entorno más natural, en un contexto menos previsible. De hecho, ya vimos hace unas semanas que no tenía ningún sentido seguir cada día la misma rutina exacta, el mismo patrón, los mismos horarios, los mismos hábitos o las mismas pautas, ya que cada día es distinto al anterior, especialmente debido a la influencia del ciclo circadiano y al incesante cambio de nuestro entorno.

Y por si esto no fuera poco, debemos ser conscientes de que somos una minoría, que nuestro mundo se ha corrompido y viciado a la comida basura, por lo que aún cobra más importancia nuestra capacidad de relativizar. Indignarse cada vez que vemos ciertas campañas publicitarias o la cesta de la compra de nuestros amigos, o irritarnos siempre que alguien pone en duda nuestras “elecciones naturales” puede convertirse en un sinvivir. Como siempre digo, mejor no juzgar, ser consciente cada cual de “sus cosas”, fluir y tirar pa’lante.

Cómo tomarse la alimentación como un juego

Fácil. Cambiando patrones a diario –o casi.

No todos los días necesitamos “comer de todo”, ni todas las comidas tienen por qué ser súper variadas ni contener todos los macronutrientes, vitaminas y minerales. Por qué no, puede que un día sólo comamos fruta, así como al día siguiente disfrutemos de un festín cárnico. Tal vez al tercer día sí que “comamos de todo”, repartido durante una jornada completa o incluso en una misma comida. Quién sabe…

O quizás haya un día que ni tan solo comamos, o pasemos muchísimas horas sin comer. El ayuno intermitente no tiene por qué seguir un mismo patrón –el preferido suele ser el 16/8– sino que a veces podemos estar más horas sin comer, o menos, o incluso un día entero.

Otra de nuestras costumbres es tomar una comida alta en grasas y proteínas después de un ayuno y un esfuerzo físico intenso, imitando el resultado natural de una cacería –aunque nosotros después le demos mil vueltas a la hipertrofia muscular, blablabla. Pero ¿podría ser que saliéramos a cazar, realizáramos un esfuerzo extenuante y finalmente volviéramos con las manos vacías? ¡Claro que sí! Es una posibilidad. ¿Por qué no tenerla en cuenta de vez en cuando? Ese día, aunque lo que más nos apetecía era un buen chuletón, tal vez la única recompensa que encontrásemos por el camino fuera un par de albaricoques. Luego, a la tarde, ¡otra vez de caza! A ver si hay suerte…

Además, en nuestras aventuras y exploraciones a veces acabaremos coincidiendo con otras tribus –casa de los papas, terracita con colegas. Como muestra de su hospitalidad nos invitarán a probar sus platos –bocadillo de jamón de york con queso fundido, ensalada de pasta con maíz dulce y barritas de surimi, arroz con leche, etc. Cada cual es libre de hacer lo que quiera y sabe cómo le sienta comer ciertas cosas, pero ¿de verdad crees que va a ser tan malo que un solo día comas algo fuera de lo habitual? De hecho, estas experiencias pueden servirle como estímulo extra a tu sistema inmunitario. Eso sí, si el plato al que te invitan contiene muchas harinas o azúcares refinados, ten cuidado. Puede que estén intentando cebarte para después meterte a ti en la olla.

Como ves, las posibilidades son infinitas. Simplemente se trata de jugar, crear, imaginar, experimentar, relativizar, abandonarse a cierto descontrol y tomarse la vida un poco menos en serio, sin dejar de tomártela en serio –¿cómo? ¿qué? wei wu wei.

Una vez más reconozco que no hay nada de científico en mis consejos, resultado de mi propia experiencia –y cada vez la de más gente. Sea como sea, algo que cada día tengo más claro es que el encorsetamiento en normas y rutinas no tiene ninguna coherencia natural y sólo responde a un intento de alineación, de domesticación, quién sabe con qué intereses.

Una vida incierta, controladamente descontrolada –insisto, wei wu wei– y azarosa es mucho más divertida y estimulante, y consecuentemente saludable.

¡Salud!

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