Un reputado corredor, Anton Krupicka, afirma que correr es destructivo

 

Como es obvio, su afirmación –y la mía– tiene muchos matices. Insisto en que correr es el segundo movimiento natural más importante del Método Natural de Ejercicio Físico.

En realidad, esto no es ninguna noticia. Ya son varios los corredores profesionales que confiesan que practicar deporte de élite no es saludable, algo que cualquiera con dos dedos de frente puede intuir y algo que corroboran algunos estudios –como éste que comenté hace un tiempo en Más motivos para replantearse el running de resistencia. Incluso la madre de Kilian Jornet reconocía en una entrevista con Albert Om –en su programa “El convidat” para Televisió de Catalunya– que su hijo “no es un ejemplo a seguir”. Sólo hay que leer el manifiesto del skyrunner… Sin embargo, maratones, ironmans, ultramans y triatlones siguen en auge.

Parece que todo el mundo sabe y reconoce que forzar al cuerpo a alcanzar ciertos límites lo único que provoca es dolor, sufrimiento, lesiones y envejecimiento prematuro. En cambio, ¿por qué cada vez son más los que practican este tipo de actividad física?

No creo qua vaya a poder responder a esta pregunta en un único post. De hecho, creo que con la serie que dediqué a Qué es fluir y por qué es fundamental cuando haces ejercicio físico y con el libro ¿Hacer ejercicio? ¿Para qué? ¡Para nada! ya doy bastantes pistas acerca de por donde pueden ir los tiros.

La entrevista de Anton Krupicka para La Vanguardia simplemente me sirve como excusa para recordarte que, según las propias palabras del entrevistado:

¿Dieta a base de geles energéticos? Muy sano no debe ser…

En una carrera tu cuerpo necesita azúcar y los geles son cómodos, en un ultramaratón es cuanto necesitas. Y, bueno…, las carreras no son saludables.

Sí, correr más de 100 km seguidos no lo debe ser mucho.

Las carreras son destructivas. Te lesionas mucho, estás cansado todo el tiempo. Es demasiado, pero es mi pasión, es lo que me gusta y es como disfruto en la montaña. Si quieres correr de manera saludable hazlo 30 minutos al día en lugar de tres o cuatro horas.

¿Qué busca en estas carreras?La gente se pregunta si realmente lo pasa bien corriendo 150 km de un tirón

Es una mezcla de placer y dolor.

Quizás ahí está la clave, en confundir placer con dolor…

Ya vimos cuál es la función evolutiva del dolor en la serie Qué es el dolor y para qué sirve, y que precisamente placer y dolor son sensaciones antónimas que cumplen funciones opuestas. Antes de que fuéramos capaces de sentir emociones y pensar, el placer nos decía lo que era bueno para nosotros y el dolor lo que no; así de sencillo.

Hoy día las cosas se han complicado, se han torcido. Gracias a nuestra egocultura, al marketing, al culto por el sufrimiento, al contrasentido de la superación personal, a la manipulada interpretación de la caza por persistencia, al idolatrado espíritu autocrítico y al poder que ejerce la mente sobre el cuerpo, algunas mentes –cada vez más– han llegado a ser capaces de no sólo hacer oídos sordos a las sensaciones de dolor, sino a tergiversarlas y convertirlas en placer, algo que desde mi humilde opinión podría alcanzar niveles patológicos de masoquismo.

De hecho, observando los patrones y las progresiones de muchos aficionados al running y a las carreras, uno puede encontrar en sus conductas muchas señales de adicción.

Empiezas corriendo 10 km, hasta que ya no bastan. Pasas a correr 20, hasta que ya no bastan. Te apuntas a correr 40, hasta que ya no bastan. Y así sigues multiplicando distancias a base de añadir las etiquetas iron o ultra, o combinando la carrera con unos cientos de metros nadando y otros tantos kilómetros en bicicleta.

Como siempre, y quien me conoce o lleva tiempo leyéndome lo sabe, respeto a todo el mundo. Vive y deja vivir…

Pero desde mi posición, conocimiento y sobre todo experiencia con adictos al ejercicio físico, siempre que encuentro una noticia o entrevista de este tipo me siento obligado a lanzar un mensaje de precaución.

La adicción al ejercicio o el deporte no es muy diferente a la compulsión por la comida –como explico en Cómo dejar de comer compulsivamente. La búsqueda constante de la felicidad en la experimentación abusiva de placer –o lo que es peor, del corrompido dolor placentero– es una garantía para la autodestrucción. El placer de hoy disfrutado repetidamente dejará de ser un estímulo muy pronto, ya no será placentero mañana. Siempre necesitarás más.

Tal vez valga la pena cambiar un poco el chip.

Tal vez el reto ya no sea correr cada vez más tiempo, o más distancia, o más alto. Eso está dejando de tener mérito.

Tal vez el verdadero desafío para el ser humano sea todo lo contrario, es decir, dejarse de películas ególatras y desengancharse del apego al placer material.

Tal vez la prueba más dura a la que hoy día se pueda enfrentar un hombre sea permanecer sentado, sin hacer nada…

Tal vez, como afirmaba Blaise Pascal,

“Todas las desdichas del hombre derivan del hecho de que no es capaz de estar sentado tranquilamente, solo, en una habitación”

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