Crónica del 1er Finde Paleo en Mas Duran (y 2)

Aquí narraba lo que ocurrió durante el Primer Finde Paleo en Mas Duran. Dejaba pendiente intentar explicar lo que sentí y lo que me llevo a nivel personal.

Y son tantas cosas que no sé por dónde empezar. De veras, no estoy exagerando. Todo el fin de semana fue muy especial. Aunque lo mejor, lo que me llevé bien guardadito a casa y no olvidaré nunca es una sola cosa que reservo para el final.

Porque podría decir que durante el fin de semana aprendimos un montón los unos de los otros. Y así fue. Por más que yo formara parte de la organización, como dije en mi turno a la hora de presentarnos todos, no es que algunos sepan más que otros, sino que tal vez algunos hemos experimentado más que otros. Pero al fin y al cabo, experiencias y puntos de vista válidos tenemos todos, y lo único que pretendíamos cada uno de nosotros era eso, compartir. Pero eso no fue lo mejor.

También podría decir que durante el fin de semana nos movimos como nunca. Y así fue. Para la mayoría de nosotros –tal vez exceptuándome a mí y a unos pocos que ya habían tenido contacto con los movimientos naturales– la actividad física que practicamos durante la jornada del sábado era algo totalmente nuevo o, mejor dicho, algo que no practicábamos desde hacía mucho tiempo, desde niños. Fue todo un despertar, tanto a nivel físico como mental. En fin, nos movimos muchísimo y de mil formas distintas. Tampoco eso fue lo mejor.

Tal vez podría decir que nos lo pasamos bomba. Y así fue. Nada más llegar el viernes, desde un primer momento nos liberamos individualmente de la etiqueta de “bichos raros” para colgarnos otra, la de “grupo raro”. Algo es algo. A partir de ahí, entre algún que otro debate más o menos serio, la tónica general, la constante de nuestras caras fue sólo una: la risa. Desde los mitos acerca de lo malo que es para nuestras arterias comer tanta grasa o las jeringuillas que hay por todas partes y que te puedes clavar si corres descalzo, hasta los estilos más variados de hacer “el mono”, pasando por la juerga que liaron Javi y su guitarra y las anécdotas de Pau y la oxitocina enamoradiza, lo que más hicimos fue reír. De todos modos, no fue lo mejor.

Quizás podría decir que fluimos durante todo el fin de semana. Y así fue. No me cabe ninguna duda de que durante las casi 48horas que pasamos juntos no hubo ni un momento para problemas, preocupaciones, ansiedades, estrés, etc. Conseguimos vivir en un estado puramente presente, aquí y ahora. El estado de flujo se percibía en el ambiente. Y ya se sabe que fluir es la base de la psicología de la felicidad. Aún así, eso no fue lo mejor.

Lo mejor

Todo lo que acabo de comentar hizo que este fin de semana fuera uno de los mejores de toda mi vida, y estoy convencido de que también para muchos de los que vinieron. Sin embargo, como he dicho unas cuatro o cinco veces, eso no fue lo mejor.

Mi mujer me preguntaba con qué me quedaba de esta experiencia cuando llegamos a casa, y sin pensarlo demasiado –ésas son las respuestas buenas, las que salen impulsivamente, de dentro– le dije…

Lo mejor que me llevo de este fin de semana es sólo una cosa: el abrazo sincero de cada uno de los que compartimos el fin de semana a la hora de despedirnos. No un abrazo de esos que te tocas pero no te sientes, con dos o tres palmaditas en la espalda de acompañamiento. ¡Eso no es un abrazo! Fueron todos abrazos de verdad, sin timidez, sin distancias, sin apuros, sin miedos. Por eso creo que el Primer Finde Paleo en Mas Duran sirvió, más que nada, para que experimentáramos realmente lo que significa una palabra que hoy día anda algo olvidada: comunidad. Este fin de semana pasado se creó una verdadera comunidad, donde cada uno juega su papel y cada cual puede tener carácteres, opiniones y puntos de vista distintos frente a la vida, pero donde al mismo tiempo por encima del individuo está el grupo, la manada. La comunión y convivencia fueron perfectas y completas. Y estoy convencido de que esta comunidad cada vez se hará más grande.

Gratitud

Como no paramos de decírnoslo los unos a los otros vía emails y redes sociales estos últimos días, y para no hacerme más pesado, lo único que me queda es dar las gracias de forma definitiva…

A Mas Duran y toda la familia que le da vida, por regalarnos un trocito de su paraíso en medio de mi comarca preferida de Catalunya, l’Empordà.

A David Lampón, por atreverse a participar en el Curso de Iniciación, y por hacerlo tan sumamente bien.

A Pau Oller, por la masterclass que nos dio de salud evolutiva y, sobre todo, de humildad y moderación dogmática.

A todos los que hicieron el esfuerzo de desplazarse sólo el sábado para moverse durante ocho horas, con el palizón de coche de ida y vuelta incluido.

Y, como no, al resto de los que compartieron todo el fin de semana conmigo, por escuchar atentamente mis filosofadas y por el interés y entusiasmo mostrados especialmente hacia el Método Natural.

Ha sido un verdadero placer.

¡Gracias!


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