3 ejercicios para comer más despacio, saciarte más y hacer mejor la digestión

En realidad, el objetivo de estos tres ejercicios es simplemente comer más despacio. El resto, saciarte más y hacer mejor la digestión, son meras consecuencias. En seguida lo entenderás.

¿Comer más despacio sacia más? Claro que sí. Por un lado, le estás dando más tiempo a tu estómago y la parte del sistema nervioso que lo rodea para “darse cuenta” de que estás comiendo, secretar algunas hormonas que informan acerca de tu estado y que estas señales alcancen el hipotálamo, para que “sepa” precisamente eso, que estás comiendo. Y por otro lado, tu hipotálamo también tiene más tiempo para percibir otra serie de señales que llegan desde tu cara y su musculatura y que le informan, de nuevo, acerca de la actividad que está ocurriendo en tu boca –estás masticando. Todo ello estimula tu sensación de saciedad.

¿Y comer más despacio me ayuda a hacer mejor la digestión? Generalmente, si comes más despacio es casi seguro que masticas más los alimentos y los ensalivas mejor, algo así como empezar a digerir lo que comes en la misma boca y “precocinar” tu digestión estomacal, lo que facilitará tu digestión completa.

En resumen, comer más despacio te sacia más y te ayuda a digerir mejor tus comidas. Si te interesa profundizar sobre estos temas, puedes leer Emoción, impulso, comida.

Ahora al grano. ¿Quieres reducir tu velocidad a la hora de comer? Te propongo tres ejercicios:

1. Cuenta las veces que masticas. De veras, cuéntalas. Y no bajes de unas veinte o treinta masticaciones para cada bocado. Al principio es un ejercicio bastante duro, porque estás acostumbrado a comer a toda velocidad, aparte de que otras partes de tu cuerpo te están invitando a comer con ansia. Cálmate, respira y cuenta. Una, dos, tres, cuatro,… así, como mínimo hasta veinte. Y entonces tragas y a por el siguiente bocado.

2. Entre bocado y bocado, deja los cubiertos en el plato. No comas siempre con los cubiertos en la mano. Lo habitual es estar masticando un trozo de bistec y al mismo tiempo ya estar cortando el siguiente. Incluso a veces vuelves a llevarte otro trozo a la boca antes de haberte tragado el primero. Cambia este hábito.

Cortas un trozo, te lo metes en la boca y sueltas tenedor y cuchillo. Cuentas hasta veinte o más. Tragas. ¿Ya no queda nada en la boca? Coge los cubiertos y vuelve a empezar.

3. Respira entre bocado y bocado. Es decir, sumado a todo el proceso anterior, justo antes de volver a coger los cubiertos haz algunas respiraciones o, como mínimo, respira profundamente una vez. Esto no sólo sumará un factor más de ralentización a la comida, sino que te ayudará a mantener la atención en el propio acto de comer.

Como ves, las estrategias que puedes seguir para comer más lento y masticar más y mejor pueden ser muy diversas. Yo te he dado una base, pero tú puedes darle rienda suelta a tu imaginación. Puedes jugar a intercalar conscientemente el lado por el que masticas, por ejemplo, una vez a la izquierda, otra vez a la derecha.

Y claro, nada más leer estos ejercicios puedes haber pensado “uff, comer así se hace eterno”. Pero precisamente es eso lo que buscamos, comer más despacio para disfrutar más de la comida y ser consciente –darse cuenta– de que realmente estás comiendo. Lo importante es que mastiques lo suficiente para que se activen tus señales mecánicas y hormonales de saciedad y los alimentos lleguen “predigeridos” a tu estómago.

Por cierto, no sé si te habrás dado cuenta, pero estos ejercicios también te sirven para practicar mindfulness mientras comes.

¡Buen provecho!


 

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